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México

Señalan a Baños de presidir grupo político en el INE

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El reparto de comisiones en el Instituto Nacional Electoral reveló una fractura entre sus integrantes. El consejero Roberto Ruiz Saldaña calificó como cínicos y desvergonzados a sus pares, por incumplir acuerdos del 2014 para la rotación de comisiones.

Al presidente del INE, Lorenzo Córdova, lo acusó de no involucrarse para resolver esa diferencia y acotar al grupo del consejero Marco Antonio Baños, a quien acusó de ejercer funciones “metarreglamentarias y metalegales” en el instituto.

El consejero Roberto Ruiz Saldaña incluso reveló que desde hace algún tiempo, ya no asiste a las reuniones de mesa de consejeros, por no ser tomado en cuenta.

Al pronunciarse sobre un acuerdo para la rotación en comisiones, Ruiz reveló que en el 2014 hubo un acuerdo para que la Comisión de Vinculación con los Organismos Públicos Electorales Locales (OPLE) fuera renovada en sus cuatro integrantes cada año.

Más aun, el consejero acusó a Marco Antonio Baños de presidir “un grupo político de consejeros” que monopolizan las decisiones en las comisiones.

Ante el señalamiento, el consejero Baños respondió que no es el presidente de facto del INE, ni maneja un grupo de consejeros. Afirmó que desde hace 22 años se le acusa de vínculos con el PRI no comprobados.

Por su parte, el presidente del INE, Lorenzo Córdova, afirmó que las decisiones de ese órgano electoral son colegiadas por parte de los 11 consejeros, y negó “marginar” al consejero Ruiz Saldaña, pues aseguró que las puertas del Consejo General están abiertas para todos sus integrantes.

Los representantes de Morena y del PRD dijeron que no es con un árbitro electoral “presionado” por un grupo de consejeros como quieren llegar a la elección del 2018.

La consejera Pamela San Martín admitió que hubo un acuerdo para renovar la comisión de vinculación, que será presidida ahora por el consejero Arturo Sánchez e integrada por Marco Baños, Adriana Favela y Ciro Murayama.

El Economista

México

México y Estados Unidos pactan entregas de agua del río Bravo bajo tratado de 1944

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México y Estados Unidos alcanzaron un acuerdo técnico para la gestión y entrega de agua en la cuenca del río Bravo, en apego al Tratado de Aguas de 1944, en un contexto marcado por una sequía extrema que ha presionado a comunidades, productores agrícolas y ecosistemas a ambos lados de la frontera.

El entendimiento es resultado de meses de negociaciones técnicas y políticas, y tiene como objetivo garantizar el cumplimiento del tratado, al tiempo que se protege el derecho humano al agua y a la alimentación. A través de un comunicado conjunto, las secretarías de Relaciones Exteriores, Agricultura y Medio Ambiente, junto con la Comisión Nacional del Agua, confirmaron el compromiso de México para realizar entregas mínimas anuales conforme a las condiciones hidrológicas de la cuenca y a los mecanismos establecidos en el acuerdo binacional.

Como parte del nuevo esquema, México se comprometió a entregar al menos 350 mil acres-pie de agua por año, equivalentes a 431.7 millones de metros cúbicos, durante el próximo ciclo de cinco años. Este volumen permitirá avanzar en el cumplimiento del tratado mientras se implementa un plan para saldar la deuda acumulada del periodo quinquenal anterior y evitar nuevos déficits hídricos.

La presidenta Claudia Sheinbaum informó que el acuerdo fue construido en coordinación con los gobernadores de los estados del norte del país, con el fin de diseñar un esquema de afectación mínima que permita cumplir con los compromisos internacionales sin comprometer el abasto interno. Entre las entidades involucradas se encuentran Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León y Sonora, regiones que dependen en gran medida del río Bravo para el consumo humano y las actividades productivas.

El plan técnico acordado contempla una gestión más ordenada del recurso, reuniones mensuales de seguimiento y acciones de planeación de largo plazo que incluyen infraestructura, adaptación al cambio climático y una distribución más previsible del agua. Autoridades mexicanas subrayaron que el Tratado de 1944 continúa siendo un instrumento clave para salvaguardar los intereses nacionales y la estabilidad agrícola.

Desde Estados Unidos, funcionarios señalaron que el acuerdo fortalece la seguridad hídrica del sur de Texas y beneficia a agricultores y ganaderos del Valle del Bajo Río Grande, en una región afectada por la caída histórica de los niveles del río, la sobreexplotación y la contaminación del afluente.

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