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El temor a Boko Haram reina en la aldea de las niñas secuestradas

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Viajar de día por el estado de Borno es una experiencia estresante y osada. Para algunas personas, cuando cae la noche en esta parte del noreste de Nigeria llega el verdadero miedo junto con la amenaza de la aparente omnipresencia de Boko Haram.
Este estado ha sido trampolín para la oleada de ataques con bombas, secuestros y asesinatos que este grupo rebelde islamista excepcionalmente violento ha perpetrado. Su nombre significa «la educación occidental es pecado» en hausa, el idioma local.
Pero este brutal movimiento insurgente llamó la atención del mundo apenas hace poco, cuando secuestraron a cientos de estudiantes a punta de pistola del internado en el que dormían. La aterradora y audaz naturaleza de esta redada a media noche, bajo una lluvia de balas y explosiones, resonó más allá de las fronteras de Nigeria.
Cuando un equipo de CNN hizo el peligroso viaje hacia Chibok, casi un mes después del secuestro de las niñas, descubrieron que el ataque había dejado una huella indeleble en esta comunidad. Los habitantes dijeron que temen la caída de la noche, que es cuando se sienten más vulnerables, más abandonados por el mundo exterior.
La huída de la policía
Antes de que atacaran su aldea, algunos habitantes afirmaban que sus amigos y familiares de ciudades vecinas les habían advertido que los extremistas se acercaban en una caravana de camiones de carga, camionetas y motocicletas. Dijeron que los reportaron a las autoridades locales esa noche y que la policía pidió refuerzos, pero nunca llegaron. Todos, incluso la policía, huyeron al bosque y dejaron a las niñas durmiendo en el internado.
Los pistoleros superaron a los guardias de la escuela y llevaron a las niñas a los camiones, que luego desaparecieron en el denso bosque que colinda con Camerún, bastión del grupo terrorista. Las autoridades no saben en dónde tienen a las niñas.
«Fue horrible; ocurrió en la noche. Estaba muy oscuro, pero se escuchaban disparos y explosiones por todas partes», relata Daniel Muvia, quien atestiguó el ataque junto con su familia.
«Tuvimos que escapar de nuestras casas. Tuvimos que correr al bosque para salvar la vida. El miedo cunde. El miedo está en todas partes».
El recuerdo de esa noche horripilante del 14 de abril y el temor a más ataques como ese ha obligado a los hombres como Muvia a tomar cartas en el asunto.
Armados solo con machetes, arcos y flechas caseros y otras armas improvisadas, los hombres de la comunidad se reúnen todas las noches para patrullar su aldea. Su vigilia consiste en patrullar cautelosamente la aldea iluminados con la tenue luz de sus pequeñas antorchas. A veces improvisan una barricada con el tronco de un árbol sobre el camino de terracería para obstruir el paso de vehículos. Es un medio de defensa lastimoso frente a los rebeldes fuertemente armados, pero esperan y rezan por poder proteger a sus familias de la violencia y la destrucción.
Adaptabilidad
El miedo gradualmente cede ante la adaptabilidad en Chibok, ya que los residentes se están cansando de esperar a que llegue la ayuda externa.
El gobierno de Nigeria se ha visto obligado a defender su reacción a la crisis y el presidente, Goodluck Jonathan, ha recibido críticas incesantes por haber esperado tres semanas para hablarle a su pueblo sobre las labores para encontrar y liberar a las niñas. La campaña militar para someter a Boko Haram ha tenido poco éxito desde que se declaró el estado de emergencia en el norte de Nigeria, hace un año.
Durante el día, Chibok regresa a una especie de normalidad y su bullicioso mercado es un eje. Pero las cicatrices del ataque de abril vuelven a ser el centro de atención: el cascarón quemado de la escuela de las niñas sirve de recordatorio de la magnitud de la destrucción en esa infausta noche.
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Infantino respalda a Vinicius y exige medidas tras incidente en Lisboa

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El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, expresó su respaldo a Vinícius Júnior tras el presunto incidente de racismo ocurrido durante el partido entre SL Benfica y Real Madrid CF, disputado en el Estádio da Luz.

El encuentro, correspondiente a la ida del playoff de la UEFA Champions League, fue detenido momentáneamente luego de que el árbitro François Letexier activara el protocolo antirracismo tras la denuncia del delantero brasileño, quien señaló haber recibido un supuesto insulto racista por parte de Gianluca Prestianni.

A través de un mensaje difundido en redes sociales, Infantino manifestó que le “conmocionó y entristeció” el presunto incidente y afirmó que no hay lugar para el racismo en el futbol ni en la sociedad. Señaló que es necesario que las partes correspondientes tomen medidas y que se investiguen los hechos para exigir responsabilidades.

El dirigente también reconoció la actuación del árbitro Letexier por activar el protocolo mediante el gesto oficial para detener el partido y abordar la situación en el terreno de juego. Subrayó que la FIFA, a través de su Posición Global Contra el Racismo y el Panel de Jugadores, mantiene el compromiso de proteger a futbolistas, árbitros y aficionados ante cualquier forma de discriminación.

El episodio se produjo después de que Vinícius marcara al minuto 50 y celebrara frente a la grada local. Tras ello se generó un intercambio con jugadores del Benfica y el brasileño acudió al árbitro para denunciar el presunto insulto. La transmisión captó a Prestianni cubriéndose la boca con la camiseta en ese momento, lo que incrementó la tensión. El juego se reanudó minutos después.

Por su parte, el Benfica y Prestianni negaron que se hayan producido insultos racistas. El caso ha generado reacciones en distintos sectores del entorno futbolístico, mientras se espera el resultado de las investigaciones correspondientes.

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