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Opinión

Trump y el “Golfo de América”: Ocurrencias y Diplomacia a Golpes. Por Caleb Ordóñez T.

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Si algo ha quedado claro en este segundo mandato de Donald Trump es que la realidad y su imaginación no siempre coinciden. La más reciente de sus ocurrencias es la propuesta de renombrar el Golfo de México como el Golfo de América, una idea que, como muchas de sus declaraciones, genera más memes que debates serios.

Caleb Ordóñez T.

Caleb Ordoñez Talavera

Para Trump, el simple hecho de que EE.UU. tenga costa sobre el golfo parece ser suficiente para justificar el cambio. No importa que el nombre tenga siglos de historia o que México sea el país con mayor litoral en esa zona. Tampoco importa que ningún mapa, organismo internacional o vecino haya pedido semejante modificación. Pero en la mente del presidente, si él lo dice, debe hacerse realidad.

Mientras tanto, su equipo de relaciones exteriores tiene que trabajar horas extra para explicar que esto no es una prioridad diplomática ni económica, sino otra de sus ocurrencias, como cuando quiso comprar Groenlandia o sugirió inyectarse desinfectante contra el COVID.

México, el turismo y el respaldo internacional

Pero mientras Trump juega a cambiar nombres, México sigue fortaleciéndose en la escena internacional. A pesar de las tensiones con Washington, el país ha logrado consolidar su imagen como un destino turístico y económico de primer nivel.

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Opinión

Estados Unidos comienza a sentir los efectos de una política de inmigración cercana a cero

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A un año del endurecimiento de la política migratoria impulsada por la administración del presidente Donald Trump, diversas comunidades y sectores económicos de Estados Unidos comienzan a registrar los efectos de una reducción sostenida de la población nacida en el extranjero. Hospitales, empresas, escuelas y organizaciones comunitarias enfrentan ausencias que ya impactan su funcionamiento cotidiano.

De acuerdo con estimaciones de Oxford Economics, la inmigración neta se ubica actualmente en alrededor de 450 mil personas al año, una cifra muy inferior a los dos o tres millones anuales registrados durante la administración anterior. En 2024, la población nacida fuera del país alcanzó el 14.8 por ciento del total nacional, el nivel más alto desde 1890, aunque la tendencia apunta a una desaceleración marcada.

Las restricciones incluyen el aumento de tarifas de visas, una reducción casi total en la admisión de refugiados, la caída en el ingreso de estudiantes internacionales y la eliminación de programas de estatus legal temporal. El gobierno federal ha informado la expulsión de más de 600 mil personas, mientras que funcionarios han señalado que el objetivo es aproximarse a un escenario similar al de la década de 1920, cuando la inmigración neta llegó a cero.

Los cambios ya se reflejan en distintas regiones del país. En Luisiana, empresas constructoras reportan escasez de mano de obra; en Virginia Occidental, hospitales han perdido médicos y enfermeras formados en el extranjero; y en ciudades como Memphis, ligas deportivas comunitarias han visto disminuir su participación. En zonas con alta presencia migrante, comercios, iglesias y eventos culturales registran menor afluencia por el temor a detenciones.

En Marshalltown, Iowa, una ciudad donde cerca del 19 por ciento de la población es extranjera y se hablan decenas de dialectos en las escuelas públicas, las consecuencias también son visibles. Plantas procesadoras han reducido personal por la expiración de permisos laborales, proyectos de construcción se han visto afectados y familias inmigrantes han optado por retirar a sus hijos de las aulas ante la incertidumbre.

El impacto se extiende a sectores clave como la salud, la agricultura y el cuidado de personas mayores, donde una parte significativa de la fuerza laboral es inmigrante. Autoridades locales, empresarios y académicos coinciden en que, aunque los empleadores buscan alternativas como la automatización o el traslado de operaciones, muchas actividades siguen dependiendo del trabajo presencial.

Especialistas advierten que, a largo plazo, una inmigración reducida podría agravar los efectos del envejecimiento poblacional y limitar el crecimiento económico, especialmente en comunidades que han dependido de la llegada de nuevos habitantes para sostener su desarrollo.

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