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Si un familiar fallece.. ¿qué pasa con sus deudas?

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Cuando una persona fallece, pocas veces los familiares se preocupan por lo que sucederá con las deudas del finado, como préstamos o
tarjetas de crédito, y aunque normalmente no están obligados a pagarlas, en ocasiones sí deberán hacerlo, por lo que es mejor estar
preparado.

En la mayoría de los casos, los familiares no están obligados a pagar las deudas de la persona fallecida, ya que algunos servicios
como créditos hipotecarios y tarjetas de crédito cuentan con un seguro que salda la cuenta en caso de que el titular muera.

Sin embargo, de acuerdo con el portal Coru.com, en el caso de las tarjetas de crédito, el seguro no se hace válido si se tiene más de tres meses de atraso en el pago de la deuda o si haces uso de ella días posteriores al fallecimiento.

Según la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), estos son los casos en los que sí eres responsable de pagar la deuda:

Co-firmaste la obligación.
Eres la albacea.
Eres obligado solidario; es decir, aval o fiador.
Eres responsable legalmente de liquidar la herencia del finado y no cumpliste con ciertas leyes aplicables.

¿Y los créditos mancomunados?
Cuando el crédito es otorgado, las dos personas están cubiertas por el seguro de vida ligado a la hipoteca. Si alguno de los dos
fallece, el seguro liquida la deuda, siempre y cuando en la póliza se figure el esquema de cobertura mancomunada conyugal y no haya
atrasos en pagos.

Sin embargo, el adeudo aparecerá en el buró de crédito de todos los que son codueños y corresponsables del pago. En dado caso de
que el titular fuera un mal pagador, el historial negativo se verá reflejado en todas las demás personas vinculadas al crédito.

Fuente: Milenio

Dinero

Claves para definir metas de ahorro realistas y mejorar el manejo del dinero

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Las metas de ahorro no dependen únicamente del ingreso disponible, sino de qué tan claras y alcanzables resultan. Bankaool compartió estos consejos en su blog.

En la vida cotidiana, como en el mercado o el tianguis, las decisiones de compra reflejan cómo se administra el dinero: se prioriza lo necesario, se ajusta el gasto y se evita exceder el presupuesto.

Una meta de ahorro implica establecer un objetivo concreto con un propósito definido, un monto específico y un plazo determinado. Sin estos elementos, el ahorro suele quedarse en intenciones generales como “ahorrar más”, lo que dificulta medir avances y sostener el hábito.

Para facilitar su cumplimiento, las metas pueden dividirse por horizontes de tiempo. A corto plazo, abarcan objetivos que se cumplen en menos de un año, como pagar deudas, adquirir artículos necesarios o crear un fondo para imprevistos menores. Las metas a mediano plazo, de uno a tres años, incluyen proyectos como cambiar de automóvil, dar un enganche o financiar estudios y viajes. En tanto, las metas a largo plazo, como un plan de retiro o la compra de vivienda, requieren constancia pese a que sus resultados no son inmediatos.

Especialistas en educación financiera señalan que una meta efectiva debe expresarse en cifras concretas. Por ejemplo, definir un monto específico a reunir en determinado número de meses permite establecer aportaciones periódicas y dar seguimiento al progreso. También es clave ajustar los objetivos a la realidad del ingreso, evitando compromisos que no puedan sostenerse.

Otro elemento relevante es el control del gasto. Identificar compras impulsivas o recurrentes ayuda a tomar decisiones más conscientes. Antes de realizar un gasto, conviene evaluar si este contribuye o aleja del objetivo financiero planteado.

Separar el dinero destinado al ahorro es una práctica que reduce el riesgo de utilizarlo en otros fines. Herramientas digitales como los Cofres dentro de la aplicación de Bankaool permiten organizar recursos por metas específicas, evitando mezclarlos con gastos cotidianos.

Finalmente, se recomienda establecer incentivos al cumplir avances na777 parciales, como alcanzar el 50% o el total del objetivo, lo que refuerza la disciplina sin generar una sensación de restricción constante.

El cumplimiento de metas de ahorro está ligado a la constancia y a la capacidad de adaptar los objetivos a las condiciones reales de cada persona.

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