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La cumbre de los votos. Por Caleb Ordoñez T.

Un hiperpolitizado 2023 arrancó de forma agresiva en todos los sentidos. La visita de Joe Biden a nuestro país provocó un terremoto que cimbró a los cárteles de la droga, buscando despedazar la idea del vínculo entre el gobierno federal y el poderoso cártel de Sinaloa. Es obvio que la detención del hijo del Chapo ha sido un gesto de reconciliación para el socio comercial más importante de México.

A pesar de dicha entrega, el presidente López Obrador ha matizado las primeras reuniones con su homólogo para demostrar o posicionar su liderazgo latinoamericano -el cual ha sostenido durante los últimos cuatro años-. El mexicano ha sido tajante, y hasta violento, para desafiar al estadounidense por el “abandono” y hasta “desprecio” que han sufrido las naciones latinas por parte del gobierno de Estados Unidos.

Reclamos que asombraron al invitado, que no se quedó callado y reviró las quejas, señalando que Estados Unidos es el mayor involucrado en tareas de ayuda en la zona. Además, se refirió -recriminando a la llamada 4T- a los 100,000 estadounidenses que han muerto por la “plaga del fentanilo”, la popular droga que ingresa por la frontera de México, elemento con el que “fabricaba” drogas el hoy preso Ovidio Guzmán.

Las tensiones que han tenido entre mandatarios han sido constantes y esta reunión bilateral se convirtió en una especie de catarsis, para mostrar a la luz las diferencias puntuales que tienen referentes a la migración, política y trasiego de drogas.

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García Luna, más allá de un show. Por Caleb Ordóñez T.

Caleb Ordóñez T.

Caleb Ordoñez Talavera

“Te quiero”, le decía el detenido a su esposa quien, con lágrimas, respondía el gesto poniéndose la mano en el corazón.

Los guardias de seguridad y su abogado acompañaban a Genaro García Luna a los separos de la corte, para luego ser llevado a la prisión donde está hospedado desde diciembre del 2019.

El juicio del exfuncionario se ha convertido, en pocos días, en el mayor generador de notas, por los interesantes relatos que han sido dados a conocer.

García Luna fue el creador de la “guerra contra el narcotráfico”, lo cual le hizo ser considerado uno de los hombres más poderosos de México. Nunca ocultó su intención de sobrepasar los asuntos de seguridad para catapultarse a la política e, incluso, en los pasillos de Los Pinos se hablaba que buscaba reemplazar a su jefe Felipe Calderón en la Presidencia de la República, abanderado por su partido, el PAN.

Desde su juicio público, en Nueva York, se presentarán diariamente las pruebas que tiene en sus manos la fiscalía para condenar al mexicano.

Estados Unidos asegura tener un millón 200,000 páginas de documentos, 7,000 grabaciones; relatos de decenas de testigos que pertenecieron a distintos grupos delincuenciales que lo señalan como operador y beneficiario directo del negocio del narcotráfico.

Quien tiene la responsabilidad en sus manos, de la vida de García Luna, es un juez conocido por los capos de la mafia; su nombre es Brian Cogan, quien presidió el juicio de Joaquín “El Chapo” Guzmán.

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Te salpiqué en las redes. Por Javier Contreras Orozco

Dr. Javier Contreras Orozco

El morbo es un nuevo motor de comercio y de éxito, con el principio de el que no muestra no vende

Los ojos y la atención de millones de personas, en todo el mundo, se asoman, disfrutan y comparten los sentimientos de una latinoamericana que se siente engañada por un español

¿Dónde quedan la implorada privacidad, la protección de datos personales y el respeto a la intimidad?

Hemos perdido el pudor, la vergüenza y la prudencia. Las redes sociales nos abrieron la puerta a exhibir nuestras intimidades y privacidades.  Mostramos filias y fobias sin moderación o respeto a nosotros y a las personas. Hemos hecho un deporte en ventilar miserias o pecados, debilidades o vicios, propias y ajenas.

Y paralelamente, gozamos de ver los tendidos al sol de los demás.  El morbo es un nuevo motor de comercio y de éxito, con el principio de el que no muestra no vende. Y el que enseña más o es más atrevido logra más éxito.

Nos gusta enseñar y nos gusta ver de manera compulsiva. Y las redes sociales ofrecen ambas obsesiones: ver y ser vistos.

De manera contradictoria e incongruente, por un lado, demandamos y exigimos privacidad a nuestra vida y nuestras cosas personales, apelando el derecho a la vida privada, pero nos exhibimos en actitudes narcisistas a través de selfies, informes y datos particulares y familiares. Se presumen relaciones amorosas, pero también anunciamos rompimientos involucrando a los usuarios de las redes en nuestros afectos y desafectos. De por sí, la naturaleza humana es complicada, con las redes sociales la complicamos más, haciendo de la vida íntima una pila de agua bendita donde todos meten (y metemos) la mano.

En junio del 2020 una pareja de famosos anunció en un comunicado por las redes sociales su decisión de separarse y en ese entonces pidieron “respeto a nuestra privacidad” por el “bienestar de nuestros hijos”. Y así se le respetó a petición de ellos.

La historia de amor se había iniciado en 2010, meses antes del Mundial de Fútbol que se celebró en Sudáfrica. El futbolista español Gerard Piqué y la cantante colombiana conocida como Shakira quedaron prendados y su romance fue tema del mundo del espectáculo y del deporte por la simpatía y reconocimiento de ambos en sus respectos campos profesionales. Esas relaciones por lo general llaman la atención por tratarse de personas famosas, tanto su unión como su separación porque tienen el ingrediente de ser ventiladas públicamente de manera involuntaria o con el fin de promover una decaída imagen.  Algo similar, pero en dimensiones muy reducidas ha sido el fin del noviazgo del escritor peruano Mario Vargas Llosa e Isabel Preysler, aunque sin punto de comparación con el futbolista y la cantante. El futbol es el deporte mediático y de masas y la colombiana embelesa por su voz y su ritmo de caderas.  Y entre leer y ver la televisión hay una enorme distancia y brecha abismal.

La relación de la cantante y el futbolista procreó dos hijos y la crisis se agudizó desde junio del 2022 cuando deciden hacer pública la separación.

El hecho lamentable del fin de una relación de pareja es muy cotidiano actualmente porque eso pasa todos los días y en todo el mundo, a todas horas y de diferentes maneras. Lo diferente de este caso es que fue de famosos y en plena efervescencia de las redes sociales, espacio preferido y morboso para lanzar dardos envenenados, tomates podridos y agudas piedras.

De pedir “respeto a la privacidad” los propios actores de esta historia pasaron a ventilar púbicamente sus reclamos y despechos con la atención de millones de usuarios de las redes. Para darnos una idea de la viralidad digital está el dato que la canción de Shakira donde le restriega al padre de sus hijos infidelidad, pequeñez, despecho y desprecio tuvo 25 millones de visualizaciones en Youtube en tan solo 12 horas.

El número es histórico en la infodemia y confirma dos cosas: el papel de las redes sociales y lo insaciable de nuestro morbo de las vidas privadas, de los conflictos íntimos y el afán de disfrutar lo privado de los públicos.

Los medios de comunicación masiva convencionales o tradicionales siempre han actuado como elevadores de las famas o descrédito público: de pronto suben figuras de conocidos o desconocidos y los hacen visibles, exhibiendo sus fotos, acciones o declaraciones, pero también, bajan, esconden o desparecen a personajes, mandándolos a las últimas páginas o simplemente ignorándolos. Esa es una de las causas de sufrimiento o angustia de muchos políticos que prefieren que los ataquen, pero que no los ignoren y para ello, hacen declaraciones, protestas o protagonismos para llamar la atención de los medios, algo así como una actitud masoquista: mátame o golpéame, pero no me ignores.

Desde el famoso “Waka waka” canción oficial de la Copa del Mundo en Sudáfrica interpretada por Shakira que los llevó a conocerse y evocar una historia ideal de amor con la popularidad de ambos al reclamo de la colombiana al noviazgo de Piqué y Clara Chía, hay cerros de millones y millones de reproducciones del amarre y desamarre de dos seres. La explosión en las redes sociales vuelve a sorprender como la erupción de un volcán.

Los ojos y la atención de millones de personas, en todo el mundo, se asoman, disfrutan y comparten los sentimientos de una latinoamericana que se siente engañada por un español.

¿Habrá exceso de consideración o lástima?, ¿realmente estamos consternados por esa separación?, ¿nos interesan las desgracias privadas de las personas famosas?, ¿en qué podemos colaborar para terminar con el sufrimiento de un rompimiento sentimental? ¿cómo asimilan los hijos de ese escándalo en las redes?

Tal vez, creemos que ser caja de resonancia o parte de una tendencia (trading topic) de una situación de otras personas, eso nos puede rozar un poquito de la fama de los involucrados. Puede también existir la percepción que compartir un rumor nos hace parte del rumor y de pronto nos queremos ubicar como protagonistas de esas historias por la fama y visibilidad global que alcanzan. Cuántas mujeres quisieran sentirse Shakira y desahogar en una canción los agravios o coraje contenido contra su pareja o cuántos hombres quisieran sentirse Piqués para estar en la cima de popularidad, aunque sea recibiendo críticas y desprecio, pero al fin, en la boca de muchos.

¿Dónde quedan la implorada privacidad, la protección de datos personales y el respeto a la intimidad?

Las redes sociales ¿son redes para trabajar, conectar y comunicar o son cámaras indiscretas que promueven el voyerismo, ese trastorno mental de sentir placer de ver o espiar a personas en actividades íntimas?

Los celulares son los nuevos receptores para esas actividades. Por ahí podemos observar, de manera anónima o pública a los demás, con la malsana intención de disfrutar. Es un hedonismo digital que provoca placer. Son los aparadores portátiles que los cargamos a todos lados, sin restricción ni horario de consulta. Son escenarios de exhibición que se nos han vuelto tan comunes y normales que sin el menor pudor vemos, indagamos, exploramos y compartimos.

Unos buscan la popularidad y la fama por medio de las redes y otros las difunden con singular alegría y desparpajo.

Una última reflexión, después de haber invertido miles de horas y jornadas a los dimes y diretes entre Shakira y Piqué, ¿qué beneficio se logró?, ¿en qué se contribuyó a que los hijos de esta pareja separada fueran más felices con la desgracia de sus padres peleados públicamente, lanzándose ataques desafortunados y de reclamo?

¿Para eso sirven las redes sociales?

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La súbita crisis de Claudia Sheinbaum. Por Caleb Ordóñez T.

Caleb Ordóñez T.

Caleb Ordoñez Talavera

Hay una pequeña línea delgada entre la ignorancia y la inocencia. Esa diminuta división suele ser traspasada por quienes apoyan desaforadamente a una persona que tiene aspiraciones a un cargo público. A esa figura se le llama “estulticia”. Tiene que ver con la necedad y hasta estupidez de esperar el triunfo de alguien que tiene pocas posibilidades de lograrlo. Sin embargo, se está seguro que es la persona más preparada y capaz para un puesto que la misma democracia no le permitirá obtener.

Este fenómeno no solo existe en la política. Millones de personas tienen el síndrome que los gringos llaman “underdog”.

¿Eres uno de ellos? Puedes intentar comprobarlo cualquier sábado cuando por televisión veas una pelea de box entre contendientes que no conoces.

Si inmediatamente el más pequeño y menos musculoso de los peleadores es tu favorito, es muy probable que sufras de dicha condición.

O bien, ¿cuántos de nosotros nos alegramos al ver al modesto equipo de Marruecos vencer a potencias futbolísticas en el pasado Mundial?

Montaña rusa

En nuestro país, específicamente en la entrañas del partido Morena, es sabido y de forma contundente, que la favorita del presidente López Obrador, para ser la próxima candidata a la presidencia, es Claudia Sheinbaum….

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Reforma electoral, ¿circo, maroma y teatro? Por Caleb Ordoñez T.

Caleb Ordóñez T.

Vaya que es costosa. La democracia mexicana está entre las más dispendiosas a nivel mundial. Solo para las elecciones intermedias del 2021, el INE aprobó más de 26,819 millones de pesos (mdp) de presupuesto, un incremento del más del 30% del autorizado para las elecciones intermedias del 2015 (el presupuesto de ese año fue de 18,572 mdp) y 10.5% más que el presupuesto autorizado para la elección presidencial del 2018.

Cada año el Congreso de México suele sorprender a los ciudadanos con las cantidades abismales de dinero que se aprueban con recursos públicos, para buscar fortalecer elecciones que suelen ser poco atendidas por los votantes.

El padrón actual de votantes supera los 93 millones. Sin embargo, la baja participación le cuesta demasiado dinero al país. Cada voto realizado en 2021 fue de casi 300 pesos.

Desde que llegó al poder, el presidente López Obrador ha sido un férreo crítico del Instituto Nacional Electoral. Prácticamente lo ha acusado de ser el culpable de que nuestras elecciones sean tan costosas, denunciando un mal manejo presupuestal y una excesiva carga de prerrogativas a los partidos políticos.

La tensión entre el gobierno federal y el INE ha ido creciendo fuertemente…

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