En la ciudad sureña de Luxor, Egipto, se ha reabierto al público la tumba del faraón Amenhotep III después de un proceso de restauración que excedió los veinte años. El anuncio cobra especial relevancia conforme se aproxima la inauguración oficial del Gran Museo Egipcio en El Cairo, programado para el 1 de noviembre.
El hallazgo original de esta tumba data de 1799, aunque con el paso de los siglos su interior fue despojado: entre los objetos robados figura su sarcófago. Durante el largo proyecto de rehabilitación, liderado por expertos japoneses en tres fases, se trabajó en la recuperación de pinturas murales que representan al faraón en compañía de deidades y en la restauración de inscripciones del “Libro de los Muertos”.
La navegación hacia el recinto funerario implica descender por un pasillo de 36 metros con una inclinación que llega a 14 metros de profundidad. En la estructura se distingue una cámara principal dedicada al rey y dos más destinadas a sus esposas, la reina Tiye y la reina Sitamun. No obstante, la tumba no está completamente decorada, algo inusual frente a otros sepulcros en el Valle de los Reyes.
Acerca del destino del cuerpo del faraón, las autoridades arqueológicas revelaron que la momia fue trasladada en tiempos antiguos al sepulcro de su abuelo, Amenhotep II, también ubicado en el Valle de los Reyes. Actualmente, se exhibe junto con otros restos reales en el Museo Nacional de Civilización Egipcia.
Más allá de su valor histórico, la reapertura forma parte de una estrategia más amplia para reactivar el turismo, un rubro que quedó golpeado tras los disturbios políticos desde 2011. La reputación cultural de Egipto y su riqueza arqueológica se hallan en el centro de esta apuesta.
Con esta medida y ante la cercanía de la apertura del nuevo museo, Egipto millones generales espera atraer visitantes y reafirmar su legado milenario como uno de los destinos patrimoniales más emblemáticos del mundo.