El de la mañana fue un mensaje más general: los qués. Esta tarde, desde la plancha del Zócalo capitalino y ya en su segundo mensaje como presidenta, Claudia Sheinbaum definió en 100 puntos la columna vertebral de su gobierno, los cómos.
Si bien ya había definido algunas políticas en mensajes anteriores, esta tarde reveló algunos nuevos puntos, como una reforma, contra el nepotismo, para que cargos de elección popular no puedan ser sucedidos por familiares directos de quienes antes los ostentaban. En torno a esa reforma, dijo, también se impulsará que no haya reelección para ningún cargo de elección popular, en especial para alcaldes.
«11. A ver qué les parece esta: enviaremos una iniciativa de reforma constitucional para recuperar el principio democrático de no reelección para que a partir del 2030 ningún puesto de elección popular pueda ser reelecto. Tengo otra: ni presidentes municipales, ni senadores ni diputados impulsaremos la prohibición de suceder a un familiar directo en los cargos de elección popular. No nepotismo», dijo.
Ante un Zócalo de la Ciudad de México totalmente abarrotado, Sheinbaum Pardo aseguró que también se someterá a la revocación de mandato en el 2027, tal como lo hizo el ahora expresidente Andrés Manuel López Obrador.
«(Compromiso) 10: En su momento impulsaremos la reforma constitucional al sistema electoral que fortalezca la democracia participativa, la revocación de mandato, la decisión del pueblo a través de las consultas y la reducción del costo de las elecciones al pueblo. En 2027 me someteré a la revocación de mandato como lo establece la Constitución.
La Mandataria federal destacó que está por aprobarse la reforma constitucional para que «ahora sí» nadie gane más que la presidenta de la República.
Prometió la homologación de feminicidio, la inclusión del maltrato animal a la Constitución y la semana laboral de 40 horas.
Anunció que los programas sociales de la administración del presidente López Obrador se mantendrán, y reveló además dos nuevos; uno denominado farmacias del bienestar, que se ubicarán al lado de los bancos del bienestar, y también un programa para llevar atención sanitaria a adultos mayores hasta su casa, por lo que se contratará a un número importante de enfermeras, así como operaciones masivas de catarata y rodilla.
Asimismo, planteó un programa de infraestructura que incluye una amplia gama de trenes de pasajeros, así como cablebuses para la CDMX y el fortalecimiento de Mexicana de Aviación.
México y Estados Unidos alcanzaron un acuerdo técnico para la gestión y entrega de agua en la cuenca del río Bravo, en apego al Tratado de Aguas de 1944, en un contexto marcado por una sequía extrema que ha presionado a comunidades, productores agrícolas y ecosistemas a ambos lados de la frontera.
El entendimiento es resultado de meses de negociaciones técnicas y políticas, y tiene como objetivo garantizar el cumplimiento del tratado, al tiempo que se protege el derecho humano al agua y a la alimentación. A través de un comunicado conjunto, las secretarías de Relaciones Exteriores, Agricultura y Medio Ambiente, junto con la Comisión Nacional del Agua, confirmaron el compromiso de México para realizar entregas mínimas anuales conforme a las condiciones hidrológicas de la cuenca y a los mecanismos establecidos en el acuerdo binacional.
Como parte del nuevo esquema, México se comprometió a entregar al menos 350 mil acres-pie de agua por año, equivalentes a 431.7 millones de metros cúbicos, durante el próximo ciclo de cinco años. Este volumen permitirá avanzar en el cumplimiento del tratado mientras se implementa un plan para saldar la deuda acumulada del periodo quinquenal anterior y evitar nuevos déficits hídricos.
La presidenta Claudia Sheinbaum informó que el acuerdo fue construido en coordinación con los gobernadores de los estados del norte del país, con el fin de diseñar un esquema de afectación mínima que permita cumplir con los compromisos internacionales sin comprometer el abasto interno. Entre las entidades involucradas se encuentran Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León y Sonora, regiones que dependen en gran medida del río Bravo para el consumo humano y las actividades productivas.
El plan técnico acordado contempla una gestión más ordenada del recurso, reuniones mensuales de seguimiento y acciones de planeación de largo plazo que incluyen infraestructura, adaptación al cambio climático y una distribución más previsible del agua. Autoridades mexicanas subrayaron que el Tratado de 1944 continúa siendo un instrumento clave para salvaguardar los intereses nacionales y la estabilidad agrícola.
Desde Estados Unidos, funcionarios señalaron que el acuerdo fortalece la seguridad hídrica del sur de Texas y beneficia a agricultores y ganaderos del Valle del Bajo Río Grande, en una región afectada por la caída histórica de los niveles del río, la sobreexplotación y la contaminación del afluente.