La economía de México registró una contracción histórica en el segundo trimestre debido al freno en la actividad productiva por la pandemia de coronavirus en el país, mostraron el jueves datos oficiales.
El Producto Interno Bruto (PIB) se hundió un 17.3% entre abril y junio, frente a una caída del 1.2% en el primer trimestre del año, de acuerdo con cifras preliminares divulgadas el jueves por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
Analistas anticipaban una caída ligeramente mayor en el periodo, de un 17.7%, según un sondeo de Reuters.
El instituto de estadística publicará el 26 de agosto los datos finales del PIB del segundo trimestre. De confirmarse, se trataría de su retroceso más profundo al menos desde 1993, el período más antiguo del que dispone de datos el INEGI para este indicador.
A tasa interanual en cifras originales, el PIB de la segunda economía de América Latina registró un descenso del 18.9% en el trimestre.
“#PIB la fuerte contracción trimestral del Producto Interno Bruto estimada en 2020-T2 (-17.3% t/t) es la mayor en la historia de este indicador macroeconómico y casi duplica las bajas en 1995-T2 (-9.1%) y 2009-T2 (-8.9%)”, escribió el presidente del INEGI, Julio Santaella, en su cuenta de Twitter.
A tasa interanual en cifras originales, el PIB de la segunda economía de América Latina registró un descenso del 18.9% en el trimestre.
Durante abril y mayo, gran parte de las actividades productivas del país fueron suspendidas debido a las restricciones impuestas por el gobierno para hacer frente a la pandemia, que hasta ahora ha dejado más de 408,000 contagios y 45,361 decesos en todo el territorio.
Analistas consultados por Reuters esperan que la economía local descienda en todo 2020 un 10.1%.
(Foto: Twitter-INEGI)
En este periodo bajaron todas las actividades empezando por el sector industrial (26%), seguido del de servicios (15.6%) y el agropecuario, que cayó un 0.7%.
Según cifras desestacionalizadas (sin factores coyunturales por temporada), el PIB cayó 17.3% en comparación con el trimestre anterior.
La crisis del coronavirus se empezó a sentir con fuerza en marzo en México con la caída del turismo, las bolsas y la depreciación de la moneda, y a finales de ese mes se decretó la emergencia sanitaria y se suspendieron las actividades no esenciales de la economía hasta finales de mayo.
La negativa de López Obrador a financiar un importante estímulo para apoyar a las empresas, junto con la respuesta del Gobierno al brote de coronavirus, hará que México tenga la recuperación más lenta entre las economías de América Latina, dijo Carlos Serrano, economista jefe de BBVA, en Ciudad de México. Si bien el Gobierno intentó comenzar a reabrir la economía en junio, los casos continuaron aumentando, lo que obstaculizó esos esfuerzos, dijo.
“La economía tocó fondo en mayo, pero habrá una recuperación más lenta que en otros países”, señaló Serrano antes de la publicación de los datos. “La respuesta política en términos de emergencia de salud ha sido un desastre. México no ha podido aplanar la curva y la gente sigue siendo muy cautelosa en cuanto a salir”.
El apalancamiento financiero puede convertirse en un aliado para expandir un negocio o aumentar el alcance de una inversión, siempre que se utilice con una estrategia clara y una evaluación adecuada de los riesgos.
Este mecanismo consiste en utilizar recursos ajenos, como créditos o préstamos, para financiar proyectos de crecimiento con la expectativa de que los rendimientos generados superen el costo de la deuda adquirida.
En el caso de un negocio en expansión, el apalancamiento puede servir para contratar personal, adquirir maquinaria, ampliar instalaciones o automatizar procesos. La intención es aumentar la capacidad operativa y responder a una demanda creciente sin depender únicamente del capital propio.
Sin embargo, este recurso implica una relación directa entre riesgo y rendimiento. Cuando una inversión financiada con deuda genera ganancias superiores al costo del crédito, el resultado es positivo. En contraste, si los ingresos no alcanzan para cubrir las obligaciones financieras, las pérdidas pueden ampliarse. También existe un escenario neutro, en el que no se registran ganancias ni pérdidas significativas.
La incorporación de tecnología suele ser uno de los usos más comunes del apalancamiento financiero. Una mayor productividad permite producir más con los mismos recursos y reducir costos operativos, lo que puede mejorar los márgenes de ganancia. No obstante, el compromiso de realizar pagos periódicos por el préstamo permanece independientemente del desempeño del negocio.
Antes de recurrir a este tipo de financiamiento, es importante analizar si los intereses serán sostenibles y si el proyecto generará suficientes ingresos o ahorros para justificar la inversión. La diferencia entre el costo de la deuda y el retorno esperado es uno de los factores clave para determinar si el apalancamiento será beneficioso.
La herramienta también puede aplicarse en inversiones personales o empresariales. Entre sus principales ventajas destacan la posibilidad de invertir más capital del disponible, aumentar potencialmente la rentabilidad y diversificar inversiones. Entre los riesgos figuran la ampliación de pérdidas, la necesidad de monitorear constantemente los resultados y la obligación de contar con liquidez para enfrentar escenarios adversos.
El nivel de apalancamiento se calcula dividiendo el valor total de la inversión entre los recursos propios aportados. Por ejemplo, una inversión de 20 mil pesos financiada con 2 mil pesos de capital propio equivale a un apalancamiento de 1 a 10.
Especialistas recomiendan evaluar cuidadosamente la capacidad de pago y los riesgos antes de asumir deuda, ya que un mayor nivel de apalancamiento incrementa tanto el potencial de ganancia como la posibilidad de pérdidas.