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México

El monero ‘Trino’ sufrió un intento de secuestro en Jalisco

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El caricaturista José Trinidad Camacho Orozco sufrió un intento de secuestro el pasado jueves 11 de junio, cuando se trasladaba de la ciudad de Guadalajara a Chapala.

Jalisco.- El caricaturista del diario Reforma «Trino» Camacho escapó de un intento de secuestro el pasado 11 de junio en la carretera que enlaza a las ciudad de Guadalajara con Chapala.

En entrevista con Adela Micha, el caricaturista narró cómo un vehículo le cerró el paso cuando regresaba de grabar un programa de radio rumbo a su domicilio.

Del vehículo Sedán descendieron dos sujetos armados que comenzaron a amenazarlo y aseguraron que «iban por él», aunque en ningún momento mencionaron su nombre.

José Trinidad Camacho entregó las llaves de su auto y una mochila con pertenencias y dinero a los delincuentes, pero éstos insistían en «levantarlo», por lo que opuso resistencia y fue golpeado en la cabeza.

El monero se hizo «el desmayado» y los agresores intentaron levantarlo, pero otro vehículo pasó junto al lugar y Camacho aprovechó la distracción para huir corriendo entre la maleza hasta un encontrarse con un velador cerca del Fraccionamiento Buena Vista.

En ese lugar espero hasta el arribo de las autoridades. El ataque ocurrió a la altura de Ixtlahuacán de los Membrillos y entre las pérdidas se encuentran documentos oficiales, como pasaporte y visa, además de una ipad y un teléfono celular. 

De acuerco con el también escritor, los delincuentes no lo tenían como «objetivo» sino que fue una víctima más de la delincuencia en el estado. «Trino» ya presentó una denuncia ante la policía.

«Esto está muy mal, está terrible. Guadalajara en general no estaba así, soy parte de lo que le pasa a la gente común y corriente. Lo único que piensas es volver a ver a tu familia, el instinto fue ese, salir corriendo, fue lo que se me ocurrió. Un rato muy largo, lo peor de mi vida».

Fuente: SDP Noticias

México

México y Estados Unidos pactan entregas de agua del río Bravo bajo tratado de 1944

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México y Estados Unidos alcanzaron un acuerdo técnico para la gestión y entrega de agua en la cuenca del río Bravo, en apego al Tratado de Aguas de 1944, en un contexto marcado por una sequía extrema que ha presionado a comunidades, productores agrícolas y ecosistemas a ambos lados de la frontera.

El entendimiento es resultado de meses de negociaciones técnicas y políticas, y tiene como objetivo garantizar el cumplimiento del tratado, al tiempo que se protege el derecho humano al agua y a la alimentación. A través de un comunicado conjunto, las secretarías de Relaciones Exteriores, Agricultura y Medio Ambiente, junto con la Comisión Nacional del Agua, confirmaron el compromiso de México para realizar entregas mínimas anuales conforme a las condiciones hidrológicas de la cuenca y a los mecanismos establecidos en el acuerdo binacional.

Como parte del nuevo esquema, México se comprometió a entregar al menos 350 mil acres-pie de agua por año, equivalentes a 431.7 millones de metros cúbicos, durante el próximo ciclo de cinco años. Este volumen permitirá avanzar en el cumplimiento del tratado mientras se implementa un plan para saldar la deuda acumulada del periodo quinquenal anterior y evitar nuevos déficits hídricos.

La presidenta Claudia Sheinbaum informó que el acuerdo fue construido en coordinación con los gobernadores de los estados del norte del país, con el fin de diseñar un esquema de afectación mínima que permita cumplir con los compromisos internacionales sin comprometer el abasto interno. Entre las entidades involucradas se encuentran Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León y Sonora, regiones que dependen en gran medida del río Bravo para el consumo humano y las actividades productivas.

El plan técnico acordado contempla una gestión más ordenada del recurso, reuniones mensuales de seguimiento y acciones de planeación de largo plazo que incluyen infraestructura, adaptación al cambio climático y una distribución más previsible del agua. Autoridades mexicanas subrayaron que el Tratado de 1944 continúa siendo un instrumento clave para salvaguardar los intereses nacionales y la estabilidad agrícola.

Desde Estados Unidos, funcionarios señalaron que el acuerdo fortalece la seguridad hídrica del sur de Texas y beneficia a agricultores y ganaderos del Valle del Bajo Río Grande, en una región afectada por la caída histórica de los niveles del río, la sobreexplotación y la contaminación del afluente.

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