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México

Pronostica Conagua 50 frentes fríos para la temporada 2016-2017

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Para la actual temporada, que abarca de septiembre de 2016 a mayo de 2017, ingresarán al país 50 frentes fríos informó la Comisión Nacional del Agua (Conagua).
Con esa cifra, la temporada 2016-2017 tendría una cantidad semejante al promedio histórico, que es de 51 sistemas, de acuerdo a la climatología 2001-2015, destacó.
A través del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), el organismo detalló que durante septiembre se pronosticaron tres frentes fríos, de los cuales se han registrado dos; para octubre y noviembre se esperan cinco en cada mes, y en diciembre podrían ingresar ocho sistemas al territorio nacional.
De enero a marzo del próximo año se estima que sean 21 sistemas frontales, es decir siete frentes fríos en cada mes; en abril cinco sistemas y en mayo tres.
De acuerdo con las estadísticas de los 15 años más recientes, la temporada de frentes fríos más activa fue la de 2015-2016, cuando de septiembre a mayo ingresaron 62 sistemas frontales, a los que se sumaron los dos frentes fríos registrados en junio, es decir, fuera de temporada.
Según las predicciones del Instituto de Investigación para el clima y la Sociedad de la Universidad de Columbia, la perspectiva refleja la actual fase neutra de El Niño-Oscilación del Sur, que se prevé se extienda hasta el invierno 2016-2017.
Destacó que un frente frío y su masa de aire pueden generar lluvias, granizo, descenso brusco de temperatura, bajas temperaturas, heladas, nevadas, vientos fuertes, viento del norte, así como tormentas invernales.
La Conagua y el SMN exhortan a la población a mantenerse pendientes sobre la actualización relacionada con la temporada 2016-2017 de frentes fríos que se realizará en noviembre, previo a la temporada invernal mediante la cuenta de Twitter @conagua_clima.

México

México y Estados Unidos pactan entregas de agua del río Bravo bajo tratado de 1944

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México y Estados Unidos alcanzaron un acuerdo técnico para la gestión y entrega de agua en la cuenca del río Bravo, en apego al Tratado de Aguas de 1944, en un contexto marcado por una sequía extrema que ha presionado a comunidades, productores agrícolas y ecosistemas a ambos lados de la frontera.

El entendimiento es resultado de meses de negociaciones técnicas y políticas, y tiene como objetivo garantizar el cumplimiento del tratado, al tiempo que se protege el derecho humano al agua y a la alimentación. A través de un comunicado conjunto, las secretarías de Relaciones Exteriores, Agricultura y Medio Ambiente, junto con la Comisión Nacional del Agua, confirmaron el compromiso de México para realizar entregas mínimas anuales conforme a las condiciones hidrológicas de la cuenca y a los mecanismos establecidos en el acuerdo binacional.

Como parte del nuevo esquema, México se comprometió a entregar al menos 350 mil acres-pie de agua por año, equivalentes a 431.7 millones de metros cúbicos, durante el próximo ciclo de cinco años. Este volumen permitirá avanzar en el cumplimiento del tratado mientras se implementa un plan para saldar la deuda acumulada del periodo quinquenal anterior y evitar nuevos déficits hídricos.

La presidenta Claudia Sheinbaum informó que el acuerdo fue construido en coordinación con los gobernadores de los estados del norte del país, con el fin de diseñar un esquema de afectación mínima que permita cumplir con los compromisos internacionales sin comprometer el abasto interno. Entre las entidades involucradas se encuentran Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León y Sonora, regiones que dependen en gran medida del río Bravo para el consumo humano y las actividades productivas.

El plan técnico acordado contempla una gestión más ordenada del recurso, reuniones mensuales de seguimiento y acciones de planeación de largo plazo que incluyen infraestructura, adaptación al cambio climático y una distribución más previsible del agua. Autoridades mexicanas subrayaron que el Tratado de 1944 continúa siendo un instrumento clave para salvaguardar los intereses nacionales y la estabilidad agrícola.

Desde Estados Unidos, funcionarios señalaron que el acuerdo fortalece la seguridad hídrica del sur de Texas y beneficia a agricultores y ganaderos del Valle del Bajo Río Grande, en una región afectada por la caída histórica de los niveles del río, la sobreexplotación y la contaminación del afluente.

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