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Sorprenden a abuelo sosteniendo relaciones con jovencitas en balcón

El abuelo protagonista de este vídeo debió pensar que sólo se vive una vez y decidió organizar un trío sexual en unos de los hoteles más lujosos de Chicago (EE.UU.). El hombre pagó una de las suites del Waldorf Astoria y acudió con dos mujeres jóvenes, una blanca y otra de color.

Para disfrutar de las vistas de Chicago, el anciano decidió que el balcón era el lugar idóneo para disfrutar de su orgia. Así que a plena luz del día él y las dos chicas salieron a la terraza completamente desnudos y empezaron a practicar sexo oral.

La estampa era apreciable para cualquier persona que se asomara a la ventana de alguno de los edificios colindantes. No hicieron ni el amago de intentar cubrirse, poco les importó protagonizar un capítulo de exhibicionismo a la vista de todos.

Al percatarse de la situación, unos jóvenes que estafan en frente decidieron grabar entre risas la insólita escena. Además, colgaron las imágenes a LiveLeak. En pocas horas cosecharon casi 400.000 visitas. Ante este fenómeno viral, otros usuarios lo compartieron por sus redes sociales hasta acabar en otras plataformas como YouTube.

https://www.youtube.com/watch?v=CEBGOTDHxxc

Fuente: LaVanguardia

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¿Cuál es la función del orgasmo femenino?

El clímax sexual de la mujer ha sido un tabú social y un enigma biológico que ha sido tema de discusión durante siglos. No obstante, según el autor de este artículo, su función va más allá de brindar placer.

Voltaire ridiculizaba en «Cándido» la idea de que todo ha sido creado para el mejor fin de los posibles. «Observen que las narices se han hecho para llevar anteojos, por eso usamos anteojos», decía su personaje, el optimista profesor Pangloss.

Según aquella primera visión de la evolución biológica, que Darwin y Wallace describirían un siglo después, todos los rasgos de las especies servían, como las narices de Pangloss, para un propósito ventajoso. En la segunda mitad del siglo XX, el paleontólogo Stephen Jay Gould introdujo la idea de que la utilidad podía aparecer posteriormente, como sucede con los anteojos de Pangloss.

En dos artículos anteriores, ¿Por qué los hombres somos los primates con el pene más grande? y ¿Por qué el parto humano es tan doloroso?, me ocupé de algunos de los cambios provocados en el linaje humano como consecuencia de la tendencia evolutiva hacia la bipedestación que distingue al género Homo entre los primates.

En ambos destaqué que caminar sobre las extremidades inferiores había trastocado la forma de la cópula, que en los humanos es frontal, cara a cara, una circunstancia excepcional en los mamíferos (salvo su práctica ocasional por los bonobos). También las características de nuestro paroxístico orgasmo, cuya importancia evolutiva ha sido discutida, pero que puede ser interpretado como otra adaptación a la bipedestación.

A pesar de su complejidad neuro-endocrino-muscular, el orgasmo masculino puede ser resumido como una compleja cadena de movimientos de contracción que culminan con una repentina sensación de intenso placer. Esta va acompañada de la eyaculación, una violenta eyección de fluido que impulsa a los espermatozoides dentro de la vagina.

En el hombre el orgasmo es un requisito obligado para que se produzca la eyaculación, pero las mujeres no lo necesitan ni para producir cada uno de los 300 óvulos mensuales que producen durante su vida fértil, ni para tener hijos.

Entonces, ¿qué función tiene el orgasmo femenino desde el punto de vista evolutivo? Aunque ha sido un tabú social y un enigma biológico, algunas evidencias permiten clarificar el asunto.

En su libro «Sexo en solitario» el profesor de Berkeley Thomas Laqueur sostiene que «desde la antigüedad hasta el siglo XIX, la asunción general era que las mujeres experimentaban orgasmos al igual que los hombres, pero también que el orgasmo era necesario para la concepción».

Si lo primero es absolutamente cierto, lo segundo es incorrecto. Así lo había adelantado en 1967 el zoólogo Desmond Morris en El mono desnudo y también lo demostraron los estudios de Masters y Johnson, basados en diez mil actos sexuales humanos (La sexualidad humana).

Esto confirmó que lo que provoca en la mayor parte de los casos el orgasmo femenino es la estimulación del clítoris. Un área que no es contactada por el pene durante la copulación y que, por lo tanto, no interviene en el proceso de la inseminación.

En el ensayo «Pezones masculinos y ondas clitorídeas», parte del libro «Brontosaurus y la nalga del ministro», Stephen Jay Gould sostenía que, como lo importante es que los espermatozoides lleguen hasta los óvulos y para conseguirlo basta con el orgasmo masculino, el femenino debía ser contemplado como «superfluo». Una especie de accidente evolutivo, un resultado secundario de la necesidad del orgasmo masculino.

Según Gould, hay un orgasmo femenino simplemente porque el clítoris es el equivalente anatómico del pene (ambos tienen el mismo origen embrionario). Por ello, estimulación, erección y orgasmo se dan en ambos. Para Gould, el orgasmo vía clítoris es un artefacto del desarrollo. No tiene significación adaptativa alguna.

La polémica provocada por Gould resucitó en 2005 cuando Elisabeth Lloyd, profesora de Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Indiana, publicó un libro, «The Case of the Female Orgasm: Bias in Evolutionary Science» (El caso del orgasmo femenino: Prejuicios en la ciencia de la evolución). En este concluye que el orgasmo femenino no tiene ningún sentido evolutivo (salvo el de disfrutar, que no es poco). Como Gould, considera que es un subproducto de la evolución.

La idea del «subproducto evolutivo» es de Darwin, quien lo consideraba como cualquier rasgo que sea arrastrado de otros. Los pezones de los hombres son un ejemplo claro. Los poseemos porque compartimos con las mujeres la misma arquitectura fijada por un diseño embrionario común, hasta que la aparición de la testosterona y de los estrógenos dirige al feto indiferenciado hacia uno u otro sexo. Mientras que en las mujeres sirven para la lactancia, en los hombres serían un subproducto sin valor adaptativo alguno.

Fuente: BBC

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¿Cómo aumentar el deseo sexual?

Con la primavera en España llegan los días con más horas de luz, los árboles y plantas en flor, aumentan las ganas de salir a pasear, hacer deporte…, pero también está la otra cara de esta estación: un estado de ánimo más depresivo, picores o toses por procesos alérgicos al polen, menor descanso por la noche, etc.

Todos estos cambios, también afectan, según los expertos del laboratorio farmacéutico Procare Health, especializado en salud de la mujer, a la actividad sexual.

«La primera influencia de la primavera es la obvia, el sol, y no solo por el bienestar que aporta la luz al estado anímico, sino por el incremento de la vitamina D en nuestro organismo, esencial para la correcta absorción del calcio y la protección de los huesos. El déficit de calcio puede llevar a enfermedades como osteoporosis, cuya incidencia es mayor en las mujeres debido a la reducción del calcio durante la menopausia.

Al mantener los huesos fuertes, el cuerpo en general obtiene mayor cantidad de energía, también la necesaria para garantizar relaciones sexuales satisfactorias. De hecho, hay estudios que han puesto de manifiesto que esta vitamina también ayuda a generar mayor nivel de testosterona, por lo que todo el proceso está unido», explica el doctor Santiago Palacios, ginecólogo presidente de la Fundación Española Mujer y Salud (FEMYS) y presidente honorífico de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM).

Por otro lado, continúa el experto, las endorfinas que genera la exposición al sol hacen que se reduzca el estrés, se mejore el ánimo y, como consecuencia, se esté más receptivo a las relaciones sexuales. Además, durante esta época los aromas, tanto de la naturaleza como de los perfumes y colonias, se ven aumentados gracias al calor, generando también una mayor atracción.

«Sin embargo, existen situaciones que pueden perjudicar las relaciones durante la primavera, entre ellas las alergias o la conocida astenia primaveral», continúa el doctor Palacios. «Ambos son procesos que, aunque no sean de gravedad, dificultan la respiración, el descanso y el humor en general, provocando un menor interés en las relaciones sexuales», finaliza.

Esta situación es especialmente significativa en tres grupos: mujeres que toman la píldora como método anticonceptivo, lactantes, y aquellas que se encuentran en edad menopáusica. «Esta época trae consigo cambios en el cuerpo provocados por la disminución de testosterona y estrógenos. En este sentido, las mujeres suelen ver reducido tanto el interés en el sexo, como la frecuencia y la receptividad para mantener relaciones íntimas. Además, esta situación puede desembocar en dispareunia —dolor durante el coito— y problemas con la pareja», explica.

Este especialista asegura a ABC que hay varias maneras de ayudar a las mujeres que desean mejorar su libido. «En primer lugar, aumentando su testosterona, a través de fármacos que son muy indicados fundamentalmente para aquellas mujeres que no tienen ovarios. Se trata de una hormona vital para tener deseo sexual. Paralelamente existen otro tipo de productos desarrollados a partir de compuestos naturales que ayudan a mejorar el deseo sexual y la excitación en la mujer y, lo más importante, no tienen efectos secundarios —matiza— y se pueden comprar en la farmacia sin receta médica. Se ha demostrado que su uso aumenta ligeramente la testosterona endógena, por lo que se trata de un paso previo a tener que administrar testosterona directamente».

A la pregunta de quién debe tomar este tipo de productos, el presidente de la Fundación Española Mujer y Salud (FEMYS) es muy tajante: «aquellas mujeres para las que no tener deseo sexual suponga un verdadero problema en su vida diaria porque hay muchas féminas que lo padecen, pero no se sienten afectadas por ello en gran medida».

Respecto al tiempo que deben tomarlo, «los profesionales recomendamos tres meses y luego «ya se verá», porque cuando reactivan su actividad sexual está demostrado que el sexo atrae a tener más sexo, del mismo modo que si no se tienen relaciones sexuales durante un tiempo cada vez se siente mayor apatía por tener relaciones en pareja»

Añade que es muy positivo que las mujeres preocupadas por este tema realicen deporte, puesto que el ejercicio aumenta las endorfinas que llevan a un mayor deseo sexual.

Concluye que hay un vocablo que le gusta muchísimo y que también resulta muy eficaz para estos casos: «ntimisidad». «Consiste en crear un ambiente íntimo, cálido, tranquilo, en el que la mujer se sienta bien, protegida, libre, rodeada de buenos olores… Eso, a buen seguro, aumenta el deseo sexual en las mujeres», concluye el presidente honorífico de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM).

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A ellas les gusta recibir sexo oral, pero no darlo según estudio

¿Qué causa más ansiedad en los amantes: el sexo en público, las prácticas de sumisión y dominación, las posturas complicadas o el sexo anal? ¿Qué es lo que consideran menos confortable o más estresante de estas actividades eróticas? La página Superdrug Online Doctor llevó a cabo una encuesta entre 500 europeos y europeas, así como 500 personas que viven en América sobre el tema. Emplearon fotografías para que todos los participantes tuvieran la misma idea de los ejercicios sobre los que iban a responder, para que no hubiera diferentes percepciones de un mismo acto. Los resultados se plasmaron en gráficas que revelan información importante sobre el acto erótico, las cuales se publicaron bajo el título de Intimidating Intimacies.

Vamos a revisar algunas de sus gráficas:

LAS PRÁCTICAS ERÓTICAS QUE MÁS ANSIEDAD GENERAN, SON:

* Sexo en público.

* Prácticas BDSM.

* Sexo anal.

 

LAS PRÁCTICAS ERÓTICAS QUE MENOS ANSIEDAD PROVOCAN, SON:

* Sexo oral.

* Masturbación en pareja.

* Conversaciones subidas de tono.

Es interesante descubrir que las mujeres sienten más angustia por experimentar el sexo anal que las prácticas de sumisión y dominación conocidas como BDSM (bondage, dominación, sumisión, sadismo y masoquismo). Es decir que ni siquiera las aventuras de Anastasia Steel en Cincuenta sombras de Grey han logrado que la mayoría se relaje en este sentido.   Por su parte, los hombres encuestados en ambos continentes encuentran más estresante la idea de tener “sexo duro” que la práctica anal. En este punto sería interesante saber qué fotografías mostraron los encuestadores, pues ese término lo mismo puede incluir la penetración profunda, rápida e intensa, que voltear a la pareja de cabeza, darle nalgadas y zapes diversos o, incluso, llegar a las lágrimas y los golpes. Entiendo que se refiere a explotar diversas posturas (algunas de ellas complicadas) durante un mismo encuentro, durante el cual se mantendrá la penetración a todo lo que da. En cuanto al sexo anal, las mujeres se preocupan más por el dolor y los hombres por el posible contagio de una infección de transmisión sexual. Ver pornografía en pareja se sitúa a la mitad de la lista y la estadística pone a la par tanto a hombres como a mujeres, lo mismo que el sexo oral, el cual es el que menos ansiedad provoca pero aún así se encuentra en la lista.

OTROS DATOS INTERESANTES:

66% de las y los encuestados quisiera agregar juguetes sexuales a sus encuentros. De quienes dicen que sí, el 58.9 por ciento son mujeres y el 41.1 por ciento son hombres, lo cual es lógico si pensamos que hay mucho más sex toys para el disfrute de las mujeres y tan solo un balín vibrador o un anillo para el pene puede generar una gran diferencia en los orgasmos femeninos. 1 de cada 10 encuestad@s afirma que no ha intentado nuevas posturas eróticas en los últimos seis años. Un amplio número reconoce que con el paso de los años, su vida sexual no tiene más calidad o diversidad. El 69, el sexo oral y el sexo anal son, para las mujeres, prácticas que disfrutan más sus hombres que ellas mismas. Las mujeres prefieren recibir que dar sexo oral. El misionero, la cuchara y la vaquera son las posturas favoritas tanto de hombres como de mujeres.

ANALICEMOS LA INFORMACIÓN:

Primero que nada, es importante destacar que la práctica erótica (sexo, acción, cogedera, chaca chaca o como quieran llamarle) no tendría que generarnos ansiedad, estrés o preocupación. Ni tantito. Ojo: no me refiero a esa emoción riquísima que se siente cuando se sabe que ese día o esa noche se le entrará al placer en compañía ni a estar un poquito nervios@ porque se hará algo transgresor (como meterse en el baño de un bar para echarse un rapidín). Esas sensaciones son parte del erotismo, sin duda. Pero sentir miedo, hiperventilar, creer que va a doler y sudar abundantemente (no por la acción sino por el nerviosismo), no tendrían que ser parte de la cachondería. En este sentido, entiendo que el sexo público esté en primer lugar pues se corre el riesgo de que otra persona (o varias) sorprenda a la parejita en plena acción, lo cual puede generar desde un poco de vergüenza hasta todo un escándalo. Sin embargo, en el caso de las prácticas BDSM y el sexo anal, creo que se debe a que se llega a ellas sin conocer a ciencia cierta sus reglas de operación. Si de buenas a primeras la pareja saca el látigo, el antifaz, te amarra, te comienza a nalguear o te voltea sin previo aviso para penetrarte por detrás, ¡obviamente vamos a sentir que no estamos preparad@s para ello!

Eso le genera ansiedad a cualquiera. La solución en este caso es informarse un poco sobre los temas, platicar en pareja si se desea llevarlas a cabo en alguna ocasión, tener a la mano objetos que nos ayuden a realizarlos de la mejor manera (lubricantes, cuerdas ideales para amarrar, por ejemplo) y no obligarse a llevarlas a cabo. Puede ser que lo hablen y hasta seis meses después lo lleven a cabo, pero sabrán de qué se trata, habrán puesto límites, y eso les quitará preocupación.    El sexo oral sigue siendo el favorito de ellas y ellos. En este caso recomiendo que, así como reciben, den. No se vale que indiquen a sus parejas mujeres que les realicen fellatios para después penetrarlas y sanseacabó. Hay que ser parejos. A ellas también les encanta la estimulación con lengua, labios y manos. Si creen o saben que después de que ellas les den placer con la boca será muy fácil que eyaculen, entonces primer bríndenles placer a sus chicas y después dejen que les retribuyan lo sentido. Si son de las personas que no suelen implementar nuevas posturas eróticas en años, les doy un consejo: esto no quiere decir que deban sacar el Kamasutra para analizar qué acomodo no han explorado o poner de cabeza a la otra para hacerle una succión triple. En realidad pueden innovar durante años si se olvidan de todos esos tratados orientales de posiciones inconcebibles y le abren paso a la imaginación. Cambiar puede incluir, por ejemplo, centrarse un día en los pies. En otra ocasión, explorar la cadera y nalgas masculinas. O ponerse boca arriba en sentido contrario, con aceite en todo el cuerpo, para acariciar de piernas a torsos, es decir, en sentido contrario a lo más común. También pueden divertirse intentándolo en una hamaca. ¡Renten por una noche un departamento ajeno en Airbnb para variar el escenario sin tener que ir a un hotel! No olviden que el sexo debe ser divertido y amoroso, no estresante.

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