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Opinión

CONTEXTO: *Maru nada con tiburones… *Sexo céntrico… *Están quitando concesiones…

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La gobernadora, dia a día se va tomando más en serio en ser la candidata del PAN para la presidencia y muestra de ello fueron las fotos que publicó con personajes de la grilla nacional.

Maru se dejó ver con la senadora y también suspirante Claudia Ruiz Massieu, el senador y ex secretario de Gobernación de la era peñista Miguel Ángel Osorio Chong, así como con el también Miguel Ángel y ex jefe de Gobierno de la CDMX, Miguel Ángel Mancera.

Dicen en el centro del país que a Maru ya se le ve, si bien no como una seria contrincante, sí como la que sería elegida como abanderada de la Coalición Va por México, si es que la alianza tripartidista llega para el 2024.

Se torna interesante saber el contenido del grillo encuentro con estos tiburones de la política nacional, sin embargo le apostarán por dejarlo en la incógnita y que las fotos se interpreten como cada quien guste.

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Vaya vaya vaya la sorpresa que se llevaron los chihuahuenses al ver la impunidad con la que opera una quesque tienda de juguetes sexuales, donde además se ofrecen ofertones en servicios carrrrrnales.

Dicen los enterados, que se escucha difícil, pero mire que nada es imposible, que tienen servicios ‘cachondos’ desde 50 pesitos, un tostón, un José María Morelos y Pavón.

Para muchos sigue siendo una burla que en el primer cuadro, prácticamente en el Centro Histórico y a un costado de la sede del Poder Judicial, se sigan permitiendo este tipo de actividades.

Y mire que en esta columna no nos damos golpes de pecho, pero como que el centro y la nueva realidad del mismo ya no da para este tipo de actividades.

¿O será propietario el conocido de un conocido que conoce a alguien en el Gobierno, o de plano ni Pedro Oliva, ni Eloy Garcia Tarín han visto nada?

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Y ya por último, pero no por ello menos importante, parece haber una luz al final del túnel en el tema del transporte público en Chihuahua.

Carlita Rivas, diputada de la Comisión de Transporte en la Torre Legislativa afirmó que ya se están empezando a quitar concesiones a aquellos que no cumplen con tener buenas unidades.

Lo que sí no se dijo es qué clase de criterios están siguiendo, porque según esto pueden tener solo 10 años de antigüedad y mire que hay muchos camiones muy mayorcitos de edad, es más hasta tuertos andan los pobres.

En fin, esperemos que de verdad se haga cumplir la ley y que el transporte público se vaya dignificando por el bien de todos, hasta de los concesionarios para que puedan cobrar más.

Opinión

Marx Arriaga: cuando la educación se volvió trinchera. Por Caleb Ordóñez T.

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La salida de Marx Arriaga del aparato educativo federal cerró un capítulo ruidoso, pero no el libro completo. Porque más allá del personaje, lo que deja este episodio es una historia conocida —aunque pocas veces contada con calma— sobre cómo la educación en México suele administrarse: entre egos, cuotas y pulsos políticos que poco tienen que ver con lo que pasa dentro del salón de clases.

Arriaga no fue un funcionario gris. Al contrario: fue protagonista. Defendió con convicción una visión específica de los libros de texto gratuitos y convirtió su gestión en una causa. Eso lo volvió visible, influyente… y también prescindible. En educación, cuando el conflicto escala, el sistema rara vez se corrige; simplemente cambia de rostro.

Los números ayudan a dimensionar el tamaño del problema. Cada año, el Estado mexicano distribuye más de 150 millones de libros de texto gratuitos a través de la CONALITEG. Es uno de los programas editoriales más grandes del mundo. Pero ese volumen contrasta con la fragilidad del consenso que lo sostiene. Cambian equipos, cambian prioridades, cambian narrativas, y los libros —que deberían ser un punto de estabilidad— se convierten en terreno de disputa.

Mientras tanto, más de 1.2 millones de docentes en educación básica reciben materiales y lineamientos que se ajustan con rapidez, pero sin el mismo cuidado en la capacitación. El maestro no siempre sabe si el cambio responde a una mejora pedagógica o a una decisión política. Y cuando esa duda se instala, la implementación se vuelve irregular.

Los resultados están a la vista. En la última evaluación PISA disponible, México se mantuvo por debajo del promedio internacional: alrededor de 395 puntos en matemáticas, 415 en lectura y 410 en ciencias, frente a promedios globales que rondan los 470–480 puntos. No son cifras nuevas ni sorprendentes, pero sí persistentes. Y esa persistencia sugiere que el problema no es un sexenio ni un funcionario, sino un modelo que cambia formas sin transformar el fondo.

La historia de siempre: el botín político de la educación.

El caso Arriaga también expone cómo la educación suele operar como espacio de poder simbólico. Definir contenidos no es solo decidir qué se enseña, sino qué país se imagina. Por eso los debates se vuelven tan intensos y, a veces, tan poco técnicos. Se discute más el mensaje que el método, más la intención que el impacto real en el aprendizaje.

Desde fuera, esa dinámica proyecta una imagen incómoda. México aparece como un país que discute la educación desde la confrontación interna, no desde la mejora continua. En un contexto global donde el conocimiento, la innovación y las habilidades críticas son la moneda fuerte, esa señal pesa.

¿Se puede hacer distinto? Sí, pero requiere decisiones menos espectaculares y más estructurales.

Primero, sacar los contenidos básicos del vaivén político. No congelarlos, sino someterlos a revisiones periódicas con reglas claras, evaluaciones públicas y participación real de especialistas y docentes de aula.

Segundo, alinear libros, capacitación y evaluación. No tiene sentido rediseñar materiales si no se invierte con la misma fuerza en formar a quien los va a usar. Hoy, ese es uno de los grandes cuellos de botella.

Tercero, transparentar los procesos de decisión. Quién participa, con qué criterios y con qué indicadores de éxito. Cuando eso se aclara, baja la polarización y sube la confianza.

Y cuarto, recordar algo básico: enseñar a pensar es más rentable que imponer una visión. Los sistemas educativos más sólidos no son los más ideológicos, sino los más consistentes.

La salida de Marx Arriaga no arregla la educación mexicana, pero deja una lección útil: mientras los libros, los programas y las aulas sigan tratándose como territorios de poder, los cambios serán ruidosos y los resultados modestos.

La educación no debería ser el botín de nadie. Debería ser, simplemente, el proyecto más serio del país.

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