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Opinión: Una vida con excesos, por Nancy Anahí Toledo

Creo que todos, de cierta forma, estamos viviendo una vida llena de excesos. No estoy hablando del “sexo-drogas-rockandroll” que caracterizó por mucho tiempo esta expresión.

Pero sí. Me atrevo a decir que todos estamos viviendo así. Con excesos.

Hay una infinidad de información que recibimos por segundo…siempre estamos leyendo mensajes, recibiendo noticias, viendo a detalle la vida de miles de personas, (conocidas o no). Nos llenamos la cabeza de tanto, tenemos exceso de estímulos de todo tipo qué resulta difícil saber cuál de todos nuestros “deseos” es real. O nuestro.

Son pocas las veces que tengo tiempo de ver una película o empezar una serie, y cuando lo hago, paso horas buscando opciones, leyendo reseñas, pidiendo recomendaciones…y hay taaaaaanto que ver, que no veo nada.

El exceso de opciones termina por matar mi momento deseado. Y creo que con este ejemplo nos podemos identificar todos, y también lo podemos llevar a otros aspectos de la vida.

Es bueno que haya un millón de posibilidades para todo. Pero no deja de ser abrumador el exceso. A veces vemos tantas cosas, tanta ropa, tantos viajes, tanta gente haciendo cosas diferentes, que esto termina llenándonos la cabeza, y dejamos de lado nuestro verdadero deseo. O en el peor de los casos, nuestro verdadero yo.

Se pierden las ganas y el tiempo de hacer lo que tú realmente quieres, por estar siguiendo este exceso de opciones y opiniones.

No digo que no debamos echar ojo por ahí, consultar, pedir ayuda o buscar inspiración…es solo que, a veces debemos de escuchar nuestra voz interior, y hacerle caso a las ideas propias…de poner la película! Claro que habrá otras más buenas, y más malas, o más largas. Pero al final de cuentas, todo es experiencia propia, y si tienes tiempo y ganas de hacerlo. Hazlo!!

Nancy Anahí Toledo Rascón
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Artistas en política, ¿circo o propuesta seria? Por Caleb Ordóñez T.

Caleb Ordóñez T.

Caleb Ordóñez T.

Rolando recibió en sus brazos a su hija, que luego llamaría Guadalupe. En su profunda alegría exclamó “ha nacido la primera mexicana que será Miss Universo», y proféticamente tuvo razón, 23 años después de ese momento Lupita Jones se convertiría en Miss universo, era el 17 de Mayo de 1991, cuando se coronaba en el certamen de belleza más importante del mundo.

Originaria de Mexicali, Guadalupe no era solo un rostro lindo. Había estudiado en San Diego en la escuela de comercio y tenía la idea de trascender en la escena pública. La ciudad de Las Vegas, Nevada le daría esa gran oportunidad.

En una de las complicadas preguntas finales, le cuestionaron: ¿Cuál es el mayor problema de tu país?, Lupita no dudó en responder: “La negociación del Tratado de Libre Comercio”, pues México no contaba con la misma tecnología que otras naciones. “Estoy segura que esto se resolverá muy pronto”, sentenció.

El hecho de que una mexicana que nunca necesitó la ayuda de una intérprete para hablar en inglés y refiriendo un tema políticamente crucial hizo que los reflectores se reflejaran en los presidentes, tanto de México y de Estados Unidos para lograr el tan positivo TLC que hoy han modificado y nombrado T-MEC.

Han pasado 29 años desde esa hazaña y hoy Lupita Jones es la directora general del concurso en nuestro país. Seguiría siendo un perfil en los tabloides de revista, si no fuera porque en este 2021, tanto el PAN, como el PRI la buscan lanzar para la gubernatura por el Estado de Baja California…

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Ser humano es incongruente. Por Itali Heide

Itali Heide

Dos paralelas, dos vidas, dos escenas: mientras alguien felizmente recibe la llamada de una promoción esperada de trabajo, otra persona recibe la terrible noticia de un diagnóstico terminal. De día, los niños trepan columpios y juegan en el parque. De noche, un caminante solitario es atacado y asaltado entre los columpios. Alguien que no se pierde ni un domingo en la iglesia, podría pecar de todas las formas imaginables bajo su religión durante la semana. Ser humano es ser incongruente.

La vida es lo que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes, dicen por ahí. Es más acertado decir que mientras algo sucede en tu vida, miles de otras cosas pasan en vidas paralelas a la tuya, a veces trágicas, de vez en cuando chistosas, de ocasión felices, otras veces emocionantes, pero siempre incongruentes. Somos una red de disonancias y contradicciones, desde afuera hacia adentro.

Como individuos, nuestro crecimiento y aprendizaje nos deja en un estado constante de incongruencia, llamada ‘hipocresía’ por quienes no saben discernir entre la falsedad de los hipócritas reales y la ingenuidad humana del proceso de crecimiento. Como sociedad, pedimos a gritos nuestra propia libertad al tiempo que se lo negamos a quienes no reconocemos como hermanos. Los políticos denuncian la corrupción como si no se llenaran los bolsillos de dinero de los mexicanos que se ganan el pan de cada día. Las empresas venden cualquier producto con la etiqueta <eco-friendly>, ignorando sus fábricas llenas hasta el tope de niños trabajando por centavos.

Ser humano es ser incongruente, pero ser incongruente no es ser cruel. ¿En qué momento empezamos a confundirlos? Hemos normalizado estas disonancias en nuestro día a día, usándolos a nuestro favor para ganar puntos para Instagram o para el cielo, dependiendo a quién queramos impresionar. Nos aterra defraudarnos a nosotros mismos y a los valores que nos enseñaron, pero nos olvidamos de considerar que no podemos vivir en el pasado. ¿Tenemos que estar de acuerdo con algo para aceptarlo? Indudablemente, no.

En vez de esforzarnos para conseguir la armonía y sincronía perfecta del mundo con nuestra identidad, aprendamos a aceptar las incongruencias y disonancias como parte de la vida. Aceptémoslas. Dejemos de darle tanta importancia a lo que no nos va, somos insignificantes en el gran esquema de las cosas. Debemos aceptar el mundo como es: fragmentado, asimétrico e insatisfactorio. Cuando hagamos las paces con lo que no entendemos, el mundo será un lugar un poquito mejor.

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