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México

Claudia Sheinbaum vivirá en Palacio Nacional

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La presidenta electa descartó revivir la antigua residencia oficial de Los Pinos por considerarlo un símbolo de la opulencia.

Ciudad de México.- La presidenta electa de México, Claudia Sheinbaum, informó este lunes que ha decidido vivir en el Palacio Nacional, actual residencia del mandatario, Andrés Manuel López Obrador, donde además desempeña su trabajo como jefe del Ejecutivo.

“Sí, voy a vivir en Palacio (Nacional)”. Voy a dar espacio al presidente Andrés Manuel López Obrador y a su familia, ellos van a estar ahí no sé si hasta el primero (de octubre), la noche del 30 al primero”, apuntó la futura primera mandataria de México, Claudia Sheinbaum.

Hasta ahora, Sheinbaum no había revelado en dónde viviría cuando tome posesión como presidenta del país el 1 de octubre, aunque había dejado entrever que podría ser en el departamento que hoy ocupa el mandatario junto con su familia en el Palacio Nacional.

Sin embargo, aseguró que dará tiempo a López Obrador para desalojar el lugar y será quizá en diciembre cuando se mude al inmueble, ubicado en el corazón de la Ciudad de México.

Sheinbaum justificó su decisión porque no cuenta con una casa propia donde pueda vivir, además de que al ser su lugar de trabajo “te permite disponer de la mayor parte del tiempo”.

Asimismo, dijo que no regresaría a vivir a la residencia de Los Pinos, que era la residencia oficial de los presidentes mexicanos hasta antes de la llegada de López Obrador al poder y que hoy es un recinto cultural, pues en otras ocasiones ha dicho que ese lugar es un símbolo de opulencia.

Por último, señaló que no conoce el departamento que hasta ahora ocupa López Obrador con su familia en el Palacio Nacional; “lo he visto por fuera, pero no he entrado” y dijo que vivirá ahí solo con su esposo, ya que sus hijos viven por su cuenta.

México

México y Estados Unidos pactan entregas de agua del río Bravo bajo tratado de 1944

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México y Estados Unidos alcanzaron un acuerdo técnico para la gestión y entrega de agua en la cuenca del río Bravo, en apego al Tratado de Aguas de 1944, en un contexto marcado por una sequía extrema que ha presionado a comunidades, productores agrícolas y ecosistemas a ambos lados de la frontera.

El entendimiento es resultado de meses de negociaciones técnicas y políticas, y tiene como objetivo garantizar el cumplimiento del tratado, al tiempo que se protege el derecho humano al agua y a la alimentación. A través de un comunicado conjunto, las secretarías de Relaciones Exteriores, Agricultura y Medio Ambiente, junto con la Comisión Nacional del Agua, confirmaron el compromiso de México para realizar entregas mínimas anuales conforme a las condiciones hidrológicas de la cuenca y a los mecanismos establecidos en el acuerdo binacional.

Como parte del nuevo esquema, México se comprometió a entregar al menos 350 mil acres-pie de agua por año, equivalentes a 431.7 millones de metros cúbicos, durante el próximo ciclo de cinco años. Este volumen permitirá avanzar en el cumplimiento del tratado mientras se implementa un plan para saldar la deuda acumulada del periodo quinquenal anterior y evitar nuevos déficits hídricos.

La presidenta Claudia Sheinbaum informó que el acuerdo fue construido en coordinación con los gobernadores de los estados del norte del país, con el fin de diseñar un esquema de afectación mínima que permita cumplir con los compromisos internacionales sin comprometer el abasto interno. Entre las entidades involucradas se encuentran Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León y Sonora, regiones que dependen en gran medida del río Bravo para el consumo humano y las actividades productivas.

El plan técnico acordado contempla una gestión más ordenada del recurso, reuniones mensuales de seguimiento y acciones de planeación de largo plazo que incluyen infraestructura, adaptación al cambio climático y una distribución más previsible del agua. Autoridades mexicanas subrayaron que el Tratado de 1944 continúa siendo un instrumento clave para salvaguardar los intereses nacionales y la estabilidad agrícola.

Desde Estados Unidos, funcionarios señalaron que el acuerdo fortalece la seguridad hídrica del sur de Texas y beneficia a agricultores y ganaderos del Valle del Bajo Río Grande, en una región afectada por la caída histórica de los niveles del río, la sobreexplotación y la contaminación del afluente.

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