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La historia del chihuahuense que sobrevivió a los ataques del 11/9 en Nueva York

El día de hoy, 11 de septiembre se conmemoran 19 años del peor atentado que ha sufrido Estados Unidos: El ataque a las torres gemelas de Nueva York y el pentágono, en Washington.

En aquél 2001, el chihuahuense Guillermo Campos Galván, radicaba en la ciudad de Nueva York y sobrevivió a los atentados terroristas cometidos en el World Trade Center debido a una demora en su traslado hacia las torres gemelas aquella mañana.

Ese pequeño detalle le salvó la vida, por lo cual medios nacionales e internacionales se interesaron por su testimonio.

Campos Galván tenía gran reconocimiento entre varios sectores de jóvenes chihuahuenses que se interesaban por la filantropía y misiones a la sierra Tarahumara.

Al regresar a Chihuahua, Guillermo se dedicó a la política, con un futuro muy prometedor lamentablemente, la suerte no estuvo de su lado el 14 de noviembre del 2011.

En ese entonces, Campos Galván viajó a la Ciudad de México para despedir al secretario de Gobernación, Francisco Blake Mora, fallecido en un accidente aéreo y regresaba a Chihuahua, sin embargo en el trayecto al aeropuerto sufrió un accidente y perdió la vida.

Su hermana mayor, María Eugenia Campos Galván, actualmente es alcaldesa de la ciudad de Chihuahua.

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Especiales

Acapulco lucha por sobrevivir. Por Itali Heide

Imágenes: Manuel Villavicencio

Antes incluso de verlo, Acapulco se huele. El olor de la basura acumulada durante semanas en las calles, la humedad de toneladas de lodo, árboles y hojas cubriendo portones, e incluso el olor a muerte persiste en el aire. Sobre el SEMEFO, buitres vuelan en una coreografía coordinada que señala que la muerte es mucho más frecuente que las cifras oficiales.

Itali Heide

Itali Heide

Al adentrarse en las devastadas calles de Acapulco, uno podría pensar que ha sido transportado a una zona de guerra. Ni una sola casa o edificio ha quedado indemne, con cristales esparcidos por todos los patios y líneas de agua de dos metros de altura en hogares que sirven de recordatorio del horror por el que pasaron los guerrerenses.

Aunque la pérdida material es devastadoramente triste, la angustia llega cuando se escuchan las historias de los sobrevivientes. Doña Francisca ha vivido en el poblado de Yetla toda su vida. De pie en la puerta de su casa, mirando hacia atrás, hacia el lugar que una vez conoció como un hogar seguro, recuerda la noche que la vio pedir por su vida. «No pude hacer nada», dice con las mejillas llenas de lágrimas, «el viento era tan fuerte que me agarré a la cama rezando que no me llevara el viento».

¿Quién iba a pensar que de un día para otro toda una región podía desaparecer del mapa? Es como si alguien hubiera hubiera arrastrado su dedo pulgar por el paisaje, sin dejar ni una sola palmera recta, mientras la mayoría yacía en el suelo como el destino le había deparado. La gente sufrió enormemente, y algunos pasaron 20 horas en sus casas con el agua hasta el pecho, sosteniendo a sus hijos y suplicando por una salida.