Robert Redford, ícono del cine estadounidense y uno de los rostros más carismáticos de Hollywood convertido en director premiado con el Óscar y activista incansable, falleció la madrugada del martes en su casa de Utah, a los 89 años. La noticia fue confirmada mediante un comunicado de Cindi Berger, directora ejecutiva de la firma de relaciones públicas Rogers & Cowan PMK, quien detalló que el artista murió mientras dormía, “en el lugar que amaba y rodeado de quienes amaba”. No se especificó la causa exacta del deceso.
Desde finales de los años sesenta, Redford desafió las fórmulas simplistas de la industria al exigir que sus películas tuvieran peso cultural y abordaran temas complejos. Gracias a su magnetismo en pantalla logró que asuntos como el duelo familiar y social o la corrupción política conectaran con el público masivo. Aunque para muchos fue el prototipo del galán soleado de matiné, su trayectoria y su vida personal revelaron capas de tragedia y melancolía.
Su irrupción definitiva llegó con “Butch Cassidy and the Sundance Kid” (1969), donde interpretó a un forajido en un Viejo Oeste en decadencia. Más tarde produjo y protagonizó “Todos los hombres del presidente” (1976), adaptación del libro de Bob Woodward y Carl Bernstein sobre el escándalo Watergate, en la que encarnó al propio Woodward. También brilló en “Three Days of the Condor” (1975), como un analista de la CIA atrapado en un juego mortal, y en “El golpe” (“The Sting”, 1973), retrato de estafadores en la Gran Depresión que le valió su única nominación al Óscar como actor.
Redford fue uno de los favoritos de Hollywood durante décadas, alternando comedias, dramas y thrillers, y consolidándose como símbolo sexual. Sin embargo, su trabajo como galán romántico debe mucho a las actrices con las que compartió pantalla: Jane Fonda en “Descalzos en el parque” (1967), Barbra Streisand en “Tal como éramos” (1973) y Meryl Streep en “África mía” (1985).
Más allá de la actuación, Redford impulsó el movimiento de cine independiente en torno al festival de Sundance y fue un ferviente defensor de causas ambientales. Su legado trasciende la pantalla grande: transformó la relación del público con los temas difíciles y abrió espacios para nuevas voces en el cine.