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El Cártel de Jalisco tiene en la mira a la élite mexicana: The Washington Post

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El Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) ha puesto en su mira a la élite de las autoridades mexicanas, asegura el diario The Washington Post.

En un reportaje firmado por Kevin Sieff, jefe de la oficina para México y América Central del influyente rotativo estadunidense, se destaca el cambio en la estrategia de las organizaciones criminales mexicanas, que no solían tener entre sus objetivos a funcionarios gubernamentales, en sentido contrario al de sus similares sudamericanos.

“A diferencia de los cárteles de la droga en la Colombia de Pablo Escobar, las organizaciones mexicanas de narcotráfico rara vez se han dirigido a altos funcionarios, en parte para evitar un enfrentamiento con el estado y en parte porque consideran que el soborno es una herramienta más útil que el asesinato.

“Aunque los políticos locales han sido objetivos frecuentes, los gobernadores estatales y los funcionarios federales no lo han sido”, señala el reportaje, que destaca el reciente atentado contra el jefe de la policía de la Ciudad de México, Omar García Harfuch, y las amenazas al gobernador jalisciense Enrique Alfaro y a la comisionada nacional de Derechos Humanos, Rosario Piedra Ibarra.

“Antes de que supuestamente intentaran asesinar al jefe de policía de esta ciudad, los soldados de infantería del cártel de drogas más poderoso de México ya habían dejado una estela sangrienta en todo el país”, recuerda el WP.

Sieff expone que, previo al atentado contra García Harfuch, hombres armados mataron al juez federal, Uriel Villegas Ortiz, y a su esposa, Verónica Barajas, en Colima. “Villegas Ortiz se hizo famoso al presidir el caso que permitió la extradición a los Estados Unidos de Rubén Oseguera, conocido como El Menchito, un hijo del jefe del cártel de Jalisco”, señala.

Fuente: Proceso

México

México y Estados Unidos pactan entregas de agua del río Bravo bajo tratado de 1944

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México y Estados Unidos alcanzaron un acuerdo técnico para la gestión y entrega de agua en la cuenca del río Bravo, en apego al Tratado de Aguas de 1944, en un contexto marcado por una sequía extrema que ha presionado a comunidades, productores agrícolas y ecosistemas a ambos lados de la frontera.

El entendimiento es resultado de meses de negociaciones técnicas y políticas, y tiene como objetivo garantizar el cumplimiento del tratado, al tiempo que se protege el derecho humano al agua y a la alimentación. A través de un comunicado conjunto, las secretarías de Relaciones Exteriores, Agricultura y Medio Ambiente, junto con la Comisión Nacional del Agua, confirmaron el compromiso de México para realizar entregas mínimas anuales conforme a las condiciones hidrológicas de la cuenca y a los mecanismos establecidos en el acuerdo binacional.

Como parte del nuevo esquema, México se comprometió a entregar al menos 350 mil acres-pie de agua por año, equivalentes a 431.7 millones de metros cúbicos, durante el próximo ciclo de cinco años. Este volumen permitirá avanzar en el cumplimiento del tratado mientras se implementa un plan para saldar la deuda acumulada del periodo quinquenal anterior y evitar nuevos déficits hídricos.

La presidenta Claudia Sheinbaum informó que el acuerdo fue construido en coordinación con los gobernadores de los estados del norte del país, con el fin de diseñar un esquema de afectación mínima que permita cumplir con los compromisos internacionales sin comprometer el abasto interno. Entre las entidades involucradas se encuentran Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León y Sonora, regiones que dependen en gran medida del río Bravo para el consumo humano y las actividades productivas.

El plan técnico acordado contempla una gestión más ordenada del recurso, reuniones mensuales de seguimiento y acciones de planeación de largo plazo que incluyen infraestructura, adaptación al cambio climático y una distribución más previsible del agua. Autoridades mexicanas subrayaron que el Tratado de 1944 continúa siendo un instrumento clave para salvaguardar los intereses nacionales y la estabilidad agrícola.

Desde Estados Unidos, funcionarios señalaron que el acuerdo fortalece la seguridad hídrica del sur de Texas y beneficia a agricultores y ganaderos del Valle del Bajo Río Grande, en una región afectada por la caída histórica de los niveles del río, la sobreexplotación y la contaminación del afluente.

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