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GP de México recibe el reconocimiento al Mejor Show de Apertura y Clausura por parte de Formula 1

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Una vez más, el Gran Premio de la Ciudad de México fue reconocido por parte de Formula 1; aunque en esta ocasión siendo destacada en el rubro del Mejor Show de Apertura y Clausura, llevándose el galardón por encima de las otras 23 carreras realizadas durante la temporada 2024.

Desde su regreso al calendario del ‘Gran Circo’ en 2015, el GP de México ha dado de que hablar por su ambiente y folclore a lo largo todo el fin de semana, hecho que le valió para ser reconocido como el Mejor Evento del Año por la FIA en cinco ediciones consecutivas. Si bien, en esta ocasión no se llevó esa distinción, eso no los eximió de poder destacar en las premiaciones de la temporada.

La experiencia en el Autódromo
La experiencia en el Autódromo Hermanos Rodríguez volvió a destacar en el calendario del máximo circuito del automovilismo. (FORMULA 1 GRAN PREMIO DE LA CIUDAD DE MÉXICO)

En vísperas de dar comienzo con la campaña 2025 del máximo circuito del automovilismo, el Gran Premio de la Ciudad de México fue distinguido por la experiencia que vivieron los asistentes durante la inauguración y el cierre del evento, mismo en el que se introdujo elementos de la cultura mexicana del Día de Muertos, mientras que en su cierre se contó con la presentación de Los Ángeles Azules, siendo esta la primera vez que un grupo mexicano se presentaba en el evento.

La ceremonia de entrega se realizó en el marco de la inauguración de la temporada 2025, donde las 10 escuderías presentaron los diseños de los monoplazas con los que correrán en la nueva campaña. De igual manera, el evento representó el inicio a los festejos por los 75 años del campeonato.

Tras recibir el premio, el director general del Gran Premio de la Ciudad de México, Federico González, externó la alegría y orgullo que representa el haber ganado en ese rubro, reiterando su compromiso por volver a ofrecer una grata experiencia para todos los fanáticos que se den cita en el Autódromo Hermanos Rodríguez.

La experiencia en el Autódromo
La experiencia en el Autódromo Hermanos Rodríguez volvió a destacar en el calendario del máximo circuito del automovilismo. (FORMULA 1 GRAN PREMIO DE LA CIUDAD DE MÉXICO)

“Estamos profundamente honrados de recibir este reconocimiento en el marco de nuestro décimo aniversario. Ser premiados solo nos confirma que vamos en la dirección correcta y nos impulsa a seguir ofreciendo experiencias excepcionales a nuestros aficionados, quienes, con su pasión se han convertido en el corazón de esta F1ESTA. Además, nos inspira a continuar mostrando al mundo la grandeza de nuestro país y poner su nombre en alto”, señaló Federico después de recibir el galardón.

De igual manera, es importante señalar que este reconocimiento se suma a las recientes nominaciones recibidas por parte de los Autosport Awards y The Race Media Awards, gracias a la excelente labor de los organizadores en la edición de 2024.

Ambiente durante el fin de
Ambiente durante el fin de semana del GP de México 2024. (GRAN PREMIO DE LA CIUDAD DE MÉXICO)

Como ya se mencionó, el GP de México ha recibido diversos reconocimientos desde su retorno al calendario de la F1. Además de ser el Mejor Evento del Año, también recibió premio en la rama del Programa de Acreditación Medioambiental de la FIA, la distinción de oro en los Eventex Awards y un Victory Prize en 2024, entre otros.

Opinión

Inzunza: la decadencia del favorito. Por Caleb Ordóñez T.

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Hay políticos que caen peleando. Hay políticos que caen defendiendo una causa. Y hay políticos cuya caída comienza mucho antes de que ellos mismos se den cuenta; cuando todavía sonríen en las fotografías oficiales y firman acuerdos con la soltura de quien cree que el futuro le pertenece.

La historia reciente de Enrique Inzunza Cázares parece pertenecer a esta última categoría.

Porque más allá de las acusaciones que enfrenta, más allá de los expedientes estadounidenses y más allá del ruido mediático que rodea a Sinaloa, hay algo que llama poderosamente la atención: Inzunza no se comporta como alguien que busca convencer al país de su inocencia. Se comporta como alguien atrapado en una partida de ajedrez donde cada movimiento tiene un único objetivo: sobrevivir un turno más. Viviendo en un eterno jaque.

Durante años fue presentado como uno de los hombres más inteligentes del círculo cercano de Rubén Rocha Moya. Jurista, magistrado, presidente del Supremo Tribunal de Justicia, secretario general de Gobierno y después senador de la República. Su ascenso fue tan rápido que muchos (casi todos) dentro de Morena en Sinaloa, lo veían como una especie de gobernador en espera.

No era un político de masas. No era un gran orador. No era un líder carismático.

Su poder provenía de otra parte: de la operación silenciosa, del control institucional, de la cercanía con el grupo gobernante y de una influencia que crecía discretamente, lejos de los reflectores, precisamente donde ese tipo de poder se cultiva mejor.

Por eso resulta tan revelador observar lo que ocurre hoy.Cuando un político es acusado injustamente, normalmente intenta salir a dar la cara. Busca entrevistas. Explica. Debate. Confronta. Construye una narrativa que lo sostenga mientras el temporal amaina.

Inzunza ha hecho exactamente lo contrario.

Los números lo dicen con una frialdad que ningún argumento político puede disfrazar.

Desde el 29 de abril de 2026, cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos hizo pública la acusación formal en su contra, Inzunza acumuló 21 días de ausencia en sesiones del Congreso. No pidió licencia. No renunció. Simplemente dejó de aparecer. Su única reaparición fue una fotografía en redes sociales junto a su madre, con ubicación en Batequitas, Badiraguato. Un político que dice no tener nada que esconder, escondido. Y cuando finalmente habló, lo hizo desde X, con una frase que revela más de lo que oculta:

«Soy abogado de mí mismo y me basta mi probidad.» Es la declaración de alguien que no quiere testigos en su defensa.

Y en política las formas importan tanto como los hechos, porque la percepción pública rara vez se construye únicamente con documentos judiciales. También se construye observando cómo reaccionan los protagonistas cuando el suelo comienza a moverse bajo sus pies.

Lo que proyecta Inzunza no es fortaleza. No transmite confianza. No parece un político concentrado en demostrar que las acusaciones son falsas.

Parece un político concentrado en administrar daños.

Esa imagen explica en buena medida por qué hoy se encuentra tan aislado. No porque Morena haya decidido abandonarlo de la noche a la mañana. No porque el Senado haya ejecutado una conspiración interna. Sino porque el propio Inzunza dejó de ser una apuesta rentable.

La política es brutalmente pragmática. Los partidos respaldan a quienes generan votos, estabilidad o futuro. Cuando un liderazgo comienza a representar riesgo, incertidumbre o desgaste, las distancias aparecen solas, sin reuniones, sin comunicados, sin rupturas formales. Simplemente aparecen.

Hace apenas unos meses su nombre figuraba entre los aspirantes más serios para suceder a Rocha en la gubernatura de Sinaloa. Hoy prácticamente nadie dentro del oficialismo habla de esa posibilidad. No porque exista una sentencia. No porque haya sido declarado culpable. Sino porque la candidatura dejó de ser viable.

Y en política la inviabilidad suele ser una condena mucho más rápida que cualquier resolución judicial.

Lo verdaderamente inquietante es que el caso de Inzunza trasciende a una sola persona.

Se convierte en un espejo incómodo para todo el sistema político mexicano.

Lo que hace singular el caso de Inzunza no es la acusación en sí. Es la arquitectura que describe. Según el expediente estadounidense, Inzunza habría acompañado al gobernador

Rocha Moya a una reunión con Los Chapitos tras las elecciones de junio de 2021, cuando todavía era secretario general del gobierno estatal y en ese encuentro habrían acordado que el cártel tendría control sobre la Policía Estatal de Sinaloa. Si eso es cierto, no estamos hablando de un funcionario que recibió un sobre. Estamos hablando de una negociación institucional: el Estado cediendo su monopolio de la fuerza a cambio de estabilidad política.

Eso es algo cualitativamente distinto, y más perturbador, que la corrupción individual de siempre. No es un hombre que se corrompió. Es una institución que se ofreció.

Por eso el caso Inzunza genera tanta atención. No solo por sus detalles particulares, sino porque representa el choque entre dos narrativas que México lleva años intentando reconciliar sin éxito: la del político exitoso que parecía destinado a gobernar uno de los

estados más importantes del país, y la del funcionario que termina convertido en símbolo de una crisis de confianza cada vez más profunda.

Su tragedia política no consiste únicamente en las acusaciones.

Consiste en haber perdido aquello que realmente construye el poder: la credibilidad.

Cuando la gente deja de creer en tu futuro, el poder comienza a evaporarse. Cuando tus aliados dejan de apostar por ti, el aislamiento se vuelve inevitable. Cuando tu nombre genera más preguntas que certezas, las puertas empiezan a cerrarse, no con portazos, sino con la silenciosa delicadeza con que se cierra una puerta frente a alguien a quien ya no se espera.

Por eso Enrique Inzunza muy probablemente ya no será gobernador de Sinaloa. No porque un

juez lo haya decretado. No porque un partido lo haya expulsado. Sino porque la política mexicana ya comenzó a actuar como si ese futuro hubiera desaparecido.

Y pocas cosas son más devastadoras para un político que seguir ocupando un cargo mientras todos a su alrededor se comportan como si su historia ya hubiera terminado.

Esa es la verdadera decadencia.

No perder el poder. Sino ver cómo el poder te abandona: despacio, en silencio, sin siquiera molestarse en despedirse.

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