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México

Autoridades de Morelos aclaran: robo en Tepoztlán fue a vecina de Fernández Noroña, no a su casa

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El secretario de Seguridad de Morelos, Miguel Ángel Urrutia Lozano, desmintió este miércoles que el asalto reportado la noche anterior ocurriera en la residencia del senador Gerardo Fernández Noroña. Según precisó, el robo se registró en la casa contigua, propiedad de la vecina del legislador.

De acuerdo con el informe oficial, la llamada de auxilio fue recibida alrededor de las 22:30 horas del martes. La dueña del inmueble denunció que un sujeto ingresó por una ventana y sustrajo siete chamarras. Al inspeccionar el domicilio, las autoridades encontraron cajones y muebles revueltos, lo que hizo pensar que el intruso buscaba documentos o papelería.

Urrutia destacó que, tras verificar el inmueble, confirmaron que el sospechoso ya no se encontraba en el lugar. “No es el domicilio del senador, es la casa contigua de la señora Gisela ‘N’, quien nos permitió acceder para la revisión”, señaló en conferencia de prensa.

Posteriormente, Fernández Noroña también salió a aclarar la situación. Entrevistado antes de la sesión del Senado, explicó que “La Casa del Silencio” —como se conoce a su propiedad en Tepoztlán— está conformada por dos predios, y que el robo se perpetró en la parte que aún pertenece a su vecina, quien anteriormente le vendió otro terreno.

El morenista sugirió que el allanamiento pudo tener como objetivo la búsqueda del contrato de compraventa de su vivienda, la cual se encuentra en medio de una polémica con los comuneros de la zona por tratarse de terrenos bajo régimen de propiedad comunal.

La confusión surgió después de que el propio senador difundiera inicialmente en redes sociales que su casa había sido asaltada, lo que provocó gran repercusión mediática. Más tarde, rectificó al señalar que, en realidad, el hurto ocurrió en la propiedad vecina.

México

México y Estados Unidos pactan entregas de agua del río Bravo bajo tratado de 1944

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México y Estados Unidos alcanzaron un acuerdo técnico para la gestión y entrega de agua en la cuenca del río Bravo, en apego al Tratado de Aguas de 1944, en un contexto marcado por una sequía extrema que ha presionado a comunidades, productores agrícolas y ecosistemas a ambos lados de la frontera.

El entendimiento es resultado de meses de negociaciones técnicas y políticas, y tiene como objetivo garantizar el cumplimiento del tratado, al tiempo que se protege el derecho humano al agua y a la alimentación. A través de un comunicado conjunto, las secretarías de Relaciones Exteriores, Agricultura y Medio Ambiente, junto con la Comisión Nacional del Agua, confirmaron el compromiso de México para realizar entregas mínimas anuales conforme a las condiciones hidrológicas de la cuenca y a los mecanismos establecidos en el acuerdo binacional.

Como parte del nuevo esquema, México se comprometió a entregar al menos 350 mil acres-pie de agua por año, equivalentes a 431.7 millones de metros cúbicos, durante el próximo ciclo de cinco años. Este volumen permitirá avanzar en el cumplimiento del tratado mientras se implementa un plan para saldar la deuda acumulada del periodo quinquenal anterior y evitar nuevos déficits hídricos.

La presidenta Claudia Sheinbaum informó que el acuerdo fue construido en coordinación con los gobernadores de los estados del norte del país, con el fin de diseñar un esquema de afectación mínima que permita cumplir con los compromisos internacionales sin comprometer el abasto interno. Entre las entidades involucradas se encuentran Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León y Sonora, regiones que dependen en gran medida del río Bravo para el consumo humano y las actividades productivas.

El plan técnico acordado contempla una gestión más ordenada del recurso, reuniones mensuales de seguimiento y acciones de planeación de largo plazo que incluyen infraestructura, adaptación al cambio climático y una distribución más previsible del agua. Autoridades mexicanas subrayaron que el Tratado de 1944 continúa siendo un instrumento clave para salvaguardar los intereses nacionales y la estabilidad agrícola.

Desde Estados Unidos, funcionarios señalaron que el acuerdo fortalece la seguridad hídrica del sur de Texas y beneficia a agricultores y ganaderos del Valle del Bajo Río Grande, en una región afectada por la caída histórica de los niveles del río, la sobreexplotación y la contaminación del afluente.

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