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INFORMES LEGISLATIVOS, PARAFERNALIA Y AUTOPROMOCION POR VICTOR M. QUINTANA S.

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INFORMES LEGISLATIVOS, PARAFERNALIA Y AUTOPROMOCION

Por: Víctor M. Quintana S.

Los informes de las diputadas, diputados, senadoras y senadores, con raras y muy honrosas excepciones, se han desvirtuado y se han convertido en un instrumento de autopromoción personal y de realización de campañas electorales anticipadas.

En el umbral de las elecciones locales de 2016, nuestros espacios urbanos- y hasta carreteros- se ven ahora pletóricos de espectaculares anunciando a todo vuelo el “informe de labores legislativas” de legisladoras y legisladores. El gasto que implica la promoción de dichos informes, así como la parafernalia de su presentación, rentas de local, equipo audiovisual, etc. Y habría también que ver de dónde proviene: ¿de un rubro especial de los congresos para dichos informes? ¿de las dietas de las y los legisladores? En todo caso, directa o indirectamente, el erario sufraga el “apantalle” de que la ciudadanía es objeto.

Que quien ocupa un puesto de representación popular debe informar a sus representados es indudable. La cuestión importante aquí son los cómos y los cuándos y los qués.

Los cómos: las fotos, videos, etc. de los promocionales de los informes parecen una canonización en vida del legislador o legisladora en cuestión. La lectura de su informe es una apoteosis de su persona, en el sentido más etimológico del término: su entronización “entre los dioses” de la política. Si se ha logrado que los informes de los jefes del ejecutivo nacional o estatales se entreguen por escrito, y ante ellos haya un posicionamiento crítico de los diversos grupos parlamentarios, ¿por qué no se hace lo mismo con las y los legisladores? Que entreguen o pongan a disposición en internet su informe y por esta vía se reciban posicionamientos críticos de la ciudadanía.

Los cuándos: la tecnología moderna permite que haya una información continua y actualizada de las actividades de las y los legisladores. Entrando a las páginas del Congreso de la Unión o de los congresos de los estados se pueden ver los posicionamientos y el sentido del voto de cada uno de ellos. Además, casi todos tienen su sitio personal o de redes sociales. Ahí se puede dar seguimiento a la cotidianeidad de su labor. Sin embargo, la experiencia de algunos conciudadanos y la mía propia es que las y los señores legisladores no responden cuando se les plantean críticas o cuando se les pide cuentas de por qué votaron en un sentido o en otro. Dos ejemplos: ningún legislador o legisladora federales o locales de los que votaron a favor de la traqueteada Reforma Energética de Peña Nieto respondieron a nuestro cuestionamiento de justificar el por qué sufragaron en ese sentido. Mucho menos aceptaron un debate público al respecto. Lo mismo sucedió con los y las legisladoras a quienes se cuestionó por su apoyo a las reformas duartistas de los códigos de procedimientos civiles y familiares del estado de Chihuahua. Su silencio y complicidad de entonces son directamente proporcionales al boato de sus informes de ahora. Quienes entonces votaron en favor de códigos sexistas, discriminadores de la mujer, ahora presumen su “apoyo a la familia”.

Los qués: casi parece una ley: a menor contenido legislativo del informe, a mayor debilidad de la labor dura y básica del legislador, mayor énfasis del informe en las acciones de “gestoría”. Las y los diputados y senadores fueron electos para legislar, ser contrapeso efectivo del Ejecutivo, vigilar las finanzas públicas, representar los intereses de la ciudadanía. Para eso se les paga y mejor que a todos los legisladores de América Latina. Sin embargo, como muchas veces su labor en estos campos básicos de la representación popular es muy endeble, echan cortinas de humo con sus acciones “de gestoría”: conseguir despensas, láminas para vivienda, acciones de salud, etc. Esta es una labor que corresponde al Ejecutivo y éste debe operar los mecanismos para que esas acciones lleguen de manera expedita e igualitaria a los gobernados. El que lleguen gracias a la “gestoría” de las y los legisladores siempre les imprime un sello clientela y partidista. ¿O usted cree que un funcionario del Ejecutivo reparte beneficios por igual a los legisladores de su partido y a los de los partidos rivales para que a su vez los distribuyan? Toda acción de “gestoría” realizada de esta manera es una reproducción de los privilegios políticos de quien la realiza y del partido a que representa.

Cada servidor público o representante popular debe informar de sus actividades en estricto cumplimiento de su obligación. Pero debe hacerlo con austeridad y veracidad republicanas, de manera continua y dialógica, abierta a cuestionamientos, no sólo al final de un año de labores, sino en cualquier momento que la ciudadanía los interpele, les pida cuentas.

Diputadas, diputados, senadoras y senadores siguen siendo el segmento de actores de la vida pública de este país con peores evaluaciones y con menos credibilidad por parte de la ciudadanía, según señalan diversas encuestas y estudios de opinión. Y la parafernalia de sus informes no va a contrarrestar esta percepción. Todo lo contrario.

do desde Correo de Windows

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Chihuahua, la gran batalla. Por Caleb Ordóñez T.

Andrea Chávez hizo prácticamente todo lo imaginable para convertirse en candidata a gobernadora de Chihuahua. Recorrió el estado durante años, apareció en espectaculares, inundó las redes, protagonizó polémicas nacionales, consiguió el respaldo de Adán Augusto López y tuvo al PT amenazando prácticamente con una rebelión si Morena no la elegía. Construyó alrededor de su nombre esa sensación tan mexicana, de antaño, de que una candidatura ya estaba decidida antes de decidirse.

Y pues, perdió.

No por mucho. En la pregunta definitiva de Morena, Cruz Pérez Cuéllar obtuvo 31.53% contra 30.61% de Andrea. Apenas 0.92 puntos. Pero debajo de aquella diferencia microscópica aparecieron datos bastante más interesantes: Cruz tenía mayor conocimiento que quizá solo los chihuahuenses entenderían, fue un 64.75% contra 51.17%; también quedó arriba cuando se preguntó quién sería mejor candidato y registró mayor disposición de voto. El mecanismo ponderado terminó otorgándole 8.5 puntos contra 1.5. Una tremenda paliza.

Andrea construyó visibilidad. Cruz conservó los factores reales del poder. Y ésa puede ser la primera gran lección de Chihuahua rumbo a 2027.

Porque Cruz es un político de una estructura de antaño; otra escuela. Fue dirigente estatal partidista, diputado local, diputado federal, senador por Morena y dos veces alcalde de Ciudad Juárez. Ya había perdido una candidatura al gobierno estatal pues no tenía presupuesto, luego regresó a Juárez, hizo puentes con AMLO y Sheinbaum, reconstruyó y esperó.

Pertenece a esa generación que aprendió política de primer nivel antes de TikTok: conocer municipios, relacionarse con empresarios, campesinos, ganaderos, comerciantes, dirigentes seccionales, hacerse amigo de adversarios y hasta esquivar los rencores personales que muchas veces pesan más que cualquier encuesta.

No creo que sea fácil.

Pero suele ser bastante bastante útil.

Quizá por eso su primera reacción después de derrotar a Andrea no fue cobrar facturas. “La voy a buscar”, le dijo con ánimo conciliador al periodista Joaquín López-Dóriga. La llamó un activo de Morena y habló inmediatamente de unidad, estructura territorial y diálogo.

Cruz entendió algo elemental: ganó la candidatura, pero todavía no gana Chihuahua.

Y para ganar Chihuahua necesita a Andrea y a su gente.

Después de semejante inversión política -y económica-, Chávez no desaparece porque perdió una encuesta. Conserva reconocimiento, operadores, seguidores en redes sociales, relaciones nacionales y una estructura construida durante años. Además es juarense, justamente donde Cruz deberá resolver una de las sucesiones municipales más importantes del país.

¿Andrea candidata a la alcaldía de Ciudad Juárez?

Hoy sería especulación.

Pero tampoco hay que ser Maquiavelo para imaginar la posibilidad.

Una Andrea verdaderamente incorporada, llevando a su estructura hacia Juárez mientras Cruz concentra su operación estatal, podría transformar la batalla interna más peligrosa de Morena en una alianza electoral formidable. Ella tendría futuro; Cruz tendría unidad; Morena conservaría dos estructuras que hasta hace unos días estaban intentando derrotarse.

Para conseguirlo ambos tendrían que tragarse algo.

Andrea, el orgullo.

Cruz, las facturas pendientes.

Eso se llama política.

La otra posibilidad es mucho más entretenida para el PAN: que Andrea se retire, que sus operadores se dispersen o, peor todavía, que comience el deporte favorito de los partidos mexicanos cuando alguien pierde una interna: el fuego amigo. Una elección competitiva puede perderse por los votos que obtiene el adversario, pero también por aquellos que tus propios aliados deciden no ayudarte a conseguir.

Cruz parece dispuesto a intentar la operación cicatriz, aunque no con todos. Con Andrea quiere hablar. Con Javier Corral, no se tomará ni un café. Cuando López-Dóriga le preguntó por el exgobernador, respondió que no es su compañero y que no quiere su apoyo. Incluso consideró que ser su enemigo es un gran premio, pues en Chihuahua no quieren al exgobernador.

Ahí también hay oficio.

Cruz parece distinguir perfectamente entre Andrea y todos los personajes que se acomodaron alrededor de Andrea. Una cosa es integrar a quien prácticamente empató la medición final y otra organizar una posada para abrazarse con cada adversario acumulado durante veinte años.

Unidad no significa amnesia.

Mientras tanto, en el PAN deben estar haciendo cuentas.

Marco Bonilla gobierna la capital y pertenece al partido que controla el estado. Tiene estructura, exposición, pocos negativos y el enorme activo de competir desde el principal bastión panista. Pero enfrente tendrá a un político que gobierna la ciudad más poblada de Chihuahua, conoce los sectores económicos y políticos del estado y lleva décadas construyendo relaciones más allá de los partidos.

Las encuestas cuentan historias diferentes. Algunas han colocado a Cruz con ventajas muy importantes; otras han puesto a Bonilla competitivo. Eso significa algo mucho más divertido que una elección resuelta:

Hay elección.

Y Chihuahua capital será una batalla dentro de la gran batalla. El PAN conserva ahí su principal fortaleza, pero también tendrá que administrar sus diferencias internas que son verdaderamente hostiles. Morena deberá demostrar que puede trasladar hacia el centro del estado la fuerza que posee en Juárez. Cruz tendrá que convertir poder territorial en una coalición estatal; Bonilla, transformar una plataforma capitalina en un proyecto para 67 municipios.

Porque Chihuahua no será una elección más.

Para Morena es la joya que todavía no posee. La izquierda contemporánea nunca ha gobernado el estado y conquistarlo tendría un enorme valor político y simbólico. Para el PAN significa exactamente lo contrario: Chihuahua forma parte intrínseca de su historia y perderlo sería entregar uno de sus bastiones nacionales fundamentales.

La paradoja es maravillosa. Un estado que nunca ha tenido un gobierno estatal de izquierda tiene profundas conexiones con la izquierda que gobierna México. Bertha Luján, chihuahuense, presidió el Consejo Nacional de Morena y es madre de Luisa María Alcalde y Bertha Alcalde. María Sorté, madre de Omar García Harfuch, nació en Camargo. Andrea es juarense. Cruz también construyó desde Juárez su principal fortaleza política.

E insisto, Chihuahua nunca ha sido gobernado por la izquierda.

Pero demasiados caminos de la izquierda nacional conducen hacia Chihuahua. Tierra que la presidenta ha llamado “su Estado favorito”.

Por eso todos van a ir.

Morena buscará aquello que todavía no tiene. El PAN defenderá aquello que no puede permitirse perder. El PT tendrá que acomodarse después de haber apostado abiertamente por Andrea. La gobernadora Maru Campos defenderá su legado y Marco Bonilla tendrá que salir de la comodidad de la capital y hacer campaña lo más pronto posible.

Y en medio estarán Cruz y Andrea.

Ella tendrá que decidir qué hacer con su derrota.

Él, qué hacer con su victoria.

Falta más de un año.

Pero Chihuahua ya dejó de prepararse para el 2027.

Chihuahua ya está en el 2027 y el país entero querrá saber qué sucederá ahí. Podría convertirse en la madre de todas las batallas.

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