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Opinión: No hay vuelta atrás, por Diana Avitia

Todos tuvimos una opinión, todos aparentemente expertos, muchos se burlaban al ver amenazada su posición de privilegio, el miedo al cambio es normal. Lo realmente importante e irrefutable es que ya no hay regreso, el paso esta dado y no habrá retorno.

A pesar de los ataques desde el pulpito presidencial en las que se señalaba al conservadurismo como el impulsor del movimiento, de las mujeres alienadas que afirman estar en contra del feminismo, sí, esa lucha que les brindó la oportunidad de opinar, de los otros tantos que señalaban el movimiento, realmente esos dichos no le hicieron ni cosquillas a la convocatoria del 8 y 9 de marzo respectivamente.

Nadie es macho, nadie conoce a un violento, pero pasó otro día y otros diez feminicidios a la cuenta, otras trece agresiones graves POR HORA a alguna mujer, definitivamente este engrane ya está en movimiento, están organizadas, no necesitan de su permiso, es más, no necesitan de su condescendencia. Fuera de ver la diferencia de pañuelos y sus colores, esta vez vi coincidencias, la marcha fue masiva, las están matando y finalmente lo estamos visibilizando. Los señalamientos, las intenciones de desprestigiar el movimiento con argumentos burdos y casos aislados de proporciones ridículas, las mofas de redes se quedaron muy atrás, en esta ocasión no se escucharon.

Esto inició con unas cuantas, luego las voces se levantaron; estudiantes, profesionistas, colectivos, asociaciones, mujeres en general se sumaron, fue una bola de nieve, de hartazgo que estalló con los crímenes de Ingrid y Fátima. ¡Desde ya! las víctimas no serán solo “las muertas”, hoy les llamarán por su nombre.

Sobre todo, el deseo constante de que nadie tenga que pasar por sí misma, o mediante sus cercanas por experiencias violentas para que la empatía nazca. Que, en el futuro cercano, no solo quienes hemos vivido una perdida cercana arrebatada por este cáncer, apoyemos el movimiento. Nadie se sentirá con el derecho de violentar a una mujer por el hecho de serlo.

Estuve leyendo algunas letras, muchos recomendaron el poema de Ana Rossetti, es sublime. Solo un fragmento mueve el corazón …

Reconózcala. Diga si es ella. Dígalo de una vez: sí o no.

No todos son convocados ante una sábana estirada. No todos son apremiados a acabar con la congoja. No todos pueden envolver con el amor de los lienzos esas niñas despedazadas, traspasadas, aplastadas por la abominación. No todos pueden escribir un nombre en una lápida, cubrirla de flores, encenderle cirios. No todos pueden entregarse al duelo.

Hay quienes aún deban hacer acopio de lágrimas porque no saben hasta cuándo debe durar la pena.

¿Hay que dar las gracias, entonces?
Hay que decir sí, y desasirse.
Sí, es ella, hay que decir, y abandonarse.
Poner ahora toda la atención en ese hueco.
Esa carne que ya no está en su carne. Esa sangre que le falta.

Hoy veamos las coincidencias y no las diferencias, tratemos de entender el motivo de los arrebatos, busquemos dentro de nosotros empatía. No es contra un gobierno, alguien en particular, es contra este sistema en el que fuimos criados e invisibilizamos la violencia, aprendimos a vivir con ella, es tiempo de parar.

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¿Por qué lo liberaron? Cienfuegos, la extraña exoneración. Por Caleb Ordóñez T.

Caleb Ordóñez T.

El todopoderoso hombre de las fuerzas armadas mexicanas había colgado su vestimenta verde siempre pulcra, llena de medallas de honor; para utilizar el recién lavado uniforme naranja de la prisión neoyorquina.

Salvador Cienfuegos Zepeda estaba siendo acusado por cuatro delitos relacionados con el narcotráfico: él insiste, una y otra vez, en su inocencia. Sin embargo, la Administración de Control de Drogas? (DEA) lo acusa con aversión.

Quienes conocen personalmente a Cienfuegos, aseguran que su rostro siempre de semblante duro, contrasta con la actitud negociadora y amable del célebre personaje. El hoy caído y acusado militar ha vivido el averno y abismo. Pues ya se le ha tatuado en la frente, casi por endoso, que es culpable de tres cargos de conspiración para manufacturar, importar y distribuir cocaína, metanfetamina y marihuana, además de un cargo por lavado de dinero.

Quienes fueron los primeros en arrojar las piedras contra el inculpado, son los alentadores o admiradores de la 4T, quienes de manera desaforada aplaudían la caída del ex funcionario de Enrique Peña Nieto y aseguraban que era un logro del gobierno mexicano.

Incluso, el presidente Andrés Manuel López Obrador, al conocer de la captura de Cienfuegos el pasado 16 de octubre, ironizó y aseguró entonces que “no todos los militares están involucrados en el caso”. Además, fuera de presumir la inocencia del acusado, AMLO sentenció “No vamos a encubrir a nadie. Ya pasó ese tiempo”.

Pero no pasó mucho tiempo y la situación se puso difícil entre el gobierno federal y el ejército mexicano. Muchos de los militares que ocupan los puestos más importantes, por obviedad, son muy cercanos a su ex jefe. A tal grado que decidieron no cooperar más con las autoridades norteamericanas mientras duraran las incriminaciones contra el ex titular de la SEDENA y presionar al gobierno mexicano para no ensuciar a la institución.

Ante este escenario, tanto la actitud del presidente mexicano, como la del canciller, Marcelo Ebrard, dieron un giro inesperado…

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Que extraño es no extrañar. Por Itali Heide

Itali Heide

Todo parecía surreal en marzo, un mes que parece como si hubiera sucedido hace una eternidad. De un momento a otro, México se convirtió en un pueblo fantasma, con el cierre de escuelas, oficinas vacías y puertas cerradas. Para pasar el tiempo y conectarnos con nuestros queridos, nos pusimos creativos. Festejos de cumpleaños por videollamada, besos a través de la ventana, noches de películas compartidas y mensajes emotivos acompañados de recuerdos.

Poco a poco, la emoción fue desvaneciendo. Las videollamadas se hicieron menos frecuentes, las películas ya no entretenían como antes y un abrazo a la distancia no se sentía igual. Ahora, socializar parecía más un quehacer que un escape. ¿Qué nos pasó?

Quizás no deberíamos de exigirnos tanto. Socializar y conectarnos es importante, pero también podemos aprender mucho de la soledad. Lo primero que debemos hacer, es aceptar la realidad: no regresaremos a la ‘normalidad’. COVID marca un antes y un después en la historia, dejándonos con la única opción de adaptarnos a la nueva normalidad.

COVID está cambiando la forma en que los seres humanos socializan. (Imagen: Unsplash)

Podemos establecer formas más sostenidas de conectarnos en línea. A veces, reenviar un meme o comentar una foto es suficiente para mantener viva la flama de cariño y amistad. Una llamada de vez en cuando, y un sinfín de recuerdos para sentirnos conectados aún a la distancia. Para otras personas, socializar en redes sociales es su chaleco salvavidas. Las pláticas de zoom abundan, y sin ese escape la soledad se apodera de ellos. Nuestra nueva vida social post-COVID se crea en torno a sentimientos de aislamiento, soledad, preocupación y culpa.