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Opinión

No dejes ir la inspiración. Por Nancy Anahí Toledo

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A veces pierdo la inspiración…no solo de escribir alguna reflexión, a veces va más allá. A pesar de que tenga ganas de hacer algo, hay momentos o días enteros en que no encuentro motivación para seguir o empezar.

Cuando vienen los momentos de inspiración es increíble que puedes hacer en 10 minutos lo mismo que en otros días con gran esfuerzo lograste.

No hay más pretextos, y la mente conecta con el cuerpo y empiezan a trabajar como la maquina perfecta que son…llena de energía y felicidad por lo que estás haciendo.

Es cierto que puedes preparar el ambiente, hacer horarios, ser disciplinada…y todo esto rendirá sus frutos. Seguro que avanzas en tus proyectos, físicos o intelectuales. Pero corríjanme si estoy mal hablando de estos momentos mágicos de iluminación en donde no puedes parar y todo fluye en armonía, y estás feliz de sentirte así. Capaz. Productiva.

Yo sé que existen y trato de recordarlo siempre que me siento tan falta de ganas, cuando pierdo la inspiración y hasta me pregunto si vale la pena retomar, o empezar a hacer algo. Si les ha pasado esto, detecten ese estado de ánimo y traten de compensarlo pensando en que vienen los momentos de luz y motivación imparables…y que todo puedes!

Recuerda por qué empezaste, porque o para que lo haces…empuja un poco tus límites, porque hay días que vas avanzando de subida, y pesa más, cuesta el doble de trabajo, pero ya vendrá la bajadita y entonces podrás avanzar mucho más, sin esfuerzo, relajado, disfrutando…

A veces pierdo la inspiración, pero no la dejo ir muy lejos…después de todo estoy convencida que siempre regresa.

Nancy Anahi Toledo Rascón
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Opinión

¿Por qué Roberto Lazzeri? La hora de negociar duro. Por Caleb Ordóñez Talavera

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Cuando un país decide quién lo representa en Washington, no solo elige un nombre: elige una estrategia. Y México acaba de elegir números sobre discursos.

Caleb Ordoñez

Roberto Lazzeri Montaño —economista del CIDE, operador financiero de carrera, arquitecto silencioso de deuda pública y crédito productivo— está a punto de convertirse en el embajador mexicano en Estados Unidos justo cuando la relación bilateral entra a su etapa más técnica, más tensa y más cara de la historia reciente.

No es coincidencia. Es cálculo.

Es un hombre que viene de los números. Lazzeri no llegó a la política por la puerta grande de los partidos ni por los reflectores del activismo. Llegó en 2005 por las hojas de cálculo del entonces Distrito Federal, manejando deuda pública cuando la mayoría de los funcionarios de su generación todavía aprendían el oficio. De ahí pasó a Banobras, luego a la Secretaría de Hacienda, y eventualmente a dirigir simultáneamente Nafin y Bancomext —los dos brazos del crédito productivo del Estado mexicano— en uno de los momentos más volátiles para el financiamiento externo del país.

Su cercanía con la 4T no es ideológica en el sentido clásico: es funcional. Trabajó directamente con Rogelio Ramírez de la O, el cerebro económico del obradorismo, y entendió —mejor que muchos— cómo sostener estabilidad macroeconómica dentro de un proyecto político que desconfía de los mercados pero los necesita. Eso lo hace valioso para Claudia Sheinbaum: no solo entiende el modelo, sino que sabe ejecutarlo sin romperlo.

¿Por qué ahora y por qué él?

Esteban Moctezuma no sale de Washington por fracaso. Sale porque el tablero cambió de juego. Desde 2021 fue el interlocutor ideal para una etapa de transición: perfil conciliador, relaciones sólidas, útil en el paso de Trump a Biden y en la consolidación inicial del TMEC. Cumplió y seguramente seguirá en la vida diplomática de primer nivel.

Pero lo que viene no se gestiona con diplomacia política. Se gestiona con ingeniería económica.

El comercio bilateral entre México y Estados Unidos supera los 900 mil millones de dólares anuales. Más del 80% de las exportaciones mexicanas dependen del mercado estadounidense. La revisión del TMEC se aproxima en 2026 con sectores enteros bajo presión —automotriz, acero, aluminio, energía— mientras Washington mantiene un discurso endurecido sobre fentanilo, migración y crimen organizado que complica cualquier conversación comercial.

A ese escenario se suman dos relojes políticos que corren en paralelo: el Mundial 2026, donde México coorganiza con Estados Unidos y Canadá una logística de seguridad e inversión sin precedentes, y las elecciones intermedias americanas, donde el proteccionismo y la retórica antiinmigrante históricamente se disparan. Lazzeri aterrizaría en Washington justo cuando los tres se cruzan.

La apuesta y el riesgo

Mandar a un financiero a la embajada más importante del país es un mensaje que Washington sabe leer: lo que viene es negociación dura, no protocolo. Pero esa misma fortaleza es su mayor vulnerabilidad.

Lazzeri llega sin red política propia en Estados Unidos, sin los vínculos personales que toman años construir con congresistas, reguladores y grupos empresariales. En una capital donde las relaciones informales mueven tanto como los tratados formales, eso importa. Y el tiempo para construirlas será escaso: la revisión del TMEC no esperará a que el nuevo embajador encuentre su ritmo.

Su verdadero reto no es técnico. Es traducir credibilidad financiera en poder diplomático real: negociar aranceles sin sacrificar industrias mexicanas, defender el tratado sin contradecir la narrativa nacionalista de la 4T y mantener la confianza de los inversionistas extranjeros en un entorno global que premia la certeza y castiga la ambigüedad.

En la relación más importante (y más costosa) que tiene México, no hay margen para la curva de aprendizaje. Lazzeri lo sabe. La pregunta es si Washington también está dispuesto a escuchar al técnico que llega a cambiar las reglas del juego o solo a administrarlas.????????????????

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