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Opinión: Recalculando ruta, por Nancy Toledo

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Me atrevo a pensar que todos hemos estado perdidos en un punto del camino de la vida.

Por falta de señalamientos, por no saber la dirección exacta, o simplemente no haberte fijado en el trayecto y llegar a decir “cómo llegué aquí?”.

Ahora lo podemos ver en nuestros celulares….si buscas una una dirección, te vas a dar cuenta qué hay más de una forma de llegar a ese destino. Te marca rutas dependiendo del tráfico, si vas caminando, en bici, en carro, si quieres tomar atajos, si quieres ir por aquí o prefieres ir por allá…y es más!, si eliges una, y a medio camino decides cambiar, te equivocas o te arrepientes de ir para allá. Ante ese cambio de planes, automáticamente sucede: recalculando ruta.

Justo así es la vida!.

Tú vas a decidir la dirección que quieras, y de qué manera llegar a ella. Habrá ciertos tramos conocidos, transitados por mucha más gente, pero si tienes que abrir camino para seguir avanzando, hazlo!. Este viaje de la vida no se puede predecir. A veces avanzamos caminando, y otras nos toca ir en en avión.

No pierdas de vista los señalamientos que a lo largo del recorrido aparecen. Nada es irremediable. Si te pierdes, busca otro camino. Si cambias de ideales, amigos, prioridades…busca nuevos!.

Pienso qué tal vez a muchos nos hacía falta este alto en seco para detenernos a ver en donde estamos, y como llegamos aquí. Alguno necesitaban reconsiderar muchas cosas en su vida; meter reversa o buscar otro camino totalmente nuevo.

Todo está cambiando…el modo de convivir, esquemas de negocios, educación. El mundo se está reinventando. Nos toca hacerlo también!.

No hay que esperar a ver qué nueva ruta recalcula el GPS del mundo. Son tiempos inciertos, pero mientras la vida siga, nosotros podemos seguir avanzando.

No viajes en automático. No sigas las rutas que alguien más te marca, a menos que sean útiles para tus objetivos. Observa mientras avanzas, aprende tus movimientos para poder regresar algún día si necesitas. A veces el camino es mucho más importante que el destino. Así que a gozar el viaje!.

Nancy Anahi Toledo Rascón
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Reforma caída, poder en disputa. Por Caleb Ordóñez T.

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La reforma electoral enviada por la presidenta Claudia Sheinbaum pretendía convertirse en una de las grandes piezas políticas de su primer tramo de gobierno. No era una iniciativa menor: implicaba tocar las reglas del sistema político mexicano, rediseñar parte de la representación legislativa y volver a colocar sobre la mesa una vieja bandera del obradorismo: abaratar la democracia mexicana. Sin embargo, lo que se anticipaba como una muestra de fuerza legislativa terminó convirtiéndose en el primer gran aviso de que el poder dentro de la coalición oficialista ya no funciona con obediencia automática.

La propuesta partía de una idea políticamente rentable: reducir costos y simplificar estructuras. Entre los puntos centrales estaba disminuir el número de senadores, modificar el esquema de representación proporcional y recortar gastos electorales que, desde la narrativa presidencial, siguen siendo excesivos para un país con enormes desigualdades sociales. También se buscaba actualizar reglas frente al uso de inteligencia artificial, bots y propaganda digital en campañas, bajo el argumento de que la política mexicana ya no puede seguir regulándose con instrumentos pensados para otra época.

Pero detrás del discurso de austeridad había un elemento mucho más sensible: la redistribución real del poder entre partidos.

Ahí apareció el primer muro inesperado. El Partido del Trabajo y el Partido Verde, aliados históricos de Morena, decidieron no acompañar la iniciativa. No fue una ruptura ideológica, sino una reacción de supervivencia política. Ambos entendieron que una reducción o modificación profunda en el sistema de representación proporcional podía afectar directamente su capacidad de conservar espacios legislativos propios. En otras palabras: Morena proponía una reforma pensada desde la lógica de partido dominante, mientras sus aliados la leyeron desde la lógica de partidos que necesitan reglas protectoras para seguir siendo relevantes.

La votación dejó una fotografía políticamente incómoda: Morena no logró reunir la fuerza suficiente para sacar adelante una reforma constitucional aun teniendo la Presidencia, mayoría simple y control narrativo del debate público.

Y esa derrota tiene consecuencias internas.

Porque más allá del revés legislativo, el episodio deja a la presidenta frente a una realidad que en política pesa mucho: el capital político no es permanente, se administra y también se erosiona. Dentro de Morena, la señal fue clara: si los aliados ya marcan distancia, también empiezan a moverse los grupos internos que observan hasta dónde llega realmente la capacidad presidencial de ordenar decisiones.

Eso obliga ahora a Claudia Sheinbaum a recuperar control interno. Y una de las rutas más previsibles es endurecer su influencia en la construcción de candidaturas. Lo que viene hacia 2027 puede ser un proceso mucho más cerrado, donde perfiles cercanos a Palacio Nacional busquen ocupar candidaturas a gubernaturas y diputaciones federales como mecanismo de blindaje político. Es decir: si el Congreso mostró límites, entonces la siguiente apuesta será construir una mayoría futura más disciplinada desde el origen.

En política mexicana eso suele traducirse en una lógica sencilla: menos concesiones territoriales y más control sobre quién llega.

Por eso no es casual que desde el entorno presidencial ya se hable del llamado “Plan B”.

La presidenta ha dejado claro que el fracaso de una reforma constitucional no significa renunciar al proyecto. El plan alterno consiste en avanzar por rutas secundarias: reformas legales ordinarias, ajustes administrativos y decisiones presupuestales que no necesiten mayoría calificada. Reducir financiamiento público a partidos, endurecer reglas de operación institucional y modificar mecanismos internos del sistema electoral pueden ejecutarse parcialmente sin tocar la Constitución.

Es una estrategia conocida: fragmentar una gran reforma en pequeñas decisiones acumulativas.

El cálculo político es evidente. Si no se puede ganar todo de una vez, se gana por partes.

Sin embargo, el costo político permanece. Porque esta votación también reveló algo más profundo: la coalición gobernante ya entró en una etapa donde cada aliado comienza a defender su propio futuro electoral.

Y cuando eso ocurre, cada iniciativa deja de ser solamente técnica para convertirse en una negociación de poder.

La reforma electoral no murió; simplemente abrió una nueva batalla.

Una donde ya no basta tener mayoría moral, narrativa presidencial o popularidad pública. Ahora también habrá que reconstruir disciplina política.

Y esa es quizá la prueba más delicada que enfrenta hoy la presidenta: demostrar que todavía puede ordenar a su propia mayoría sin fracturar el proyecto que la llevó al poder.

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