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Opinión: Dichos mexicanos, por Nancy Toledo

Hay muchísimos, algunos cortos y simples, otros más elaborados y difíciles de entender o aplicar. La verdad es que la mayoría a simple “vista” no tienen sentido…pero los dichos mexicanos son, como dicen por ahí “pequeños evangelios” en donde se almacenan años de sabiduría y millones de anécdotas se describen en una sola frase…

No hay traducción, ni mayor explicación…pero todos crecemos sabiendo que algo que se ve bien da el gatazo, que Chuchita está a salvo…si es que existe, y que la hilacha de por si agarra vuelo sola.

No es lo que dicen, sino lo qué hay detrás de cada dicho…el misterio de decir algo con palabras completamente diferentes. Es la malicia que no es mala, es inteligencia que no se aprende…es algo que es de casa, que no sabes de donde lo sabes, pero es muy tuyo…muy nuestro.

Yo no sé si están quedando obsoletos…pero los uso y los conozco casi todos. Me da gusto tener esta parte de identidad clásica, popular…mexicana.

Con este ejemplo, de algo tan sencillo y tan difícil de explicar, quiero invitarlos a que antes de sentir que estamos lejos…por no decir leji?simos de tener alguna razo?n para celebrar nuestro pai?s. Ponte en pausa y date cuenta que? hay cosas buenas, y podemos darle el aplauso que se merece.

ME?XICO esta? lleno de sabores, dichos, tradiciones, tacos, y muchas cosas que nos hacen apreciar el pai?s donde vivimos.

Hagamos lo que esta? en nuestras manos para hacer un lugar mejor. No perdamos las ganas de salir adelante “a pesar de” todo lo que sucede en este Me?xico lindo…

No dejes que nadie te quite el orgullo de pertenecer. Y disfruta lo bonito que se siente ser mexicano!

Nancy Anahi Toledo Rascón
Facebook.com/esopienso
Instagram @eso.pienso

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¿Por qué lo liberaron? Cienfuegos, la extraña exoneración. Por Caleb Ordóñez T.

Caleb Ordóñez T.

El todopoderoso hombre de las fuerzas armadas mexicanas había colgado su vestimenta verde siempre pulcra, llena de medallas de honor; para utilizar el recién lavado uniforme naranja de la prisión neoyorquina.

Salvador Cienfuegos Zepeda estaba siendo acusado por cuatro delitos relacionados con el narcotráfico: él insiste, una y otra vez, en su inocencia. Sin embargo, la Administración de Control de Drogas? (DEA) lo acusa con aversión.

Quienes conocen personalmente a Cienfuegos, aseguran que su rostro siempre de semblante duro, contrasta con la actitud negociadora y amable del célebre personaje. El hoy caído y acusado militar ha vivido el averno y abismo. Pues ya se le ha tatuado en la frente, casi por endoso, que es culpable de tres cargos de conspiración para manufacturar, importar y distribuir cocaína, metanfetamina y marihuana, además de un cargo por lavado de dinero.

Quienes fueron los primeros en arrojar las piedras contra el inculpado, son los alentadores o admiradores de la 4T, quienes de manera desaforada aplaudían la caída del ex funcionario de Enrique Peña Nieto y aseguraban que era un logro del gobierno mexicano.

Incluso, el presidente Andrés Manuel López Obrador, al conocer de la captura de Cienfuegos el pasado 16 de octubre, ironizó y aseguró entonces que “no todos los militares están involucrados en el caso”. Además, fuera de presumir la inocencia del acusado, AMLO sentenció “No vamos a encubrir a nadie. Ya pasó ese tiempo”.

Pero no pasó mucho tiempo y la situación se puso difícil entre el gobierno federal y el ejército mexicano. Muchos de los militares que ocupan los puestos más importantes, por obviedad, son muy cercanos a su ex jefe. A tal grado que decidieron no cooperar más con las autoridades norteamericanas mientras duraran las incriminaciones contra el ex titular de la SEDENA y presionar al gobierno mexicano para no ensuciar a la institución.

Ante este escenario, tanto la actitud del presidente mexicano, como la del canciller, Marcelo Ebrard, dieron un giro inesperado…

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Que extraño es no extrañar. Por Itali Heide

Itali Heide

Todo parecía surreal en marzo, un mes que parece como si hubiera sucedido hace una eternidad. De un momento a otro, México se convirtió en un pueblo fantasma, con el cierre de escuelas, oficinas vacías y puertas cerradas. Para pasar el tiempo y conectarnos con nuestros queridos, nos pusimos creativos. Festejos de cumpleaños por videollamada, besos a través de la ventana, noches de películas compartidas y mensajes emotivos acompañados de recuerdos.

Poco a poco, la emoción fue desvaneciendo. Las videollamadas se hicieron menos frecuentes, las películas ya no entretenían como antes y un abrazo a la distancia no se sentía igual. Ahora, socializar parecía más un quehacer que un escape. ¿Qué nos pasó?

Quizás no deberíamos de exigirnos tanto. Socializar y conectarnos es importante, pero también podemos aprender mucho de la soledad. Lo primero que debemos hacer, es aceptar la realidad: no regresaremos a la ‘normalidad’. COVID marca un antes y un después en la historia, dejándonos con la única opción de adaptarnos a la nueva normalidad.

COVID está cambiando la forma en que los seres humanos socializan. (Imagen: Unsplash)

Podemos establecer formas más sostenidas de conectarnos en línea. A veces, reenviar un meme o comentar una foto es suficiente para mantener viva la flama de cariño y amistad. Una llamada de vez en cuando, y un sinfín de recuerdos para sentirnos conectados aún a la distancia. Para otras personas, socializar en redes sociales es su chaleco salvavidas. Las pláticas de zoom abundan, y sin ese escape la soledad se apodera de ellos. Nuestra nueva vida social post-COVID se crea en torno a sentimientos de aislamiento, soledad, preocupación y culpa.