Los Seattle Seahawks firmaron una noche redonda en el Lumen Field y arrollaron 41-6 a los San Francisco 49ers para asegurar su boleto a la final de la Conferencia Nacional. El equipo local impuso condiciones desde la primera jugada y jamás permitió que su rival se metiera al partido, en una exhibición dominante en todas las fases del juego.
El golpe inicial llegó de inmediato: Rashid Shaheed devolvió la patada de salida 95 yardas hasta las diagonales y desató la euforia en el estadio. Sin que la ofensiva pisara el emparrillado, Seattle ya ganaba 7-0. La defensiva respondió con solidez, frenó a Brock Purdy y abrió el camino para que Sam Darnold ampliara la ventaja con un pase de anotación a Jaxon Smith-Njigba y un gol de campo de Jason Myers.
Antes del descanso, Kenneth Walker III comenzó a imponer su poder por tierra y consiguió su primer touchdown para dejar el marcador 24-6. San Francisco solo pudo sumar dos goles de campo y mostró serias dificultades para mover el balón ante la presión constante de la defensiva local, que además provocó pérdidas clave.
En la segunda mitad el guion no cambió. Una intercepción y un balón suelto profundizaron la crisis de los 49ers, mientras Walker se consolidó como figura con dos anotaciones más. Myers añadió otro gol de campo y Seattle administró el reloj con comodidad hasta consumar la paliza.
Con este resultado, los Seahawks quedaron a un triunfo de regresar al Super Bowl por primera vez desde 2014. San Francisco, en contraste, cerró su temporada con una actuación para el olvido y sin respuestas ante un rival que mostró ritmo, contundencia y ambición de campeonato.