En un mundo impulsado por el consumismo y la inmediatez, el ahorro en efectivo se erige como una práctica crucial que puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso financiero, según reveló un video del canal de YouTube Dirección a La Cima.
En este sentido, existen tres poderosas razones por las cuales guardar efectivo se ha convertido en una de las mejores estrategias para mejorar la calidad de vida, alcanzar metas financieras y protegerse de los peligros del mercado.
La primera razón radica en el poder que el efectivo otorga a las personas. Contar con una reserva de dinero en efectivo brinda la capacidad de enfrentar cualquier situación imprevista que pueda poner en riesgo la estabilidad económica.
Desde emergencias médicas hasta crisis globales, multas o incluso oportunidades de negocio, disponer de un colchón financiero permite actuar con rapidez y seguridad, evitando recurrir a endeudamientos o ventas desesperadas.
Es recomendable crear un fondo de emergencia que cubra entre 3 y 6 meses de gastos fijos, resguardado en una cuenta bancaria separada de las habituales para evitar tentaciones y contar con acceso a servicios como seguros de depósito o cajeros automáticos.
La segunda razón es la libertad que el efectivo brinda a las personas para cumplir metas financieras a corto, mediano y largo plazo. Todos tenemos sueños y proyectos que deseamos realizar, ya sea viajar, adquirir una vivienda, obtener educación superior o incluso jubilarnos anticipadamente.
Para alcanzar estas metas, es necesario ahorrar e invertir una parte de los ingresos, pero también contar con efectivo disponible para cubrir los gastos asociados a dichos objetivos.
Desde pagos iniciales hasta impuestos y tarifas, disponer de efectivo es vital. Es importante definir metas financieras con claridad y establecer un plan de ahorro específico para cada una de ellas, utilizando herramientas como alcancías digitales o cuentas de ahorro programadas para automatizar y hacer más sencillo este proceso.
La tercera razón radica en la seguridad que el efectivo proporciona. Si bien invertir en activos financieros puede ser rentable a largo plazo, también conlleva ciertos riesgos como volatilidad, inflación o fraude.
Estos factores pueden hacer que se pierda parte o la totalidad del dinero si no se cuenta con una estrategia adecuada o una cartera diversificada.
Por esta razón, es conveniente tener una porción del patrimonio en efectivo, ya que este mantiene un valor estable y no depende de las fluctuaciones del mercado.
Además, el efectivo permite aprovechar oportunidades de inversión cuando los precios son bajos. Calcular la cantidad de efectivo necesaria en la cartera depende del perfil de riesgo, los objetivos financieros y el horizonte temporal de cada individuo.
Se recomienda tener entre un 10% y un 20% del patrimonio en efectivo para equilibrar rentabilidad y seguridad.
Recurrir a los meses sin intereses para cubrir compras habituales como el supermercado, gasolina o artículos de uso diario puede ser un indicio de sobreendeudamiento cuando el crédito deja de ser una herramienta y se convierte en la única forma de llegar al siguiente periodo de pago.
El sobreendeudamiento ocurre cuando las obligaciones financieras superan la capacidad real de pago. En muchos casos no se manifiesta con atrasos o llamadas de cobranza, sino con un presupuesto que queda comprometido apenas llega la quincena y obliga a seguir utilizando tarjetas o préstamos para cubrir los gastos cotidianos.
De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Salud Financiera 2023, el 36.2% de la población adulta en México tenía algún tipo de deuda y el 48.4% expresó mucha preocupación por la posibilidad de que estas se acumularan. Tener un crédito no implica necesariamente un problema financiero, pero la presión para cumplir con los pagos forma parte de la realidad de muchas personas.
Entre las principales señales de sobreendeudamiento se encuentran recibir el ingreso con pagos ya comprometidos, depender del pago mínimo de la tarjeta de crédito de manera constante, financiar gastos básicos con crédito y acumular numerosas mensualidades de montos pequeños que, en conjunto, representan una carga importante para el presupuesto. También es una alerta utilizar un préstamo para liquidar otro, generando un ciclo continuo de endeudamiento.
No existe una cantidad fija que determine cuándo una persona está sobreendeudada, ya que depende de sus ingresos, gastos esenciales y capacidad de pago. Una forma de evaluar la situación es preguntarse si, después de cubrir las deudas, todavía es posible pagar vivienda, alimentación, transporte y servicios sin recurrir nuevamente al crédito.
Para recuperar el control de las finanzas se recomienda elaborar un registro con el monto de cada deuda, el pago mensual, la fecha de vencimiento y el costo que representa mantenerla. También es conveniente evitar nuevas mensualidades mientras se ordenan los compromisos existentes y definir una estrategia para liquidar las deudas, ya sea priorizando las que generan más intereses o las de menor monto.
Si ya no es posible cubrir algún pago, lo recomendable es contactar a la institución financiera antes de caer en incumplimiento para conocer las alternativas disponibles y revisar con atención el plazo, la tasa de interés, las comisiones y el costo total de cualquier reestructura. El objetivo es recuperar margen en el presupuesto para cubrir los gastos básicos sin depender constantemente de nuevos créditos.