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El turismo en tiempos de Covid: De la nueva normalidad al Nuevo comienzo

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¡El turismo del futuro es ahora y no hay tiempo que perder!

Por Fernando Mandri Bellot (Experto en, calidad turística, marketing, planificación y desarrollo turístico, con más de 20 años de experiencia nacional e internacional, es Doctor Honoris Causa por el Claustro Doctoral Iberoamericano y Master en Turismo por la Universidad de las Palmas de Gran Canaria, España) www.integra-tourism.com

Muchos expertos hablan del turismo post covid y de la nueva normalidad que estamos viviendo día a día y no solo en el sector turístico sino en todas las actividades que realizamos de manera cotidiana, ir al supermercado, la escuela de nuestros hijos, nuestros momentos de ocio y prácticamente cualquier actividad social que se nos ocurra ha cambiado. A todos nos gustaría pensar que es un cambio pasajero, que comenzaba con el encierro de 2 semanas que hasta ahora se ha convertido en 4 meses y qué según la dramática realidad de las cifras, sigue en aumento a nivel mundial y tomará sin duda alguna, mucho más tiempo.

El Covid infectó y mató el modelo de desarrollo turístico como lo conocimos, puso en evidencia sus más grandes carencias y sobre todo su gran desigualdad entre los que explotamos, vivimos y consumimos turismo contra las comunidades locales y el medio ambiente que los acogen.

¡Fechas, tiempos, plazos! Por supuesto que todos necesitábamos una fecha, un horizonte de tiempo que nos dijera cuando empezar. Una fecha que nos ayudara a retomar actividades, a volver a lo que llamábamos vida cotidiana. Pero al final, aún con fechas propuestas, no ha podido ser la misma cotidianidad que teníamos. ¡Porqué? Simple y sencillamente porque esa vida de momento ya no existe y en el corto plazo no existirá. Todos los sectores productivos se han visto de alguna manera afectados, de los que más, nuestro querido sector turístico.

Los destinos simplemente no resisten mas encierro, mas paro de actividades y más distancia, necesitan activarse para su propia supervivencia con los modelos actuales. Sin embargo, hasta el día de hoy, no estamos pensando en que esto pueda ser un proceso mucho más largo de lo que ya es y además con muchas peculiaridades que hasta el día de hoy no se están tomando en cuenta.

Las pandemias han sido históricamente cíclicas y siempre la humanidad se ha sobrepuesto a ellas, sin embargo, ha tomado muchas víctimas y se han orquestado grandes cambios, tecnológicos gracias a ellas. Una vez más en pleno siglo 21, con nuestra impresionante moderna tecnología y con nuestras economías globales y poderosas, no hemos podido con ella y no podremos con ella mientras no exista una cura o un tratamiento que garantice que se puede uno reponer a tan graves consecuencias que causa este nuevo virus. Muchos países ya viven el rebrote y los que vamos detrás, no queremos ver que esto pueda llegar a existir, pero la realidad es, que es muy posible que todos nos infectemos de este virus y que todos debamos enfrentarlo tarde o temprano.

Los modelos turísticos acaban de sufrir su más grande cataclismo desde que comenzó la actividad y lo que llamábamos desarrollo no lo es, ni será más. Tendremos si o si, que reinventarnos y dar paso a un nuevo comienzo, mucho más humano, mucho más consciente, más equitativo y mucho más participativo, pero también mucho más responsable y seguro en todos los sentidos. Ninguna terminal aérea del mundo, ningún avión, ningún autobús, ningún tren están diseñados para la sana distancia, no existe un solo hotel en el mundo que pueda garantizar un “no contagio”, no hay una sola infraestructura masiva (Cines, Centros Comerciales, Tiendas, etc.) que se adapte a lo que nos están queriendo hacer creer como la “nueva normalidad”.

Quizás la nueva normalidad sea un nuevo comienzo, un “reset”, un volver a empezar. De alguna manera la naturaleza recuperó su fuerza, contra restó al más grande depredador que haya existido en este mundo y lo puso quieto, encerrado y en espera de que algo pase. No se debe esperar, se deben pensar en los nuevos modelos que por utópicos que parezcan, por difíciles que sean y por caros que puedan llegar a ser, van a ser lo únicos que nos lleven a un nuevo comienzo. Quedó claro que como estamos, el modelo existente no va a sobrevivir y como seguimos pensando que esto se arregla en días o quizás meses, contamos que volveremos a lo “mismo”. En opinión de este humilde profesional, el nuevo comienzo ya empezó, ya existen modelos disruptivos como “Turismo del Futuro”, en donde estos temas se empiezan a vislumbrar. Esto tiene que escalar a todo el sector, a los grandes empresarios e inversionistas, a titulares de organismos de promoción y en definitiva a todos los gobiernos, para que realmente el cambio avance. Muchos se angustian por el tiempo que tardará retomar la “normalidad” sin pensar que es tiempo que están dejando para cambiar e iniciar un NUEVO COMIENZO.

Despertemos, cambiemos, adaptémonos y sobre todo MEJOREMOS, como seres humanos, como profesionales, como miembros de una sociedad que necesita que los modelos evolucionen para mejor; que sean más accesibles, más incluyentes, más socialmente responsables, más sustentables, pero sobre todo más MODERNOS. Basta de reutilizar modelos, creemos nuevos!.

www.integra-tourism.com

Opinión

La embajada, ¿un salvavidas para Adán Augusto? Por Caleb Ordóñez T.

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El rumor corrió con fuerza, como suelen correr las versiones que no nacen en el vacío. En los pasillos del poder se empezó a repetir una misma idea: Adán Augusto López Hernández estaría explorando —o incluso negociando— su salida del Senado a cambio de una embajada. No como castigo, no como premio, sino como salida política. Cuando un trascendido de ese tamaño se vuelve insistente, no es porque alguien quiera inventar una historia, sino porque el sistema está buscando una válvula de escape.

En política, los fuertes rumores no siempre anticipan hechos, pero casi siempre revelan tensiones. Y hoy, la tensión alrededor de Adán Augusto es real, profunda y multicausal.

Caleb Ordóñez T.

Desde que asumió como coordinador del grupo mayoritario en el Senado, su figura pasó de ser un operador eficaz en la sombra a un protagonista expuesto todos los días. El Senado es una máquina de desgaste: cada sesión suma presión, cada negociación deja heridos, cada escándalo se amplifica. Y Adán Augusto llegó a ese espacio con una mochila pesada, cargada de pasado, poder y enemigos.

Porque no es un senador más. Es exsecretario de Gobernación, exgobernador, aspirante presidencial frustrado y, sobre todo, líder de un grupo político interno tan disciplinado como polémico, que hoy empuja candidaturas por todo el país. Gobernaturas, alcaldías, congresos locales, espacios estratégicos rumbo a 2027. Ese movimiento no es clandestino ni improvisado: es una estructura que incomoda porque compite, porque presiona y porque recuerda que el poder dentro del oficialismo no es monolítico.

Ahí comienza el problema.

La llegada de una nueva presidenta redefinió las reglas del juego. Claudia Sheinbaum necesita orden, control narrativo y disciplina legislativa. Y el Senado se volvió un frente sensible. Cada fractura interna cuesta gobernabilidad. Cada corriente autónoma se convierte en una amenaza potencial. En ese contexto, Adán Augusto dejó de ser solo un aliado con historia: pasó a ser un factor de tensión permanente.

A eso se sumó el golpe más duro: el costo reputacional derivado de su gestión pasada en Tabasco. La historia de su exsecretario de Seguridad —hoy señalado como operador criminal— se convirtió en un ancla que arrastra todo intento de defensa. No importa cuántas veces se repita que no hay una imputación directa: en política, la frase “él lo nombró” pesa más que cualquier deslinde técnico. El daño no es jurídico, es simbólico. Y el símbolo ya se instaló.

Como si eso fuera poco, el frente administrativo y legal terminó de cerrar el cerco. Más de treinta denuncias, montos que se cuentan en cientos de millones de pesos y cuestionamientos patrimoniales que, aun sin sentencia, generan una percepción devastadora. No porque prueben culpabilidad, sino porque obligan a dar explicaciones constantes. Y en el Senado, explicar es perder.

Con ese panorama, la embajada aparece como una jugada lógica. No elegante, no heroica, pero sí muy racional.

Salir del Senado reduce el ruido de inmediato. Desaparecen los micrófonos diarios, las preguntas incómodas, la necesidad de reaccionar. El personaje se traslada a una lógica distinta: la del servicio exterior, la representación del país, la agenda institucional. No limpia el pasado, pero enfría el presente.

Hay, además, un precedente que en el poder nadie ignora. Cuando Alejandro Gertz Manero dejó la Fiscalía General para asumir una embajada en el Reino Unido, la lectura fue similar: no se trató de un ascenso diplomático, sino de una reubicación política cuidadosamente calculada. En su momento, su permanencia en el centro del debate público ya era más costosa que útil, y la salida permitió despresurizar al gobierno sin abrir un conflicto frontal. El paralelismo es evidente: cuando una figura concentra demasiado desgaste, demasiadas resistencias internas y demasiada atención incómoda, la embajada se convierte en una fórmula conocida del sistema para retirar el estorbo sin admitirlo, enfriar la crisis y ganar tiempo. En política, a veces no se va el que cae, sino el que estorba quedándose.

Además, su salida reordena el tablero interno. Sin Adán Augusto en el Senado, su grupo político pierde un eje visible de poder, pero no se desintegra. Al contrario: se dispersa y se vuelve más negociable. Los aspirantes que hoy se cobijan bajo su sombra tendrían que sentarse directamente con el centro del poder. Eso reduce fricciones, descomprime ambiciones y elimina la sensación de que una sola corriente está capturando territorios.

Desde el punto de vista personal, la embajada también compra tiempo. Tiempo para que las investigaciones avancen o se diluyan. Tiempo para que la agenda pública cambie. Tiempo para reconstruir una narrativa distinta: la del político que se hizo a un lado “por el bien del país”, no la del dirigente que fue desplazado por escándalos.

Claro, el movimiento no está libre de riesgos. Salir del Senado puede implicar perder el fuero. Nadie con problemas potenciales hace eso a la ligera. Por eso, esta jugada solo tiene sentido si existe la percepción —o el acuerdo— de que el riesgo legal es controlable. La embajada, en ese sentido, no es protección jurídica, sino protección política.

Y está, por supuesto, la batalla final: la percepción pública. Para algunos será un premio; para otros, un exilio diplomático. Esa disputa no se define con el cargo, sino con el relato. Y ese relato no solo lo construye Adán Augusto: lo administra el poder.

Al final, el punto es brutalmente simple. En la política mexicana no siempre pierde el que se va. Muchas veces pierde el que se queda demasiado tiempo cuando el desgaste ya es irreversible. La embajada, en este caso, no sería una huida, sino un movimiento lateral para evitar una caída vertical.

Porque cuando los rumores de salida se vuelven insistentes, no hablan del futuro del cargo, hablan del presente del poder y hoy Adán Augusto está en el top de los más incómodos para palacio nacional.

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