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Opinión

Te salpiqué en las redes. Por Javier Contreras Orozco

Dr. Javier Contreras Orozco

El morbo es un nuevo motor de comercio y de éxito, con el principio de el que no muestra no vende

Los ojos y la atención de millones de personas, en todo el mundo, se asoman, disfrutan y comparten los sentimientos de una latinoamericana que se siente engañada por un español

¿Dónde quedan la implorada privacidad, la protección de datos personales y el respeto a la intimidad?

Hemos perdido el pudor, la vergüenza y la prudencia. Las redes sociales nos abrieron la puerta a exhibir nuestras intimidades y privacidades.  Mostramos filias y fobias sin moderación o respeto a nosotros y a las personas. Hemos hecho un deporte en ventilar miserias o pecados, debilidades o vicios, propias y ajenas.

Y paralelamente, gozamos de ver los tendidos al sol de los demás.  El morbo es un nuevo motor de comercio y de éxito, con el principio de el que no muestra no vende. Y el que enseña más o es más atrevido logra más éxito.

Nos gusta enseñar y nos gusta ver de manera compulsiva. Y las redes sociales ofrecen ambas obsesiones: ver y ser vistos.

De manera contradictoria e incongruente, por un lado, demandamos y exigimos privacidad a nuestra vida y nuestras cosas personales, apelando el derecho a la vida privada, pero nos exhibimos en actitudes narcisistas a través de selfies, informes y datos particulares y familiares. Se presumen relaciones amorosas, pero también anunciamos rompimientos involucrando a los usuarios de las redes en nuestros afectos y desafectos. De por sí, la naturaleza humana es complicada, con las redes sociales la complicamos más, haciendo de la vida íntima una pila de agua bendita donde todos meten (y metemos) la mano.

En junio del 2020 una pareja de famosos anunció en un comunicado por las redes sociales su decisión de separarse y en ese entonces pidieron “respeto a nuestra privacidad” por el “bienestar de nuestros hijos”. Y así se le respetó a petición de ellos.

La historia de amor se había iniciado en 2010, meses antes del Mundial de Fútbol que se celebró en Sudáfrica. El futbolista español Gerard Piqué y la cantante colombiana conocida como Shakira quedaron prendados y su romance fue tema del mundo del espectáculo y del deporte por la simpatía y reconocimiento de ambos en sus respectos campos profesionales. Esas relaciones por lo general llaman la atención por tratarse de personas famosas, tanto su unión como su separación porque tienen el ingrediente de ser ventiladas públicamente de manera involuntaria o con el fin de promover una decaída imagen.  Algo similar, pero en dimensiones muy reducidas ha sido el fin del noviazgo del escritor peruano Mario Vargas Llosa e Isabel Preysler, aunque sin punto de comparación con el futbolista y la cantante. El futbol es el deporte mediático y de masas y la colombiana embelesa por su voz y su ritmo de caderas.  Y entre leer y ver la televisión hay una enorme distancia y brecha abismal.

La relación de la cantante y el futbolista procreó dos hijos y la crisis se agudizó desde junio del 2022 cuando deciden hacer pública la separación.

El hecho lamentable del fin de una relación de pareja es muy cotidiano actualmente porque eso pasa todos los días y en todo el mundo, a todas horas y de diferentes maneras. Lo diferente de este caso es que fue de famosos y en plena efervescencia de las redes sociales, espacio preferido y morboso para lanzar dardos envenenados, tomates podridos y agudas piedras.

De pedir “respeto a la privacidad” los propios actores de esta historia pasaron a ventilar púbicamente sus reclamos y despechos con la atención de millones de usuarios de las redes. Para darnos una idea de la viralidad digital está el dato que la canción de Shakira donde le restriega al padre de sus hijos infidelidad, pequeñez, despecho y desprecio tuvo 25 millones de visualizaciones en Youtube en tan solo 12 horas.

El número es histórico en la infodemia y confirma dos cosas: el papel de las redes sociales y lo insaciable de nuestro morbo de las vidas privadas, de los conflictos íntimos y el afán de disfrutar lo privado de los públicos.

Los medios de comunicación masiva convencionales o tradicionales siempre han actuado como elevadores de las famas o descrédito público: de pronto suben figuras de conocidos o desconocidos y los hacen visibles, exhibiendo sus fotos, acciones o declaraciones, pero también, bajan, esconden o desparecen a personajes, mandándolos a las últimas páginas o simplemente ignorándolos. Esa es una de las causas de sufrimiento o angustia de muchos políticos que prefieren que los ataquen, pero que no los ignoren y para ello, hacen declaraciones, protestas o protagonismos para llamar la atención de los medios, algo así como una actitud masoquista: mátame o golpéame, pero no me ignores.

Desde el famoso “Waka waka” canción oficial de la Copa del Mundo en Sudáfrica interpretada por Shakira que los llevó a conocerse y evocar una historia ideal de amor con la popularidad de ambos al reclamo de la colombiana al noviazgo de Piqué y Clara Chía, hay cerros de millones y millones de reproducciones del amarre y desamarre de dos seres. La explosión en las redes sociales vuelve a sorprender como la erupción de un volcán.

Los ojos y la atención de millones de personas, en todo el mundo, se asoman, disfrutan y comparten los sentimientos de una latinoamericana que se siente engañada por un español.

¿Habrá exceso de consideración o lástima?, ¿realmente estamos consternados por esa separación?, ¿nos interesan las desgracias privadas de las personas famosas?, ¿en qué podemos colaborar para terminar con el sufrimiento de un rompimiento sentimental? ¿cómo asimilan los hijos de ese escándalo en las redes?

Tal vez, creemos que ser caja de resonancia o parte de una tendencia (trading topic) de una situación de otras personas, eso nos puede rozar un poquito de la fama de los involucrados. Puede también existir la percepción que compartir un rumor nos hace parte del rumor y de pronto nos queremos ubicar como protagonistas de esas historias por la fama y visibilidad global que alcanzan. Cuántas mujeres quisieran sentirse Shakira y desahogar en una canción los agravios o coraje contenido contra su pareja o cuántos hombres quisieran sentirse Piqués para estar en la cima de popularidad, aunque sea recibiendo críticas y desprecio, pero al fin, en la boca de muchos.

¿Dónde quedan la implorada privacidad, la protección de datos personales y el respeto a la intimidad?

Las redes sociales ¿son redes para trabajar, conectar y comunicar o son cámaras indiscretas que promueven el voyerismo, ese trastorno mental de sentir placer de ver o espiar a personas en actividades íntimas?

Los celulares son los nuevos receptores para esas actividades. Por ahí podemos observar, de manera anónima o pública a los demás, con la malsana intención de disfrutar. Es un hedonismo digital que provoca placer. Son los aparadores portátiles que los cargamos a todos lados, sin restricción ni horario de consulta. Son escenarios de exhibición que se nos han vuelto tan comunes y normales que sin el menor pudor vemos, indagamos, exploramos y compartimos.

Unos buscan la popularidad y la fama por medio de las redes y otros las difunden con singular alegría y desparpajo.

Una última reflexión, después de haber invertido miles de horas y jornadas a los dimes y diretes entre Shakira y Piqué, ¿qué beneficio se logró?, ¿en qué se contribuyó a que los hijos de esta pareja separada fueran más felices con la desgracia de sus padres peleados públicamente, lanzándose ataques desafortunados y de reclamo?

¿Para eso sirven las redes sociales?

Opinión

Chihuahua, la gran batalla. Por Caleb Ordóñez T.

Andrea Chávez hizo prácticamente todo lo imaginable para convertirse en candidata a gobernadora de Chihuahua. Recorrió el estado durante años, apareció en espectaculares, inundó las redes, protagonizó polémicas nacionales, consiguió el respaldo de Adán Augusto López y tuvo al PT amenazando prácticamente con una rebelión si Morena no la elegía. Construyó alrededor de su nombre esa sensación tan mexicana, de antaño, de que una candidatura ya estaba decidida antes de decidirse.

Y pues, perdió.

No por mucho. En la pregunta definitiva de Morena, Cruz Pérez Cuéllar obtuvo 31.53% contra 30.61% de Andrea. Apenas 0.92 puntos. Pero debajo de aquella diferencia microscópica aparecieron datos bastante más interesantes: Cruz tenía mayor conocimiento que quizá solo los chihuahuenses entenderían, fue un 64.75% contra 51.17%; también quedó arriba cuando se preguntó quién sería mejor candidato y registró mayor disposición de voto. El mecanismo ponderado terminó otorgándole 8.5 puntos contra 1.5. Una tremenda paliza.

Andrea construyó visibilidad. Cruz conservó los factores reales del poder. Y ésa puede ser la primera gran lección de Chihuahua rumbo a 2027.

Porque Cruz es un político de una estructura de antaño; otra escuela. Fue dirigente estatal partidista, diputado local, diputado federal, senador por Morena y dos veces alcalde de Ciudad Juárez. Ya había perdido una candidatura al gobierno estatal pues no tenía presupuesto, luego regresó a Juárez, hizo puentes con AMLO y Sheinbaum, reconstruyó y esperó.

Pertenece a esa generación que aprendió política de primer nivel antes de TikTok: conocer municipios, relacionarse con empresarios, campesinos, ganaderos, comerciantes, dirigentes seccionales, hacerse amigo de adversarios y hasta esquivar los rencores personales que muchas veces pesan más que cualquier encuesta.

No creo que sea fácil.

Pero suele ser bastante bastante útil.

Quizá por eso su primera reacción después de derrotar a Andrea no fue cobrar facturas. “La voy a buscar”, le dijo con ánimo conciliador al periodista Joaquín López-Dóriga. La llamó un activo de Morena y habló inmediatamente de unidad, estructura territorial y diálogo.

Cruz entendió algo elemental: ganó la candidatura, pero todavía no gana Chihuahua.

Y para ganar Chihuahua necesita a Andrea y a su gente.

Después de semejante inversión política -y económica-, Chávez no desaparece porque perdió una encuesta. Conserva reconocimiento, operadores, seguidores en redes sociales, relaciones nacionales y una estructura construida durante años. Además es juarense, justamente donde Cruz deberá resolver una de las sucesiones municipales más importantes del país.

¿Andrea candidata a la alcaldía de Ciudad Juárez?

Hoy sería especulación.

Pero tampoco hay que ser Maquiavelo para imaginar la posibilidad.

Una Andrea verdaderamente incorporada, llevando a su estructura hacia Juárez mientras Cruz concentra su operación estatal, podría transformar la batalla interna más peligrosa de Morena en una alianza electoral formidable. Ella tendría futuro; Cruz tendría unidad; Morena conservaría dos estructuras que hasta hace unos días estaban intentando derrotarse.

Para conseguirlo ambos tendrían que tragarse algo.

Andrea, el orgullo.

Cruz, las facturas pendientes.

Eso se llama política.

La otra posibilidad es mucho más entretenida para el PAN: que Andrea se retire, que sus operadores se dispersen o, peor todavía, que comience el deporte favorito de los partidos mexicanos cuando alguien pierde una interna: el fuego amigo. Una elección competitiva puede perderse por los votos que obtiene el adversario, pero también por aquellos que tus propios aliados deciden no ayudarte a conseguir.

Cruz parece dispuesto a intentar la operación cicatriz, aunque no con todos. Con Andrea quiere hablar. Con Javier Corral, no se tomará ni un café. Cuando López-Dóriga le preguntó por el exgobernador, respondió que no es su compañero y que no quiere su apoyo. Incluso consideró que ser su enemigo es un gran premio, pues en Chihuahua no quieren al exgobernador.

Ahí también hay oficio.

Cruz parece distinguir perfectamente entre Andrea y todos los personajes que se acomodaron alrededor de Andrea. Una cosa es integrar a quien prácticamente empató la medición final y otra organizar una posada para abrazarse con cada adversario acumulado durante veinte años.

Unidad no significa amnesia.

Mientras tanto, en el PAN deben estar haciendo cuentas.

Marco Bonilla gobierna la capital y pertenece al partido que controla el estado. Tiene estructura, exposición, pocos negativos y el enorme activo de competir desde el principal bastión panista. Pero enfrente tendrá a un político que gobierna la ciudad más poblada de Chihuahua, conoce los sectores económicos y políticos del estado y lleva décadas construyendo relaciones más allá de los partidos.

Las encuestas cuentan historias diferentes. Algunas han colocado a Cruz con ventajas muy importantes; otras han puesto a Bonilla competitivo. Eso significa algo mucho más divertido que una elección resuelta:

Hay elección.

Y Chihuahua capital será una batalla dentro de la gran batalla. El PAN conserva ahí su principal fortaleza, pero también tendrá que administrar sus diferencias internas que son verdaderamente hostiles. Morena deberá demostrar que puede trasladar hacia el centro del estado la fuerza que posee en Juárez. Cruz tendrá que convertir poder territorial en una coalición estatal; Bonilla, transformar una plataforma capitalina en un proyecto para 67 municipios.

Porque Chihuahua no será una elección más.

Para Morena es la joya que todavía no posee. La izquierda contemporánea nunca ha gobernado el estado y conquistarlo tendría un enorme valor político y simbólico. Para el PAN significa exactamente lo contrario: Chihuahua forma parte intrínseca de su historia y perderlo sería entregar uno de sus bastiones nacionales fundamentales.

La paradoja es maravillosa. Un estado que nunca ha tenido un gobierno estatal de izquierda tiene profundas conexiones con la izquierda que gobierna México. Bertha Luján, chihuahuense, presidió el Consejo Nacional de Morena y es madre de Luisa María Alcalde y Bertha Alcalde. María Sorté, madre de Omar García Harfuch, nació en Camargo. Andrea es juarense. Cruz también construyó desde Juárez su principal fortaleza política.

E insisto, Chihuahua nunca ha sido gobernado por la izquierda.

Pero demasiados caminos de la izquierda nacional conducen hacia Chihuahua. Tierra que la presidenta ha llamado “su Estado favorito”.

Por eso todos van a ir.

Morena buscará aquello que todavía no tiene. El PAN defenderá aquello que no puede permitirse perder. El PT tendrá que acomodarse después de haber apostado abiertamente por Andrea. La gobernadora Maru Campos defenderá su legado y Marco Bonilla tendrá que salir de la comodidad de la capital y hacer campaña lo más pronto posible.

Y en medio estarán Cruz y Andrea.

Ella tendrá que decidir qué hacer con su derrota.

Él, qué hacer con su victoria.

Falta más de un año.

Pero Chihuahua ya dejó de prepararse para el 2027.

Chihuahua ya está en el 2027 y el país entero querrá saber qué sucederá ahí. Podría convertirse en la madre de todas las batallas.

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