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México

Gasolinazo de agosto será el mayor en 18 años

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Los precios de las gasolinas en México registrarán en agosto su mayor crecimiento en 18 años desde noviembre de 1998.

La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) informó que a partir del próximo mes el precio de la gasolina Magna se elevará a 13.96 pesos el litro, desde los 13.40 actuales, lo que implica un crecimiento de 4.2 por ciento, el mayor en 18 años. Además, ya se ubicó cerca de su precio límite, de 13.98 pesos.

En el caso de la Premium, su incremento será de 3.1 por ciento, al pasar de 14.37 a 14.81 pesos por litro y ése será su mayor avance desde noviembre de 2006.
De acuerdo con Guillermo Aboumrad, director de Estrategias de Mercado de Finamex Casa de Bolsa, los incrementos en las gasolinas tendrán un impacto de 0.21 puntos en la inflación de agosto. Asimismo, estimó que el crecimiento anual en los precios al consumidor se colocará en el mes ligeramente por arriba del 3 por ciento.

“Lo que nos preocupa son los impactos indirectos de estas alzas, pues sabemos que en México la mayoría de las mercancías se transporta por carretera y además se esperan efectos en los precios de los servicios”, dijo.

El especialista mencionó que Finamex aún mantiene la expectativa de una inflación de 3.2 por ciento para todo el año, pero estarán atentos para monitorear los impactos indirectos y cómo lo toman las empresas, ya que desde hace mucho no había un aumento tan elevado en los precios del combustible.

Por otra parte, el especialista indicó que las fórmulas y el esquema de bandas para determinar los precios de las gasolinas están creando un problema para la liberación del mercado de importación de gasolinas, porque resulta que esto le obligaría al importador vender el combustible más barato de lo que le cuesta, “no es una forma de estimular el mercado de importación”.

 

 

El Financiero

México

México y Estados Unidos pactan entregas de agua del río Bravo bajo tratado de 1944

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México y Estados Unidos alcanzaron un acuerdo técnico para la gestión y entrega de agua en la cuenca del río Bravo, en apego al Tratado de Aguas de 1944, en un contexto marcado por una sequía extrema que ha presionado a comunidades, productores agrícolas y ecosistemas a ambos lados de la frontera.

El entendimiento es resultado de meses de negociaciones técnicas y políticas, y tiene como objetivo garantizar el cumplimiento del tratado, al tiempo que se protege el derecho humano al agua y a la alimentación. A través de un comunicado conjunto, las secretarías de Relaciones Exteriores, Agricultura y Medio Ambiente, junto con la Comisión Nacional del Agua, confirmaron el compromiso de México para realizar entregas mínimas anuales conforme a las condiciones hidrológicas de la cuenca y a los mecanismos establecidos en el acuerdo binacional.

Como parte del nuevo esquema, México se comprometió a entregar al menos 350 mil acres-pie de agua por año, equivalentes a 431.7 millones de metros cúbicos, durante el próximo ciclo de cinco años. Este volumen permitirá avanzar en el cumplimiento del tratado mientras se implementa un plan para saldar la deuda acumulada del periodo quinquenal anterior y evitar nuevos déficits hídricos.

La presidenta Claudia Sheinbaum informó que el acuerdo fue construido en coordinación con los gobernadores de los estados del norte del país, con el fin de diseñar un esquema de afectación mínima que permita cumplir con los compromisos internacionales sin comprometer el abasto interno. Entre las entidades involucradas se encuentran Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León y Sonora, regiones que dependen en gran medida del río Bravo para el consumo humano y las actividades productivas.

El plan técnico acordado contempla una gestión más ordenada del recurso, reuniones mensuales de seguimiento y acciones de planeación de largo plazo que incluyen infraestructura, adaptación al cambio climático y una distribución más previsible del agua. Autoridades mexicanas subrayaron que el Tratado de 1944 continúa siendo un instrumento clave para salvaguardar los intereses nacionales y la estabilidad agrícola.

Desde Estados Unidos, funcionarios señalaron que el acuerdo fortalece la seguridad hídrica del sur de Texas y beneficia a agricultores y ganaderos del Valle del Bajo Río Grande, en una región afectada por la caída histórica de los niveles del río, la sobreexplotación y la contaminación del afluente.

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