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México

Estiman 3 mil casas dañadas en Guerrero por huracán ‘Max’

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El gobierno de Guerrero informó que la cifra de viviendas afectadas por las fuertes lluvias y vientos que dejó el huracán Max a su paso por los municipios de la Costa Chica del estado, podría llegar a tres mil.

El gobernador Héctor Astudillo Flores informó que los reportes más recientes indican que más de mil 500 viviendas fueron afectadas por inundaciones, al desbordarse 17 ríos y arroyos, pero estimó que, de acuerdo al censo que aún se realiza, el número se elevaría a tres mil, sólo en municipios de la Costa Chica.
El mandatario estatal se reunió en el municipio de Copala, uno de los más afectados, con alcaldes de los municipios de esta región, donde se presentaron las acciones para ayudar a la población.

En el poblado de Petatlán, en la Costa Grande, se tienen cuantificadas más de 400 viviendas con inundaciones.

Además se informó que este lunes 18 de septiembre no habrá clases en las escuelas de la región de Costa Chica, ni en el municipio de Iliatenco, en la Montaña, debido al recuento y evaluación que se hará en los edificios que sufrieron daños.
La Secretaría de Educación Guerrero, junto con el Instituto Guerrerense de la Infraestructura Física Educativa (IGIFE) y la Secretaría de Protección Civil, harán un recorrido para evaluar todas los planteles de la zona y determinar cuáles deberán mantener la suspensión o reiniciar las clases.

El mandatario estatal dio a conocer que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) restableció la carretera federal Acapulco–Pinotepa Nacional, Oaxaca.

Asimismo, informó que la energía eléctrica se restableció en su mayoría en los municipios de la Costa Chica.

Los daños ocasionados por este fenómeno meteorológico van desde cortes de carreteras, así como en cultivos de maíz y plátano, por lo que los productores recibirán apoyo por parte de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Rural de Guerrero.

México

México y Estados Unidos pactan entregas de agua del río Bravo bajo tratado de 1944

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México y Estados Unidos alcanzaron un acuerdo técnico para la gestión y entrega de agua en la cuenca del río Bravo, en apego al Tratado de Aguas de 1944, en un contexto marcado por una sequía extrema que ha presionado a comunidades, productores agrícolas y ecosistemas a ambos lados de la frontera.

El entendimiento es resultado de meses de negociaciones técnicas y políticas, y tiene como objetivo garantizar el cumplimiento del tratado, al tiempo que se protege el derecho humano al agua y a la alimentación. A través de un comunicado conjunto, las secretarías de Relaciones Exteriores, Agricultura y Medio Ambiente, junto con la Comisión Nacional del Agua, confirmaron el compromiso de México para realizar entregas mínimas anuales conforme a las condiciones hidrológicas de la cuenca y a los mecanismos establecidos en el acuerdo binacional.

Como parte del nuevo esquema, México se comprometió a entregar al menos 350 mil acres-pie de agua por año, equivalentes a 431.7 millones de metros cúbicos, durante el próximo ciclo de cinco años. Este volumen permitirá avanzar en el cumplimiento del tratado mientras se implementa un plan para saldar la deuda acumulada del periodo quinquenal anterior y evitar nuevos déficits hídricos.

La presidenta Claudia Sheinbaum informó que el acuerdo fue construido en coordinación con los gobernadores de los estados del norte del país, con el fin de diseñar un esquema de afectación mínima que permita cumplir con los compromisos internacionales sin comprometer el abasto interno. Entre las entidades involucradas se encuentran Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León y Sonora, regiones que dependen en gran medida del río Bravo para el consumo humano y las actividades productivas.

El plan técnico acordado contempla una gestión más ordenada del recurso, reuniones mensuales de seguimiento y acciones de planeación de largo plazo que incluyen infraestructura, adaptación al cambio climático y una distribución más previsible del agua. Autoridades mexicanas subrayaron que el Tratado de 1944 continúa siendo un instrumento clave para salvaguardar los intereses nacionales y la estabilidad agrícola.

Desde Estados Unidos, funcionarios señalaron que el acuerdo fortalece la seguridad hídrica del sur de Texas y beneficia a agricultores y ganaderos del Valle del Bajo Río Grande, en una región afectada por la caída histórica de los niveles del río, la sobreexplotación y la contaminación del afluente.

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