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Opinión: Dónde encontramos inspiración, por Nancy Anahí Toledo

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No es que sea difícil hoy en día encontrar una fuente de inspiración que valga la pena…es que, desde mi punto de vista, existen tantas falsas realidades expuestas por todos lados, que lo que resulta fácil es aspirar a algo que no existe o que no es verdaderamente inspirador.

Ahora va más despacio.

Vivimos en la eterna búsqueda de inspiración…ese estímulo que nos haga sentir, y nos llene de ganas de crear y hacer algo. Sobre cualquier tema…ejercicios físicos para conseguir un cuerpo buen formado y fuerte, meditaciones y viajes espirituales para tener la paz interna, decoración para tener la casa de tus sueños, o cualquier creación para realizarte dentro de lo que a ti te va.

Eso es. Así somos. Seres aspiracionales, y es perfecto. Pero, aquí es donde yo me cuestiono…dónde encontramos inspiración?

Hay miles de personas haciendo cosas de valor! Cumpliendo metas, formando carreras, apoyando a otras personas, enalteciendo a su país de origen y familia. Pero esto se oye poco.

La importancia que dan los medios y la sociedad a las cosas menos importantes y definitivamente menos valiosas nos hace perder enfoque. El foco de atención lo tienen otro tipo de cosas. Y terminamos “inspirados” en algo que no es inspirador, o ni siquiera es real, o posible.

Lo que quiero decir con todo esto, es qué hay tanto que ver, que a veces no vemos lo correcto. Y hoy por hoy, el trabajo es nuestro. Debemos buscar una verdadera fuente de inspiración. Algo que valga la pena, que vaya con tus verdaderos valores y estilo de vida. Debemos dejar de ver algo que puede ser falso y lleno de producción, como una vida que queremos llevar, un cuerpo que queremos tener, una felicidad que queremos alcanzar.

Solo tú sabes que te inspira realmente…busca bien lo que ves, lo que lees, con quien te relacionas. Elige bien que o quién quieres ser….te aseguro que siendo auténtico, tú puedes ser inspiración para alguien también.

Nancy Anahí Toledo Rascón
Instagram @eso.pienso
Facebook Eso pienso

Opinión

México, el gran estadio del mundo. Por Caleb Ordóñez T.

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Hay instantes en la historia de un país en los que todo converge: la atención del planeta, la emoción colectiva y la oportunidad de mostrarse tal como es. México está a punto de entrar en uno de esos instantes. En 2026, el deporte no será un simple acontecimiento en la agenda; será un relato continuo que se vivirá en estadios repletos, en playas abiertas al mundo, en ciudades vibrantes, carreteras llenas y un país visto a través en cientos de millones de pantallas. Un año en el que la pasión se convertirá en espectáculo y el espectáculo en identidad.

El Mundial de Futbol es el epicentro. El torneo que paraliza al planeta y que transformará al país anfitrión en un punto de referencia cultural, económico y emocional. Durante semanas, México será una conversación global: aeropuertos llenos de idiomas, calles convertidas en ríos de aficionados, plazas públicas latiendo al ritmo del balón. No se trata solo de partidos; se trata de comprobar la capacidad de un país para recibir, organizar, emocionar y dejar huella eterna. México ha sido el color de todos los mundiales y ahora le toca explicarle al mundo porque amamos tanto esta fiesta global.

Pero la grandeza de 2026 no se sostiene en un solo evento. El calendario completo dibuja una narrativa más ambiciosa. El béisbol, por ejemplo, tendrá uno de sus momentos más simbólicos con la Serie del Caribe en Jalisco. Un torneo que es tradición, orgullo regional y fiesta popular. El diamante se convierte en punto de encuentro continental; el estadio, en una extensión de la calle. Viajan los equipos, viajan los aficionados y viaja una identidad que conecta a México con el Caribe y con millones de seguidores del béisbol en todo el continente.

La velocidad irrumpe con fuerza desde la pista. La Fórmula 1 ha hecho de México una de sus sedes más celebradas. No es solo la carrera: es el ritual previo, la música, la ciudad transformada en escenario global; el premio más querido del mundo. Es la confirmación de que el país puede ejecutar eventos de máxima exigencia con precisión, estilo y personalidad. La bandera a cuadros no marca el final; marca el inicio de una celebración que se extiende toda la noche por toda la capital.

En el tenis, Acapulco vuelve a demostrar que el prestigio se construye con experiencia. Los mejores jugadores del mundo no llegan solo a competir; regresan porque saben que ahí el deporte se vive con excelencia. Cada punto es observado, cada partido es un escaparate y cada edición refuerza la idea de que México sabe jugar en las grandes ligas del deporte internacional.

Ahí mismo en la costa, el pádel ha encontrado en México (donde lo vio nacer) una de sus casas más apasionadas. Gradas llenas, figuras globales y una afición que vive el deporte como convivencia y espectáculo. A su alrededor crece una industria moderna y aspiracional que conecta con nuevas generaciones y crece de manera impresionante.

Las costas amplían el escenario. El golf, con torneos de alto nivel tanto PGA como LIV golf, convierte a las playas mexicanas en destinos de élite. Campos espectaculares, paisajes únicos y un turismo especializado que llega, se queda y consume. A esto se suman el surf y la pesca deportiva, disciplinas que transforman la naturaleza en escenario competitivo y al país en destino deseado.

Y cuando el espectáculo parece completo, entran en escena las grandes ligas de Norteamérica. La Major League Baseball ha encontrado en México una plaza capaz de llenar estadios rápidamente y generar audiencias continentales.

Y para alegría de millones, regresa la NFL, con partidos que se convierten en verdaderos fenómenos culturales, confirma algo contundente: México no es solo mercado, es sede; no es espectador, es protagonista. Pocos países fuera de Estados Unidos pueden decir lo mismo.

Todo converge en una certeza: México se ha consolidado como uno de los grandes organizadores de eventos deportivos del mundo. No importa si se trata del torneo más grande del planeta o de una competencia especializada; el país responde con carácter, apostando por la infraestructura, talento y lo más importante la hospitalidad del mexicano.

Más allá de títulos y resultados, el impacto verdadero está en la derrama económica, en el empleo, en la proyección internacional y en la memoria que se construye. Cada evento es una invitación abierta a conocer el país, a recorrer sus estados y a regresar. En 2026, los grandes ganadores no estarán solo en el podio. El gran vencedor será México, con todos sus territorios, su gente y su capacidad infinita para convertir el deporte en una celebración que el mundo no olvida.

Es emocionante imaginar que lo viviremos, para recordarlo siempre.

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