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México

Rescate a Pemex: Hacienda mete al país en nueva deuda millonaria

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Hacienda lanza operación financiera para cubrir compromisos urgentes; analistas advierten que será insuficiente

El Gobierno federal anunció una nueva operación financiera que implicará un endeudamiento de hasta 10 mil millones de dólares, con el objetivo de rescatar la delicada situación de liquidez de Petróleos Mexicanos (Pemex). La Secretaría de Hacienda informó que los recursos se destinarán a que la empresa pueda cumplir con sus obligaciones de corto plazo.

Según el comunicado oficial, la estrategia busca “mejorar la liquidez, optimizar el perfil de vencimientos, reducir pasivos y disminuir el costo financiero” de la petrolera estatal. Sin embargo, aunque los bonos que se emitirán —conocidos como P-Caps— no se consolidarán en la deuda de Pemex ni de la empresa como tal, sí constituirán deuda pública del Gobierno mexicano.

Aunque Hacienda no especificó montos ni plazos exactos, fuentes consultadas por Bloomberg indicaron que la emisión sería de entre 7 y 10 mil millones de dólares, con vencimiento estimado en agosto de 2030. Los instrumentos utilizados serán valores precapitalizados amortizables, respaldados por activos.

Pese a este esfuerzo, especialistas como Gonzalo Monroy, director de la consultora GMEC, consideran que el rescate se queda corto. Según sus cálculos, Pemex enfrenta compromisos por 44 mil 300 millones de dólares en los próximos tres años, y solo en este 2025 debe pagar 21 mil millones.

“Ni siquiera alcanza para cubrir lo que Pemex le debe a sus proveedores”, advirtió Monroy, quien subraya que este tipo de operaciones solo ganan tiempo, pero no resuelven el problema estructural de la empresa.

La decisión de emitir deuda pública para apuntalar a Pemex revive el debate sobre el costo fiscal y el impacto a largo plazo que puede tener seguir rescatando a una empresa con pasivos crecientes, producción estancada y necesidad constante de apoyo gubernamental

México

México y Estados Unidos pactan entregas de agua del río Bravo bajo tratado de 1944

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México y Estados Unidos alcanzaron un acuerdo técnico para la gestión y entrega de agua en la cuenca del río Bravo, en apego al Tratado de Aguas de 1944, en un contexto marcado por una sequía extrema que ha presionado a comunidades, productores agrícolas y ecosistemas a ambos lados de la frontera.

El entendimiento es resultado de meses de negociaciones técnicas y políticas, y tiene como objetivo garantizar el cumplimiento del tratado, al tiempo que se protege el derecho humano al agua y a la alimentación. A través de un comunicado conjunto, las secretarías de Relaciones Exteriores, Agricultura y Medio Ambiente, junto con la Comisión Nacional del Agua, confirmaron el compromiso de México para realizar entregas mínimas anuales conforme a las condiciones hidrológicas de la cuenca y a los mecanismos establecidos en el acuerdo binacional.

Como parte del nuevo esquema, México se comprometió a entregar al menos 350 mil acres-pie de agua por año, equivalentes a 431.7 millones de metros cúbicos, durante el próximo ciclo de cinco años. Este volumen permitirá avanzar en el cumplimiento del tratado mientras se implementa un plan para saldar la deuda acumulada del periodo quinquenal anterior y evitar nuevos déficits hídricos.

La presidenta Claudia Sheinbaum informó que el acuerdo fue construido en coordinación con los gobernadores de los estados del norte del país, con el fin de diseñar un esquema de afectación mínima que permita cumplir con los compromisos internacionales sin comprometer el abasto interno. Entre las entidades involucradas se encuentran Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León y Sonora, regiones que dependen en gran medida del río Bravo para el consumo humano y las actividades productivas.

El plan técnico acordado contempla una gestión más ordenada del recurso, reuniones mensuales de seguimiento y acciones de planeación de largo plazo que incluyen infraestructura, adaptación al cambio climático y una distribución más previsible del agua. Autoridades mexicanas subrayaron que el Tratado de 1944 continúa siendo un instrumento clave para salvaguardar los intereses nacionales y la estabilidad agrícola.

Desde Estados Unidos, funcionarios señalaron que el acuerdo fortalece la seguridad hídrica del sur de Texas y beneficia a agricultores y ganaderos del Valle del Bajo Río Grande, en una región afectada por la caída histórica de los niveles del río, la sobreexplotación y la contaminación del afluente.

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