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México

México, Guatemala y Belice crean el Corredor de la Gran Selva Maya para proteger 5.7 millones de hectáreas

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Los gobiernos de México, Guatemala y Belice acordaron este viernes la conformación de la Gran Reserva Trinacional del Corredor de la Selva Maya, un proyecto que busca garantizar la preservación de 5.7 millones de hectáreas de ecosistemas únicos en la región.

En un mensaje conjunto, los mandatarios resaltaron que la iniciativa representa una acción concreta de responsabilidad compartida hacia la biodiversidad, los pueblos originarios que habitan la zona y las futuras generaciones.

“Nos unen historias de pueblos milenarios, un mundo maya que no conocía de fronteras y la voluntad de dejar un legado para las futuras generaciones: un legado de paz, de reconocimiento histórico y de prosperidad común con respeto a la soberanía de cada nación”, expresó la presidenta Claudia Sheinbaum.

Además, la mandataria anunció la reactivación de la segunda fase del programa Sembrando Vida en regiones de Guatemala y Belice, con el objetivo de impulsar el desarrollo rural, proteger los ecosistemas y mejorar las condiciones de vida de las comunidades locales.

Sheinbaum subrayó que en su primera reunión con el presidente guatemalteco, Bernardo Arévalo, se alcanzaron compromisos en materia de seguridad, infraestructura ferroviaria, energía, medio ambiente y cooperación para el desarrollo. Entre los acuerdos destaca la extensión del Tren Maya hacia Guatemala, un proyecto que ambos países consideran clave para la integración regional.

Con esta alianza, México, Guatemala y Belice buscan consolidar una estrategia común que combine preservación ambiental con desarrollo económico y social, colocando a la Selva Maya como un símbolo de unidad y de compromiso frente a los retos climáticos y ambientales del siglo XXI.

México

México y Estados Unidos pactan entregas de agua del río Bravo bajo tratado de 1944

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México y Estados Unidos alcanzaron un acuerdo técnico para la gestión y entrega de agua en la cuenca del río Bravo, en apego al Tratado de Aguas de 1944, en un contexto marcado por una sequía extrema que ha presionado a comunidades, productores agrícolas y ecosistemas a ambos lados de la frontera.

El entendimiento es resultado de meses de negociaciones técnicas y políticas, y tiene como objetivo garantizar el cumplimiento del tratado, al tiempo que se protege el derecho humano al agua y a la alimentación. A través de un comunicado conjunto, las secretarías de Relaciones Exteriores, Agricultura y Medio Ambiente, junto con la Comisión Nacional del Agua, confirmaron el compromiso de México para realizar entregas mínimas anuales conforme a las condiciones hidrológicas de la cuenca y a los mecanismos establecidos en el acuerdo binacional.

Como parte del nuevo esquema, México se comprometió a entregar al menos 350 mil acres-pie de agua por año, equivalentes a 431.7 millones de metros cúbicos, durante el próximo ciclo de cinco años. Este volumen permitirá avanzar en el cumplimiento del tratado mientras se implementa un plan para saldar la deuda acumulada del periodo quinquenal anterior y evitar nuevos déficits hídricos.

La presidenta Claudia Sheinbaum informó que el acuerdo fue construido en coordinación con los gobernadores de los estados del norte del país, con el fin de diseñar un esquema de afectación mínima que permita cumplir con los compromisos internacionales sin comprometer el abasto interno. Entre las entidades involucradas se encuentran Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León y Sonora, regiones que dependen en gran medida del río Bravo para el consumo humano y las actividades productivas.

El plan técnico acordado contempla una gestión más ordenada del recurso, reuniones mensuales de seguimiento y acciones de planeación de largo plazo que incluyen infraestructura, adaptación al cambio climático y una distribución más previsible del agua. Autoridades mexicanas subrayaron que el Tratado de 1944 continúa siendo un instrumento clave para salvaguardar los intereses nacionales y la estabilidad agrícola.

Desde Estados Unidos, funcionarios señalaron que el acuerdo fortalece la seguridad hídrica del sur de Texas y beneficia a agricultores y ganaderos del Valle del Bajo Río Grande, en una región afectada por la caída histórica de los niveles del río, la sobreexplotación y la contaminación del afluente.

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