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Opinión

El Comentario Obligado: Rosario Robles por Caleb Ordóñez T.

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En serio, ya nada nos sorprende de nuestros políticos, sean del color que sean… sea la función que ejerzan, cuando escuchas que la secretaria Rosario Robles dice desde Parral Chihuahua que los periódicos solo sirven para matar moscas y limpiar vidrios y lo dice con tal seriedad que realmente le creo que así piense, porque muchos políticos lo creen de verdad.

 

 

Por: Caleb Ordóñez Talavera

Porque en México las investigaciones periodísticas de poco sirven, delatar la corrupción, los escándalos de políticos sin vergüenza, las mañas de los líderes sindicales, los abusos de poder, la falta de libertad de prensa, los asesinatos de periodistas, los pecados del clero, la frivolidad del gobernador arrogante, del funcionario público distante.

Todo lo que pase en los periódicos, para gente como Rosario Robles no importa porque no trasciende, sirve para matar moscas, para lanzar al aire lo que ahí contiene. La secretaria solo describe una realidad triste pero finalmente cotidiana, en este México donde ella es funcionaria nunca le pasará nada a los políticos corruptos, pueden vivir en su cinismo, por más que se escriban reportajes y tengan la verdad, para ellos quienes se defienden desde su pobreza mental, los periódicos son tan solo un instrumento del cual se pueden reír.

Es cierto señora Robles, lamentablemente la palabra puede ser destruida fácilmente, en el país que usted vive diariamente la impunidad está a su favor y de la gente sin escrúpulos que ostenta el poder, quizá por eso el mexicano promedio detesta a sus políticos, eso para ustedes es simplemente odio provocado por los medios.

Señora Robles usted describió en una frase toda una cultura doliente, no la culpo. Usted es parte del problema, del cáncer, de las complicidades que dan los negocios del poder. Usted se asume como enemiga de lo que escribimos los que buscan la verdad y amiga de los que esconden sus porquerías, la entiendo.

Ríanse todo lo que quieran, quizá el periódico hoy sirve para matar moscas quizá, pero un día terminará por acabar con ratas también. Ya va por ese camino, porque los medios los construimos todos.

Opinión

Petróleo, poder y una vecindad incómoda. Por Caleb Ordóñez T.

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Durante años, Nicolás Maduro fue para México (y para buena parte del continente) un problema ajeno, distante, encapsulado en el discurso ideológico y en la tragedia humanitaria. Venezuela era “el otro”, el ejemplo extremo. Hoy ya no. Hoy Venezuela volvió al centro del tablero regional y, querámoslo o no, sus movimientos impactan directamente a México, a nuestra economía energética y a nuestra relación con Estados Unidos.

Tras la caída política y operativa de Maduro, emerge una figura que muchos subestimaron durante años: Delcy Rodríguez. Inteligente, dura, formada y con un instinto de supervivencia política notable, Delcy no gobierna desde la épica revolucionaria sino desde la urgencia. Su presidencia no es el resultado de una transición democrática ejemplar, sino de una implosión del poder chavista y de una presión internacional inédita.

Y aquí aparece el actor que realmente ordena la escena: Donald Trump.

Trump, Delcy y una relación que nadie imaginó; pero todos entienden.

La relación entre Trump y Delcy Rodríguez es, por decirlo suavemente, antinatural. Durante años ella fue sancionada, vetada y exhibida como parte del núcleo duro del chavismo. Hoy, sin embargo, se ha convertido en la interlocutora necesaria. No porque haya afinidad ideológica, sino porque el petróleo manda.

Trump no está interesado en “democratizar” Venezuela por convicción moral. Está interesado en controlar flujos energéticos, estabilizar precios, reducir dependencias incómodas y, de paso, enviar un mensaje interno de fuerza. Delcy lo sabe. Y no puede jugar con eso.

Venezuela necesita oxígeno económico; Estados Unidos necesita petróleo confiable y bajo control. El resultado es una relación áspera, vigilada, pero funcional. Nadie se abraza. Nadie confía. Pero todos negocian.

Aquí es donde México entra de lleno en la historia sufriendo un golpe silencio.

Cuando Estados Unidos decide colocar millones de barriles de petróleo venezolano en el mercado —bajo esquemas controlados y políticamente diseñados— no solo mueve a Caracas y Washington. Mueve al Golfo de México, mueve refinerías, contratos, márgenes y estrategias.

Para Pemex, esto no es una nota internacional: es una variable directa de negocio.

Más petróleo pesado en el mercado significa:

• Mayor presión sobre precios.

• Competencia directa en ciertos nichos de refinación.

• Ajustes en los márgenes de ganancia.

• Reconfiguración de flujos en la región.

Pemex ya opera con una carga financiera enorme, con refinerías que aún buscan estabilidad y con un modelo que depende mucho más de la política que del mercado. Si Estados Unidos refina petróleo venezolano y luego lo redistribuye, México puede terminar comprando derivados a precios más competitivos, pero también perdiendo mucho espacio estratégico.

Es una paradoja peligrosa: gasolina más barata a corto plazo, pero menor autonomía energética a mediano plazo.

Claudia Sheinbaum: la intermediaria.

En este escenario aparece una figura clave para México: la presidenta Claudia Sheinbaum.

Sheinbaum no heredó una relación fácil -para nada- con Trump. Nadie lo hubiera podido lograr. Pero tampoco llegó con el discurso de confrontación que muchos temían. Su papel ha sido —hasta ahora— el de intermediaria racional, no ideológica, entre Washington y América Latina.

México no puede darse el lujo de romper con Estados Unidos por este tema, pero tampoco puede asumir un rol sumiso frente a decisiones que impactan su economía. Sheinbaum lo sabe y por eso ha optado por una diplomacia silenciosa, técnica, enfocada en estabilidad.

Su interlocución con Trump no busca protagonismo mediático; busca evitar sobresaltos. Que el petróleo venezolano no se convierta en un factor de desestabilización regional. Que Pemex no quede atrapado entre decisiones ajenas. Que México siga siendo un actor confiable y no un espectador pasivo.

Nada de esto ocurre en el vacío. Trump no actúa solo como presidente; actúa como candidato permanente. En noviembre se juegan las elecciones del Congreso estadounidense y su margen de maniobra depende de llegar fortalecido.

Para Trump, Venezuela cumple varias funciones:

1. Demuestra control internacional.

2. Refuerza su narrativa de “orden” y “liderazgo”.

3. Le permite hablar de energía, precios y seguridad.

4. Le da resultados tangibles para vender al electorado.

Pero el margen es estrecho. Si la estrategia se percibe como desordenada, intervencionista o caótica, puede volverse en su contra. Un Congreso hostil limitaría su política exterior, abriría investigaciones y desdibujaría acuerdos frágiles como el venezolano.

Por eso Trump necesita “planchar” la situación: petróleo fluyendo, Delcy controlada, región estable. Sin sobresaltos. Sin imágenes incómodas.

El petróleo vuelve a recordarnos una vieja lección: en América Latina, la ideología pasa, pero la geopolítica se queda. Y entenderla —con datos, sin consignas ideológicas— es más urgente que nunca.

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