Registran un listado de los desaparecidos en México la SPF y la PGR

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Nadie sabe dónde están y, lamentablemente, tampoco se conoce con certeza cuántos son. Sus rostros se acumulan en las pizarras del transporte público o se hacen presentes, ocasionalmente, sobre un muro, al doblar la esquina.

Son niños y niñas, jóvenes adultos y personas maduras, estudiantes, trabajadores, amas de casa, gente con problemas de salud o con el futuro por delante y quienes, un día, simplemente desaparecieron.

En México, ninguna institución oficial lleva un registro estricto de las personas que son reportadas como desaparecidas, extraviadas o ausentes y, por ejemplo, mientras la Secretaría de Seguridad Pública federal mantiene en su registro 2 mil 44 casos, esta cifra se duplica en la base de datos de la Procuraduría General de la República, que contempla en su página de internet un listado de 4 mil 800 expedientes.

En contraste con ambas instituciones, la Procuraduría de Justicia del DF, que concentra reportes no sólo de la Ciudad de México, sino de toda la República, tiene un registro de 5 mil 229 personas extraviadas en todo el país, es decir, 429 más que los contemplados por la PGR y 3 mil 185 más que los reconocidos por la SSP federal, la cual es, por cierto, la encargada de mantener actualizado el Registro Nacional de Personas Extraviadas.

Ellos y ellas no están en los expedientes, no están en los archiveros, y sus nombres no encabezan la lista de prioridades de los funcionarios públicos encargados de su búsqueda. Están, sí, en los ojos de sus padres y sus hermanos, que se posan en todos lados, más desesperados que inquietos, esperando encontrarlos a cada nuevo paso.

Ellos y ellas son… aunque ellos y ellas sean sólo una mínima fracción del tumulto de personas extraviadas, ausentes o desaparecidas que México ha acumulado en los últimos años.

Tal vez tú los hayas visto y, con tu ayuda, quizá, ellos y ellas puedan volver a volver a casa…

María Bárbara.

María Bárbara…

El 8 de agosto de 2011, entre el mediodía y las 18:00 horas, María Bárbara, de 16 años, salió de su hogar, en Cuautitlán Izcalli, sin motivo aparente y, ese mismo día, a través de un mensaje de texto enviado desde su teléfono celular, sus padres recibieron el reclamo de un pago económico para devolverla con vida.

Horas más tarde, por la misma vía, los captores advirtieron a los papás de la niña que estaban vigilándolos y que, para apurar la transacción, debían llevar los autos familiares al estado de Querétaro.

“Nosotros nos negamos –narra Alejandro, el papá de María Bárbara–, porque no teníamos los papeles de los autos, estaban hipotecados, no era viable pagarles con ellos y, a partir de ese momento, la comunicación se rompió… ya han pasado casi siete meses desde entonces y no sabemos nada de mi hija”.

Dos meses después, en octubre pasado, la familia de María Bárbara recibió dos correos electrónicos, en los cuales se les advertía que estaban bajo observación y que era mejor que abandonaran el Estado de México, donde, afirma Alejandro, “todas las instancias han actuado con lentitud y, aunque se ha investigado, ningún resultado productivo ha sido alcanzado”.

Y la “insensibilidad” con los casos de personas desaparecidas, afirma, no acaba en las oficinas de gobierno. “La empresa de telefonía Iusacell, por ejemplo, se ha negado a apoyarnos en la localización del teléfono de mi hija, aunque tiene la plataforma tecnológica para hacerlo; en tanto que la empresa de vigilancia contratada por Wal Mart tardó más de un mes en entregarnos un video, con el que se esperaba verificar si ella había estado en las inmediaciones de esa tienda”.

Hoy, María Bárbara ReyeS Muñiz tiene 17 años, su complexión es delgada, mide 1.70 metros y su tez es blanca. “Mi nena es realmente bella… es una buena chica… estudia la preparatoria y tiene muchos amigos… era una niña feliz, que no hacía nada malo”.

Cualquier dato que ayude a su localización puede ser proporcionado al número telefónico 04455 34290025.

Esmeralda Castillo Rincón.

Esmeralda…
En Ciudad Juárez, Chihuahua, la desaparición de mujeres se ha vuelto un problema tan cotidiano que la gente, cuando camina por la calle, ya no recibe los volantes que distribuyen los familiares y amigos que las buscan.

Por ello, los padres de Esmeralda Castillo Rincón, quien desapareció el 19 de mayo de 2009, decidieron imprimir su rostro en billetes simulados de 200 pesos, que a la letra dicen: “Banco de Cristo Jesús. Dios paga al 100 x 1. Ayúdanos a encontrarla”.

Esmeralda tiene hoy 16 años, y sumaba 14 cuando desapareció. Viajaba en el transporte público, para dirigirse a casa de su hermana, pero en un transbordo no se supo más de ella y, afirma José Luis, su padre, aunque la denuncia fue formulada inmediatamente, el protocolo especial para la búsqueda de mujeres desaparecidas en Ciudad Juárez no fue puesto en marcha jamás.

“Nos dijeron que teníamos que esperar 48 horas –narra– y luego, cuando me enseñaron el expediente, me di cuenta de que éste viene con fecha del 9 de enero de 2009, es decir que para las autoridades la investigación inició cuatro meses antes de que Esmeralda fuera raptada… sin embargo, su búsqueda formal la iniciaron hasta agosto, es decir, cuatro meses después de que fue denunciada su desaparición, y lo peor es que no fue sino hasta noviembre de 2011 que el gobierno de Chihuahua pidió la colaboración de las otras procuradurías del país para su búsqueda; así pues, pueden existir muchos protocolos de acción inmediata ante un rapto, pero mientras no haya voluntad por parte de la autoridad, los protocolos no sirven de nada”.

José Luis está en el Distrito Federal, junto con su esposa Martha, desde el 24 de febrero, cuando lograron reunir los fondos suficientes para venir a la capital del país, a buscar a su hija, luego de que en octubre pasado una testigo declaró ante la Fiscalía de Chihuahua haber visto a Esmeralda.

Estaba en un bar del centro de Juárez, afirma José Luis, “Esmeralda vio el billete con su fotografía y le pidió a esta persona que nos avisara que sería trasladada a la Ciudad de México, a un lugar conocido como La Merced”.

Esmeralda confió a esta persona los datos de sus familiares, para que pudiera localizarlos.

Para poder llegar al DF, los papás de Esmeralda se dedicaron a vender hamburguesas y, una vez aquí, pidieron al gobierno capitalino su apoyo, para emprender la búsqueda de  su niña, aunque, reconocieron, vienen con desconfianza porque “yo no sé aquí, pero allá en Juárez las sillas de los funcionarios ya tienen callos, porque se la pasan sentados, sin hacer nada”.

Para proporcionar informes sobre el paradero de Esmeralda, puedes comunicarte al teléfono 01 656 629 33000, extensión 56454 y 56455.

Elvis Axell Torres Rosete, Eder Islas y Héctor Vega.

Elvis, Eder, Héctor…

Tras seis meses de recibir terapia en una clínica para la rehabilitación de adicciones, Elvis Axell Torres Rosete, de 17 años, se preparaba para volver al hogar de sus padres, la cita estaba fijada para el 1 de enero de 2011. Tres días antes, sin embargo, el 29 de diciembre de 2010, Elvis recibió una encomienda por parte de Fernando Sandoval Díaz, director del centro en el que estaba internado, conocido como Salva Tu Vida, en Tultitlán, Estado de México.

Junto con otros dos adictos en rehabiitación, Eder Islas, de 23 años, y Héctor Vega, de 31, Elvis debía partir rumbo a Matamoros, Tamaulipas, para recoger a un adicto que había solicitado ayuda. Para ello, los tres pacientes recibieron la camioneta blindada del director, dos teléfonos celulares y mil 500 pesos. Desde entonces están desaparecidos.

“El director del Centro Salva Tu Vida nos avisó de lo ocurrido hasta el día siguiente –narra Nancy, mamá de Elvis–, y se ofreció a viajar a Tamaulipas, para rescatarlos, pero pocas horas después se arrepintió y, en cambio, nos dijo que seguramente los muchachos habían recaído, vendido la camioneta y que estarían consumiendo droga.”

Han pasado ya un año y dos meses desde la desaparición de los tres jóvenes y, de entonces a la fecha, ningún apoyo han recibido de las autoridades, protesta Nancy.

“Se solicitaron los videos de las casetas carreteras que debieron haber cruzado y Capufe no los ha proporcionado; se solicitó también una búsqueda pericial en el trayecto que ellos debieron haber realizado, pero tampoco la han hecho; incluso, hasta en el oficio con el que se pide colaboración para hallar la camioneta se inscribió un número equivocado de placas y, aunque a la Procuraduría mexiquense se le ha hecho saber este error, no ha sido corregido, nos dijeron que no importaba, porque el vehículo también puede ser buscado por el número de serie, como si estuviera a la vista de todo mundo”.

Nancy demuestra entereza y, con voz calma, afirma: “Hoy mi única finalidad es encontrar a mi hijo y a estos dos chicos, que ya son parte de mi familia, y no responder a los insultos que el dueño del centro de rehabilitación nos ha dirigido, a través de internet”. Por ello, Nancy pide compartir cualquier dato que permita localizarlos a través de los teléfonos 5346 4268 y 01800 0025 200.

Omar Iván Rodríguez González.

Omar…

Omar Iván Rodríguez González desapareció a los 14 años, en Reynosa, Tamaulipas, donde se encontraba de vacaciones, y pasó los tres años siguientes cautivo por una banda de traficantes de personas, hasta que, en diciembre de 2011, fue asesinado.

Al morir, Omar tenía 17 años pero su plan, tal como revelaron los testimonios de gente con la que, aunque de forma distante, convivió durante sus últimos días, era volver al DF, de donde era originario, tan pronto cumpliera la mayoría de edad.

“Yo ya recuperé a mi niño –dice Araceli, su mamá–, aunque no como yo quería… luego de que fue raptado de la papelería de su tía, en Reynosa, yo me dediqué a buscarlo, recorrí Tamaulipas, la frontera, me arriesgué preguntando por él entre los maras, caminé por toda la ciudad pegando retratos suyos, llevando a sus hermanitos de la mano… así pasé tres años y nada”.

Fue a raíz de una entrevista televisiva en la que Araceli narró su caso que, días después, el 3 de octubre de 2011, una llamada anónima ubicaba a Omar en el puerto de Acapulco, Guerrero, hasta donde se trasladó Araceli junto con agentes de Tamaulipas, ”aunque no pasamos de Iguala, porque resultó que los agentes no podían ingresar al estado, pues no habían solicitado autorización a la Procuraduría guerrerense… en ese momento mi niño todavía estaba vivo y, a pesar de que yo no lo deseaba, tuvimos que suspender la búsqueda”.

Un mes y medio después, el 12 de diciembre de 2011, Araceli fue notificada del hallazgo de Omar, muerto.

“A él lo obligaban a vender droga –narra Araceli–, cerca de donde solía pararse también se instalaba una pareja de ancianos, con un puesto ambulante… ellos platicaban a veces con mi niño… a ellos les dijo que si no vendía toda la droga, lo castigaban, que si no entregaba todo el dinero, podían incluso matarlo… a ellos les dijo que pensaba volver al DF… y yo no sé si fue por mi insistencia, por tanto que presioné para su localización, que al final lo mataron, le dieron un tiro en la espalda y otro en la nuca, lo que me hace pensar que intentó escapar de sus atacantes, pero no lo logró”.

Araceli descarta haber recibido alguna vez apoyo de las autoridades, federales, capitalinas, guerrerenses o tamaulipecas y, de hecho, afirma, “cuando me notificaron del hallazgo de su cadáver, la PGR me pidió 30 mil pesos para trasladarlo acá, luego desistieron, porque empecé a denunciar esa extorsión, pero en realidad nunca trajeron su cuerpo… lo único que me entregaron fueron su cenizas y un reporte forense, en el que se señala que estaba muy desnutrido, no le daban de comer, incluso se subrayaba la ausencia de líquidos en su cuerpo… prácticamente se mantenía de la droga y también era explotado sexualmente… a mi niño lo trataron muy mal y hoy yo lucho para que esto no le vuelva a pasar a ninguna madre, a ningún niño”.

Selena Giselle Delgado Hernández.

Selena Giselle…

Selena Giselle Delgado Hernández salió el 29 de abril de 2010 rumbo a su escuela, ubicada a cinco minutos de distancia, en la colonia Guadalupe Cuatzochico, Ecatepec, pero nunca llegó.

Semanas antes, había recibido una invitación para acudir a una excursión junto con la dentista que, por meses, la había atendido, pero su mamá, Guillermina, se opuso.

“Nadie me quita de la cabeza que la dentista se la llevó –afirma Guillermina–, cuando no apareció mi hija, yo le marqué por teléfono a la dentista y nunca me tomó la llamada, pero, minutos después, cuando le marcó el comandante que encabezó la investigación, la dentista sí contestó, pero negó que Selena fuera su paciente… y poco tiempo después, ese mismo día, entró al teléfono del comandante la llamada de una muchacha, que decía llamarse Gladys, afirmando que mi hija estaba bien, que se había ido con su novio”.

Cuando a la muchacha que realizaba la llamada se le cuestionó cómo había obtenido el teléfono del comandante, colgó, “pero era evidente que la única forma de obtenerlo fue que, minutos antes, había marcado al teléfono de la dentista y ella lo había registrado”, afirma Guillermina.

Este número, añade, fue rastreado hasta un domicilio que está junto al de la dentista.

“Mi caso lo tienen como ‘conflictivo’ –dice la mamá de Selena–, así me lo han dicho en la Procuraduría del Estado de México, porque no acepté ser extorsionada por los agentes del Ministerio Público que me insinuaban que no tenían dinero ni para comer, menos para hacer investigaciones, y por lo que presenté una queja ante la Comisión estatal de Derechos Humanos, aunque lo único que logré fue que las investigaciones se dilataran aún más”.

Un año después, en abril de 2011, el caso fue asignado a otro agente y “entonces me di cuenta de que todo el expediente había sido saqueado, la agente me mostró el fólder y estaba vacío, un año de investigaciones desapareció: ahí había grabaciones en las que la dentista se comunicaba con gente de Querétaro con la que habló en clave, les preguntaba cosas del tipo ‘cómo está eso’, en fin, era evidente que hablaba en código y todo se perdió”.

Guillermina aprieta las mandíbulas antes de dejar salir algo de su indignación. “Y, ¿sabes qué me dijeron en la Procuraduría del Estado de México? Me dijeron que de seguro mi hija se había escapado con el novio y que al rato regresaba con un regalito… pero mi hija no tenía novio, era una niñita, de haber sido así me lo habría contado, ella no se habría ido dejándome así… ¡faltaban tres días para que le celebráramos sus 15 años!”

Cualquier dato sobre el paradero de Selena puede ser proporcionado a los teléfonos 53455080 y 53455082.

María Guadalupe Ortega Hernández.

María Guadalupe…

María Guadalupe Ortega Hernández estudiaba en la Voca 10, de Ciudad Nezahualcóyotl, Estado de México, en donde un prefecto diez años mayor la empezó a cortejar.

“Nosotros no teníamos problemas intrafamiliares –afirma su madre, Leticia–, su papá era duro con ella y su hermana, era estricto, pero nunca hubo un golpe o nada similar, él es un buen padre, y María Guadalupe y yo nos llevamos muy bien siempre.”

Incluso, se lamenta, “yo acepté que ella iniciara una relación con el prefecto”, pero dos meses después, el 16 de julio de 2010, la niña desapareció.

Su primo la acompañó al metro Impulsora y no se le volvió a ver más.

“Ha habido gente cercana al prefecto, que nos comentó que él ha aceptado estar en un problema porque se llevó a la novia, y que los papás la están buscando”, y, de hecho, poco después de los hechos se mudó a Jiutepec, Morelos.

“Él primero nos hizo pensar que quería ayudarnos, y supuestamente contactó con un sujeto del barrio donde a ella se le vio por última vez, quien a cambio de 3 mil pesos nos proporcionó información: nos dijo que la tenían en una casa de seguridad, primero, y luego que se la habían llevado lejos, porque yo había estado pegando fotos suyas en los alrededores… hasta nos contó que al intentar perseguir a los captores, se les enfrentó a balazos y que hasta muertos hubo, pero luego el Ministerio Público nos aclaró que todo eso era mentira, que nada de eso había ocurrido en realidad, y que habíamos sido víctimas de un defraudador.”

Leticia habla en voz baja, mientras mira una foto de María Guadalupe y, como si la tuviera enfrente, musita: “Regresa, hijita, nosotros te amamos, nos haces mucha falta… comunícate, sólo quiero saber que estás bien… tu hermana acaba de tener un bebé… vuelve, no hay nada qué recriminarte.”

Cualquier información relacionada con esta búsqueda puede ser proporcionada al teléfono 0155 51131091.

Minerva Vera Alvarado.

Minerva…

A Minerva Vera Alvarado la busca, desde 2006, su hermana Teresa.

“Ella es una persona generosa, muy alegre y querida por sus vecinos, pero al momento de su desaparición padecía una depresión severa, causada por la agresividad de su esposo, quien la llegó a golpear, y porque la amante de éste recientemente fue hasta su casa para encararla y gritarle leperada y media.”

Así, narra Teresa, el 29 de abril de 2006, doña Minerva, de 60 años, salió de su hogar, en la ciudad de Matías Romero, Oaxaca, para cortarse el cabello y ya no volvió.

“Yo levanté el acta en Matías Romero –recuerda–, pero supongo que el agente nunca había tenido un caso de persona extraviada, porque no me pidió ninguno de sus datos, su media filiación o al menos una foto de ella y, de hecho, yo tuve que tramitar el oficio de colaboración que la Procuraduría de Oaxaca dirigía al resto de los estados, para su localización, y luego tuve que llevar al DF este documento… así que, de las autoridades, en la práctica, no he recibido ningún apoyo.”

Teresa es una mujer jubilada, radicada en la Ciudad de México, desde donde comenzó su campaña de búsqueda: “He caminado mucho, he pegado muchas fotos en paredes, y le pido a las personas que ven esos carteles, que nos ayuden, que se conduelan un poco de este sufrimiento horrible que nos aqueja… ella es mi hermanita y la extraño mucho”.

Toda información que permita ubicar a Minerva puede dirigirse al teléfono 53464268.

Gerardo Palacios.

Gerardo…

Hace nueve años, Gerardo Palacios emprendió una de sus habituales caminatas por la colonia Benito Juárez, en Gustavo A. Madero, pero no regresó.

“Él está enfermo desde los 8 años –afirma su madre, Francisca–, cuando lo atropelló una pipa, causándole secuelas mentales permanentes”.

A Gerardo, de 32 años al momento de extraviarse, se le vio días después, aún en mayo de 2003, por la zona de Xaltenco, pero al acudir sus familiares en su búsqueda, ya no encontraron nada.

“Como mamá, estoy desesperada –dice Francisca–, la vida cambia, todo cambia, ya nada es igual sin un hijo… del gobierno, la verdad es que no hay apoyo, yo, con mis 60 años, salgo sola por ahí, a pegar fotos, a buscarlo… sé que han pasado muchos años, pero si lo veo, sé que lo voy a reconocer, por mucho que haya cambiado en este tiempo, lo sé, estoy segura que podré reconocerlo.”

Si posees algún dato que permita encontrar a Gerardo, comunícate al 53455080 o al 53455082.

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