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¿Quién es ‘Lord Pádel’? El empresario que desató una pelea y amenazas en un club del Edomex

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El empresario Germán Mondragón se convirtió en tendencia tras protagonizar una violenta pelea en el club Alfa Pádel de Atizapán de Zaragoza, Estado de México, durante un torneo amistoso el pasado 19 de julio. En redes sociales lo han apodado ‘Lord Pádel’ luego de que circulara un video en el que se le observa agredir, junto con sus escoltas, al jugador Israel Morales, a quien también habría amenazado de muerte.

Alejandro Germán Mondragón Camacho no es una figura conocida mediáticamente, pero está vinculado al mundo del pádel como propietario del Club Deportivo Golden Point y socio de M3 Padel Academy en España, además de tener vínculos con la aseguradora GNP Seguros, según diversas fuentes. Su club organiza torneos y entrenamientos en el Estado de México.

En los videos también aparece su esposa, Karla Mondragón, vestida con ropa deportiva roja. Ella es fundadora y presidenta de la Fundación Golden Point, una organización que se presenta como altruista. Ambos empresarios cuentan con un equipo de seguridad, cuyos elementos participaron activamente en la agresión.

La víctima, Israel Morales, ha declarado que teme por su vida luego de las amenazas recibidas. Por su parte, el club Alfa Pádel, donde ocurrieron los hechos, se deslindó públicamente de cualquier relación con Germán Mondragón y anunció que le negará el acceso al lugar de forma definitiva.

La Fiscalía General de Justicia del Estado de México ya abrió una carpeta de investigación para esclarecer el incidente y determinar las responsabilidades legales. El caso ha generado indignación en redes sociales y ha reavivado el debate sobre el abuso de poder y la impunidad en entornos de élite.

México

México y Estados Unidos pactan entregas de agua del río Bravo bajo tratado de 1944

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México y Estados Unidos alcanzaron un acuerdo técnico para la gestión y entrega de agua en la cuenca del río Bravo, en apego al Tratado de Aguas de 1944, en un contexto marcado por una sequía extrema que ha presionado a comunidades, productores agrícolas y ecosistemas a ambos lados de la frontera.

El entendimiento es resultado de meses de negociaciones técnicas y políticas, y tiene como objetivo garantizar el cumplimiento del tratado, al tiempo que se protege el derecho humano al agua y a la alimentación. A través de un comunicado conjunto, las secretarías de Relaciones Exteriores, Agricultura y Medio Ambiente, junto con la Comisión Nacional del Agua, confirmaron el compromiso de México para realizar entregas mínimas anuales conforme a las condiciones hidrológicas de la cuenca y a los mecanismos establecidos en el acuerdo binacional.

Como parte del nuevo esquema, México se comprometió a entregar al menos 350 mil acres-pie de agua por año, equivalentes a 431.7 millones de metros cúbicos, durante el próximo ciclo de cinco años. Este volumen permitirá avanzar en el cumplimiento del tratado mientras se implementa un plan para saldar la deuda acumulada del periodo quinquenal anterior y evitar nuevos déficits hídricos.

La presidenta Claudia Sheinbaum informó que el acuerdo fue construido en coordinación con los gobernadores de los estados del norte del país, con el fin de diseñar un esquema de afectación mínima que permita cumplir con los compromisos internacionales sin comprometer el abasto interno. Entre las entidades involucradas se encuentran Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León y Sonora, regiones que dependen en gran medida del río Bravo para el consumo humano y las actividades productivas.

El plan técnico acordado contempla una gestión más ordenada del recurso, reuniones mensuales de seguimiento y acciones de planeación de largo plazo que incluyen infraestructura, adaptación al cambio climático y una distribución más previsible del agua. Autoridades mexicanas subrayaron que el Tratado de 1944 continúa siendo un instrumento clave para salvaguardar los intereses nacionales y la estabilidad agrícola.

Desde Estados Unidos, funcionarios señalaron que el acuerdo fortalece la seguridad hídrica del sur de Texas y beneficia a agricultores y ganaderos del Valle del Bajo Río Grande, en una región afectada por la caída histórica de los niveles del río, la sobreexplotación y la contaminación del afluente.

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