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¿Por qué la fantasía de los hombres jóvenes es ‘hacerlo’ con una mujer mayor?

Tantos hombres y mujeres guardan deseos que esperan algún día cumplir en la cama (o en cualquier otro lado) y, uno de los más populares de los chicos –sí, además de hacer un trío– es tener sexo con una mujer mayor.

La verdad es que ya no es un secreto, todos tenemos un amigo que se vuelve loco con las maestras, o con sus jefas de trabajo, o con las mamás de otros de sus amigos, sin embargo, la pregunta es, ¿por qué desean hacerlo con una mujer mayor? Bueno, a continuación resolvemos tu duda.

De acuerdo con un estudio, los hombres mantienen fantasías sexuales con las mujeres mayores de 40 años, esto debido a que son ellas las que han terminado su etapa de aprendizaje, son más libres e independientes; si tienen hijos, estos ya son mayores y se valen por sí mismos, es decir, ellas tienen más tiempo de disfrutar de su intimidad.

Los expertos encargados del estudio reunieron a 828 personas para preguntarles cuál era la mejor edad para disfrutar del sexo; los resultados mostraron que el 37 por ciento de las mujeres y el 34 por ciento de los hombres afirmaron que las mejores experiencias en la cama han sido con personas que pasan los 40.

¿Por qué los hombres fantasean con tener sexo con mujeres mayores?

1. Ya conocen su cuerpo

Ya no tienen miedo y pueden maniobrar sin vergüenza y con mucha seguridad. Tienen ubicadas sus zonas erógenas, así que pueden decir sin ningún problema cómo actuar y dónde les gustan que las toquen.

2. No tienen problemas con su figura

Los estándares de belleza se han terminado, se sienten bien con su cuerpo y éste es un punto que vuelve locos a los hombres. Ellas lo único que buscan es placer, no un cuerpo perfecto, eso ha quedado en el pasado.

3. Están seguras de lo que quieren y son más directas

No tienen dudas de lo que buscan en un hombre y no les cuesta trabajo expresarlo. Y si ellos les dicen lo que buscan, pueden asimilarlo con madurez y tomar una decisión sin rodeos.

Fuente: Cultura Colectiva

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¿Por qué el deseo sexual baja en cuarentena?

El aislamiento suena como el mejor momento para tener relaciones, pero algunos experimentan lo contrario. Consejos para evitar que el encierro arruine su intimidad.

A medida que el coronavirus se ha propagado en el mundo, la manera en que las personas tienen relaciones sexuales se ha transformado drásticamente. A juzgar por las publicaciones en redes sociales, muchos anhelan la intimidad, mientras que otros experimentan un bajo deseo sexual por el estrés y la ansiedad.

Según el psicólogo social Justin Lehmiller, quien investiga en el Instituto Kinsey de la Universidad de Indiana este tema, la pandemia afecta la vida sexual de maneras muy opuestas. “Cuando miras los datos, hay dos extremos. Más personas que dicen estar masturbándose y tener más relaciones sexuales; pero también un mayor porcentaje que afirma no tener ninguna intimidad en absoluto”.Sorprende en sus hallazgos que crece más el número de quienes tienen cada vez menos sexo en cuarentena.

Un comportamiento similar encontró la revista Vogue en un reciente sondeo a sus lectores. Al preguntarles cómo la crisis de la covid-19 afectaba sus relaciones íntimas, muchos respondieron que, a pesar de pasar más tiempo junto a sus parejas, eso no se traducía en actividad sexual. “Desde que entró en vigencia la orden de quedarse en casa en Nueva York, nuestro consumo de vino ha aumentado mucho, pero la frecuencia de las relaciones sexuales ha disminuido”, admitió a la publicación Nicholas, un publicista de 27 años.

De acuerdo con los expertos, esta caída obedece a varios factores. Para empezar, las autoridades sanitarias recomiendan que los individuos mantengan al menos 2 metros de distancia entre sí, lo que anula la posibilidad de tener citas casuales que lleven al sexo. Pero también deja en pausa la intimidad de millones de personas que no viven con su pareja.

Según la sexóloga Rosa Guevara, es normal que a la gente le cueste asimilar esta etapa, aunque tampoco vale la pena llorar sobre la leche derramada. Por ahora, dice, quienes están en la encrucijada de la soledad deben resignarse a que durante un periodo indeterminado habrá que canalizar la vida amorosa con la intimidad verbal y el sexo telefónico. “Estamos acostumbrados a la gratificación instantánea, y uno de los ejemplos más concretos es el aumento de la eyaculación precoz. Nos hemos vuelto autómatas y rara vez tenemos la ocasión de extrañar. Pero esta emergencia nos ofrece la oportunidad de apreciar más lo que realmente queremos”.

Los que viven en pareja enfrentan desafíos más complejos, pues, de acuerdo con la experta, el aislamiento les ha puesto nuevas cargas. Por un lado, “ahora se trabaja de día, de noche y de madrugada con la virtualidad, y eso hace más difícil intimar”. Además, algunos padres tienen que hacer malabares para tener sexo sin ser descubiertos, así como encontrar tiempo libre. A esto se suma la tensión por la crisis. Muchos pueden haber quedado sin trabajo, los aquejan preocupaciones como la salud de amigos y familiares o la capacidad de tener acceso a atención médica.

“Pensé que mi esposo y yo íbamos a tener mucho sexo con todo el tiempo que pasamos juntos, pero probablemente hemos tenido dos encuentros desde que todo esto comenzó”, dijo otra mujer de 33 años a Vogue. En este punto, la recomendación de Guevara es intentar atenuar las fuentes de ansiedad y estrés al reconocer que “la situación actual implica nuevos retos y se sale de las manos”, pues está comprobado que el apetito sexual puede verse afectado por factores psicosociales como estados de depresión, problemas de pareja o falta de motivación.

La rutina a la que confina la cuarentena también puede ser un matapasiones. Según Guevara, en la sexualidad importa bastante la novedad, y ahora no hay mucho que imaginar. “Tenemos a la persona todo el tiempo al lado o en el teléfono. Y la pijama, que podía ser ese objeto interesante, sexi, ahora se volvió el vestido del trabajo. Esto crea aburrimiento”, explica. La especialista asegura que es fundamental ser creativos y ponerle a cada conducta un poco más de erotismo y romanticismo. “No hay posibilidad de salir a cenar a un restaurante, pero sí de inventar juegos o hablar de temas nuevos para crear intimidad”, dice.

Para aquellos que vienen de una mala racha sexual en el matrimonio, la experta recomienda enfrentar esos problemas de una vez por todas e intentar avivar la llama. Puede empezar por tener acercamientos poco a poco, y luego elevar la temperatura en la cama con películas eróticas.

Una situación más delicada atraviesan aquellos cuya relación ya estaba resquebrajada. “En estos casos puede ocurrir la aversión sexual. Tengo pacientes que hoy viven una situación difícil porque están encerrados con alguien con quien no quieren estar. Esto se traduce en ira, sentimientos negativos. Y no hay nada que mate más la pasión que la violencia”, explica Guevara.

Otras parejas temen que uno de los dos salga al mercado, al banco y a otras diligencias y vuelva infectado. Para prevenir, prefieren todo de lejos. Esto se debe a que últimamente predomina la cultura de la pandemia, que ha llevado a una fobia extrema hacia los gérmenes y a una obsesión con la limpieza. Así mismo, ha generado la sensación de no tener deseos de abrazar o estar tan cerca de la gente, incluidos los seres queridos.

Todo esto crea una tensión que muchos no logran controlar e impacta directamente en la libido. El estrés disminuye el deseo sexual porque el cuerpo libera cortisol, una hormona que suprime otras hormonas sexuales. Además, en momentos de mucho estrés, las personas tienen una respuesta de lucha o huida, y tienden a pensar exclusivamente en la supervivencia.

Con la actual crisis, la presión del trabajo o el miedo a perder a un ser querido pueden llevar al sexo a un segundo plano. La tensión también produce insuficiencia de erección, ausencia de secreción vaginal e, incluso, eyaculación precoz. Esto ocurre porque, desde el punto de vista fisiológico, bajan los niveles de andrógenos y estrógenos.

La situación es paradójica porque el sexo no solo es placentero. Sus beneficios van desde reducir drásticamente los niveles de estrés hasta disminuir el riesgo de cáncer y los ataques cardíacos. Igualmente, facilita la vinculación, los sentimientos de intimidad y reduce la ansiedad, algo que todos necesitan durante la cuarentena. Más sexo equivale a menos días de enfermedad.

Ponerlo en práctica aumenta la capacidad del organismo para producir anticuerpos protectores contra bacterias, virus y otros gérmenes que causan enfermedades comunes. Por supuesto, existen maneras más eficaces de cultivar un sistema inmunitario robusto: comer bien, hacer ejercicio y dormir lo suficiente. Pero una buena dosis de sexo podría ayudar en la tarea.

Para la sexóloga, no existe una forma correcta de manejar la intimidad en un momento sin precedentes como este. No obstante, las personas deben tener en cuenta que el sexo puede ser un buen antídoto para el estrés. Es probable que con el tiempo el deseo sexual baje, pero es clave la comunicación. Hable sobre cómo se siente y dele a su pareja espacio para expresarse también. Disfrute de las cosas sensuales que puede ofrecer la cuarentena sin la presión de actuar como si estuviera en una luna de miel. A veces, para facilitar las cosas, hay que reconocer lo que no funciona

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¿Se acabó el sexo ocasional por causa del COVID?

Ante el riesgo de contagio de SARS-CoV-2, y mientras no se tenga una cura para la enfermedad del coronavirus, es probable que muchas personas opten por una convivencia erótico-afectiva con una pareja estable, afirmó Nélida Padilla, académica de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala, de la UNAM.

Debido a la emergencia sanitaria por la que transitamos, es importante replantear los compromisos en una relación, o buscar formas de ejercer nuestra sexualidad, que permitan evitar la propagación del virus, dijo, de acuerdo con un comunicado de la UNAM.

“La Covid-19 no es una enfermedad de transmisión sexual, pero debe considerarse que sí se adquiere mediante la saliva, por lo que los besos son una fuente importante de contagio. Además, al estar muy cerca de una persona, nos exponemos a los fluidos que emite al hablar, toser o estornudar”, explicó la sexóloga.

El miedo puede ser una limitante para ejercer la sexualidad, “creo que nos encontramos con un fenómeno parecido al que se presentó con el VIH, cuando algunas personas tenían un miedo irracional a relacionarse sexualmente; incluso hoy en día permanece esta reserva en un sector importante de la población”, subrayó.

Extremar recomendaciones
Sin embargo, es importante saber que si se toman las medidas necesarias, las probabilidades de contagio se reducen. “Se deberán extremar las recomendaciones de higiene y prevención”.

Nélida Padilla resaltó que para disfrutar de la sexualidad no siempre se requiere de alguien más. “El confinamiento ha sido una oportunidad para muchos de experimentar otros aspectos de su vida sexual”.

Aclaró que el disfrute va más allá de la práctica erótica, también se puede gozar de una lectura que brinde plenitud y bienestar, de alguna actividad artística, o compartir una plática con amigos y familiares mediante las redes sociales. “Es fundamental ampliar la percepción de la sexualidad, pues no sólo implica el coito; abarca todo lo que somos, está en lo que sentimos, hacemos, gozamos, pensamos y se puede expresar con emociones, actividades, sentimientos y conductas”.

Finalmente, reiteró que para evitar contagios, además de usar preservativo y láminas de látex, se deben lavar las manos antes y después de cualquier relación sexual, no tener este tipo de contacto con personas recién conocidas, y usar responsablemente las redes sociales para el intercambio erótico.

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¿Cuál es la función del orgasmo femenino?

El clímax sexual de la mujer ha sido un tabú social y un enigma biológico que ha sido tema de discusión durante siglos. No obstante, según el autor de este artículo, su función va más allá de brindar placer.

Voltaire ridiculizaba en «Cándido» la idea de que todo ha sido creado para el mejor fin de los posibles. «Observen que las narices se han hecho para llevar anteojos, por eso usamos anteojos», decía su personaje, el optimista profesor Pangloss.

Según aquella primera visión de la evolución biológica, que Darwin y Wallace describirían un siglo después, todos los rasgos de las especies servían, como las narices de Pangloss, para un propósito ventajoso. En la segunda mitad del siglo XX, el paleontólogo Stephen Jay Gould introdujo la idea de que la utilidad podía aparecer posteriormente, como sucede con los anteojos de Pangloss.

En dos artículos anteriores, ¿Por qué los hombres somos los primates con el pene más grande? y ¿Por qué el parto humano es tan doloroso?, me ocupé de algunos de los cambios provocados en el linaje humano como consecuencia de la tendencia evolutiva hacia la bipedestación que distingue al género Homo entre los primates.

En ambos destaqué que caminar sobre las extremidades inferiores había trastocado la forma de la cópula, que en los humanos es frontal, cara a cara, una circunstancia excepcional en los mamíferos (salvo su práctica ocasional por los bonobos). También las características de nuestro paroxístico orgasmo, cuya importancia evolutiva ha sido discutida, pero que puede ser interpretado como otra adaptación a la bipedestación.

A pesar de su complejidad neuro-endocrino-muscular, el orgasmo masculino puede ser resumido como una compleja cadena de movimientos de contracción que culminan con una repentina sensación de intenso placer. Esta va acompañada de la eyaculación, una violenta eyección de fluido que impulsa a los espermatozoides dentro de la vagina.

En el hombre el orgasmo es un requisito obligado para que se produzca la eyaculación, pero las mujeres no lo necesitan ni para producir cada uno de los 300 óvulos mensuales que producen durante su vida fértil, ni para tener hijos.

Entonces, ¿qué función tiene el orgasmo femenino desde el punto de vista evolutivo? Aunque ha sido un tabú social y un enigma biológico, algunas evidencias permiten clarificar el asunto.

En su libro «Sexo en solitario» el profesor de Berkeley Thomas Laqueur sostiene que «desde la antigüedad hasta el siglo XIX, la asunción general era que las mujeres experimentaban orgasmos al igual que los hombres, pero también que el orgasmo era necesario para la concepción».

Si lo primero es absolutamente cierto, lo segundo es incorrecto. Así lo había adelantado en 1967 el zoólogo Desmond Morris en El mono desnudo y también lo demostraron los estudios de Masters y Johnson, basados en diez mil actos sexuales humanos (La sexualidad humana).

Esto confirmó que lo que provoca en la mayor parte de los casos el orgasmo femenino es la estimulación del clítoris. Un área que no es contactada por el pene durante la copulación y que, por lo tanto, no interviene en el proceso de la inseminación.

En el ensayo «Pezones masculinos y ondas clitorídeas», parte del libro «Brontosaurus y la nalga del ministro», Stephen Jay Gould sostenía que, como lo importante es que los espermatozoides lleguen hasta los óvulos y para conseguirlo basta con el orgasmo masculino, el femenino debía ser contemplado como «superfluo». Una especie de accidente evolutivo, un resultado secundario de la necesidad del orgasmo masculino.

Según Gould, hay un orgasmo femenino simplemente porque el clítoris es el equivalente anatómico del pene (ambos tienen el mismo origen embrionario). Por ello, estimulación, erección y orgasmo se dan en ambos. Para Gould, el orgasmo vía clítoris es un artefacto del desarrollo. No tiene significación adaptativa alguna.

La polémica provocada por Gould resucitó en 2005 cuando Elisabeth Lloyd, profesora de Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Indiana, publicó un libro, «The Case of the Female Orgasm: Bias in Evolutionary Science» (El caso del orgasmo femenino: Prejuicios en la ciencia de la evolución). En este concluye que el orgasmo femenino no tiene ningún sentido evolutivo (salvo el de disfrutar, que no es poco). Como Gould, considera que es un subproducto de la evolución.

La idea del «subproducto evolutivo» es de Darwin, quien lo consideraba como cualquier rasgo que sea arrastrado de otros. Los pezones de los hombres son un ejemplo claro. Los poseemos porque compartimos con las mujeres la misma arquitectura fijada por un diseño embrionario común, hasta que la aparición de la testosterona y de los estrógenos dirige al feto indiferenciado hacia uno u otro sexo. Mientras que en las mujeres sirven para la lactancia, en los hombres serían un subproducto sin valor adaptativo alguno.

Fuente: BBC

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