**Duarte insiste en controlar al PRI *Domínguez, Quezada y González, autoritarios como dirigentes, ‘democráticos’ como disidentes *Tratan de embarrar a Reyes en el cochinero *”Sacudida” al PRI, pretexto para brincar a Morena *Duarte mueve sus tentáculos para desestabilizar a Chihuahua

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Doble juego en el PRI estatal. Dos planillas se registraron para contender por el Consejo Estatal del PRI: Por un lado, la oficialmente duartista, encabezada por el grupo que aún encabeza más o menos Guillermo Dowell; por el otro está la “planilla blanca” encabezada por Alejandro Domínguez, Miguel Ángel González y, créalo, Marco Adán Quezada.

Duarte gana o gana. Si hacemos poquita memoria, tantita nada más, recordaremos que Alejandro Domínguez fue un ‘delfín’ y ahijado de César Duarte, quien lo hizo diputado federal, presidente del PRI estatal, diputado local, y muchos puestos más que siempre ocupó con total sumisión y obediencia. Miguel Ángel González hizo lo mismito en su paso por el PRI y diferentes dependencias estatales.

Marco Quezada, ambición insaciable. Aunque muchos insisten en seguir ligando a estos políticos, aliados y amigos muy cercanos en otros tiempos, lo cierto es que ya tienen caminos y objetivos muy distintos. Bajo la amistad y alianza con Reyes, Quezada ocupó varios puestos como la dirigencia del PRI, secretarías de gobierno y finalmente la alcaldía de Chihuahua, así como una candidatura para su esposa, Lucía Chavira, pero como la amistad no le sirvió más para sus objetivos personales, se volteó y ahora se suma a este juego.

¿Por qué no transformaron al PRI cuando lo encabezaron? Los cabecillas de esta llamada “rebelión” fueron dirigentes priistas, y en su momento jamás se quejaron de la falta de democracia, apertura o consulta a las bases, sencillamente por que se beneficiaban de ello. Ahora vienen a rasgarse las vestiduras y a exigir democracia, algo que en varias décadas de militancia sólo les provocó burlas.

El PRI se sale de control. Tal parece que le quedó grande la yegua al delegado del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, Fernando Moreno Peña, quien trae un santo batidero con la elección, echa al modo de siempre de escoger a su antojo a gente que ni enterada estaba de su nominación, y esto ha sido tomado como pretexto por los dizque “rebeldes”, autonombrados paladines de la justicia partidista.

Medios duartistas apuntan las baterías contra Reyes, según puede leerse en la insistencia con la que tratan de vincular a la Planilla Blanca con el ex gobernador en varias columnas conocidas por su cercanía al duartismo. La realidad es que el ex gobernador se ha mantenido ajeno pues ambas planillas traen la marca del duartismo hasta la médula, fiel al estilo del ex gobernador prófugo de repartir sus canicas en diferentes bolsas para ganar, ganar o ganar. Parece que es notable aún la influencia del ballezano en Chihuahua.

Con la mira en Morena. Tal parece que los ‘rebeldes’ tienen el ojo puesto en “sacudir” al PRI estatal no para depositar en él sus repentinas convicciones democráticas, sino para justificar un rompimiento estridente y sobre todo su entrada al partido de AMLO, no como vulgares ex priistas que mamaron de la chichi hasta que se secó, sino como renovadores de profundas convicciones que abandonan el barco en un supremo y doloroso acto de congruencia… jajaja.

Hay Duarte para largo. Quien creyó que el duartismo se derrumbó el día de la elección, se equivoca rotundamente. Posee innumerables contactos y cómplices con muy buenos motivos para respaldarlo, así como recursos financieros y presencia política de largo aliento. Recordemos que hasta hace unos meses era él y sólo él quien controlaba (y se aprovechaba) de prácticamente todos los aspectos de la vida pública y hasta privada.

Desestabilización, el objetivo. Sería iluso creer que el gobernador está atejonado en su escondite en El Paso, rezando y esperando a que todo se resuelva como magia. Lo cierto es que trata de devolver el golpe por todos los medios posibles, principalmente el político y mediático, pero también en lo administrativo y, especulan algunos, hasta en lo criminal, pues apenas se fue y se desató una matadera que no ha parado, como ocurre en todos los estados donde hubo transición.

 

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