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Opinión

Hablemos claro de los separatistas por Luis Ochoa Minjares

HABLEMOS CLARO DE

LOS  “SEPARATISTAS”

 

Luis Ochoa Minjares

 

   Continúa vigente la controversia y discusión respecto del ineludible tema de la homologación del impuesto al valor agregado (IVA) en la zona fronteriza y la estridente y artificiosa escandalera que han armado los voceros de la industria ensambladora o maquiladora que se siente afectada.

 

   No hay impuestos en el mundo que sean de la simpatía de los contribuyentes. No obstante, tampoco hay justificación alguna para que los grupos empresariales busquen inmiscuirse en los procesos soberanos del poder legislativo mediante presiones y amenazas, algunas tan absurdas y apátridas como la segregación de la soberanía nacional de los Estados fronterizos.

 

Es evidente que se pretende desorientar a la comunidad y sembrar en la población la confusión y zozobra, difundir la incertidumbre económica y debilitar la respetabilidad de las instituciones públicas encargadas de elaborar las leyes nuevas que demanda la modernización y transformación del país. Vano intento de chantajear al gobierno y deteriorar la credibilidad de la institucionalidad política del país.

 

   Vale la pena meditar a cerca de quienes son y con qué propósitos sacan de nuevo el viejo, inútil y maloliente “petate del muerto” de la segregación política del Pacto Federal, ahora no solamente de Chihuahua, sino de los otros cinco Estados libres y soberanos que el destino colocó como vecinos del insaciable afán de expansionismo del capitalismo salvaje.

 

¿Por qué homologar el IVA?

 

   Según la opinión de nuestros analistas políticos y económicas, los impuestos por ley deben ser generales, parejos para todos y, sobre todo apegados a la equidad. Todos rabones o todos coludos, según la sabiduría del ingenio popular.

 

   Esquemáticamente los 120 millones de mexicanos nos ubicamos 20 millones en los seis Estados de la zona fronterizas que pagan solamente el 11 por ciento del IVA y el resto, 100 millones pagan religiosa y obligadamente el 16 por ciento, suponiendo que todos paguemos.

 

   Del mismo modo que los diez millones de fronterizos defienden y exigen su privilegio de pagar menos IVA y otros impuestos, del mismo modo, decimos, los cien millones de mexicanos demandan pagar igual que los fronterizos o que los fronterizos paguen igual que los demás.

 

   Y el gobernante de un sistema democrático como debe ser el nuestro, frene a un conflicto de intereses, ha de optar a favor de la mayoría y no a favor de una minoría, o no hay democracia, si la entendemos como la voluntad de las mayorías. En esta tesitura está Peña Nieto y está obrando como un gobernante demócrata y justiciero.

 

¿Seis nuevas repúblicas?

 

   Quienes  por ignorancia o por oscuros intereses pugnan por segregar otra porción de nuestro territorio nacional convirtiendo los seis Estados fronterizos en seis “repúblicas” para no pagar el IVA, significa poner esa porción territorial en las fauces del insaciable y hambriento lobo expansionista.

 

   La segregación territorial de México es otra amenaza con la que quieren atemorizar al gobierno de la república para nulificar la transformación de México en materia impositiva para que los empresarios paguen proporcionalmente a sus ingresos.

 

   El primer intento fue la amenaza de cancelar empleos y dejar de crear nuevos. Esta estratagema cayó por su propio peso y, sobretodo por lo absurdo. A nadie amedrentaron.

 

   El segundo intento con el que quisieron azorrillar a los mexicanos bien nacidos, fue la amenaza de regresar a su país de origen la industria maquiladora. Cosa absurda porque allá tendrían que pagar ocho o diez dólares la hora de trabajo. Aquí pagan solamente un dólar por cada hora.

 

   La tercer amenaza fue inaceptable: la separación o segregación territorial de los Estados fronterizos afectados con la homologación del IVA.

 

¿Cómo tratar a los separatistas?

 

   Es incuestionable que la mayoría de los segregacionistas no son nacidos en el terruño, no tienen la menor pizca del sentido de pertenencia ni late en sus pechos la llama de la mexicanidad y la pasión por defender la integridad territorial.

 

   Algunos fueron tristes depauperados que llegaron a la frontera de diversas partes con una mano atrás y otra adelante en busca de saciar la tripa del mal año. Hoy, llenos de ingratitud y soberbia pugnan por destruir la unidad de los chihuahuenses y su Estado Grande, cercenándole parte de su territorio y separarlo del territorio nacional.

 

   Por fortuna no todos los nacidos fuera del terruño fronterizo son malagradecidos. La mayoría es gente útil, trabajadora y de buena fe que han entregado su vida a los destinos fronterizos. Su conducta debe ser ejemplo para aquellos otros advenedizos que abominan de la tierra que los acoge.

 

   Tal vez invitándolos a conocer la historia de México, particularmente aquellos pasajes donde la prepotencia, la injusticia y la voracidad del capitalismo salvaje y expansionista le han cometido grandes despojos, invasiones y atropellos de toda laya.

 

¿Sabrán esto los vende los separatistas?

 

   Por virtud del nefasto “Tratado de Guadalupe Hidalgo” y mediante lo que la historia conoce como “el gran despojo”, nos fue arrebatado el enorme territorio mexicano que hoy ocupan los Estados norteamericanos de Texas, Nuevo México y California, donde hoy se ubican también los Estados de Nevada, Arizona, Utha y parte de Colorado y Wyoming.

 

   Perdimos en esa fecha fatal más de dos millones de kilómetros cuadrados, equivalentes a la superficie de Inglaterra, Portugal, España, Francia, Bélgica, Dinamarca, Holanda, Suiza e Italia juntos. El 13 de septiembre de 1847, los invasores imperiales fueron resistidos heroicamente por los Cadetes del Colegio Militar ubicados entonces en el histórico Castillo de Chapultepec.

 

   Los Niños Héroes, como suele identificarlos la historia patria, son motivo del respeto y la admiración de todos los mexicanos y los combates que presentaron al invasor, dignos de relatos y lecciones de patriotismo, hechos que tienen que estar presentes en  la memoria colectiva. ¿Sabrán esto los separatistas?

 

¿Es posible recuperar lo segregado?

 

   Ante el ambiente de confusión de vastos sectores de la población, confusión creada por la absurda propuesta de erigir en repúblicas los Estados limítrofes con el imperio yanqui, vale la pena formularnos las siguientes preguntas:

 

   ¿Qué en lugar de segregar el territorio de Baja California Sur para erigirlo en república, no sería mejor intentar recuperar la Alta California que nos fue segregada?

 

   ¿Qué en lugar de pensar en fundar la “República independiente de Chihuahua” y segregarla de México, no sería mejor dejar las bases para que las futuras generaciones desagregaran y recuperaran el Estado de Texas que nos fue segregado?

 

   ¿Qué en lugar segregar Chihuahua,  no valdría la penar mejor prepararnos para recuperar en el futuro tajos de territorio mexicano segregado conocido  La Mesilla?

 

   “El capitalismo salvaje”, como lo llamó Su Santidad Pablo III, no es eterno, ya da muestras de su debilitamiento y decadencia y antes de que termine el primer siglo del tercer milenio, las nuevas generaciones de mexicanos sabrán que hacer.

 

¿A la hoguera nuestros diputados?

 

   Con motivo de la aprobación por la cámara baja de la reforma tributaria propuesta por el presidente Peña Nieto, reforma que homologa el impuesto sobe el valor agregado, se ha desatado una furiosa campaña en contra de nuestros legisladores chihuahuenses, culpándolos de “no defender los intereses de los fronterizos”.

 

   Esta campaña es tan injusta y absurda como la misma propuesta de erigir en republiquitas los seis estados libres y soberanos que colindan con el vecino del norte. Quienes sustentan tal campaña, olvidan que nuestros diputados son miembros activos postulados por un partido político sólido, estable y unido en el que la disciplina partidaria es esencial.

 

   Es cierto que los nuestros no son unos legisladores infalibles o unas lumbreras en la tribuna parlamentaria, pero llegaron a la curul que ocupan mediante elecciones democráticas, limpias y ordenadas que les confirieron el triunfo.

 

   Por lo demás, pocos pueden objetar el sistema democrático y la libertad de opinión que presiden los encendidos y apasionados debates en torno a todas y cada una de las iniciativas enviadas al poder legislativo. Cada partido político, a través de sus legisladores exponer sus muy respetables opiniones y puntos de vista. No merecen ir a la hoguera política.

 

   FINALMENTE, la frase de la semana enviada por nuestra puntual lectora doña Gloria Ramírez cuyo texto reza: “Transformar México implica transformar Chihuahua y transformar Chihuahua implica transformar Juárez”.

 

 

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Opinión

Huachicol y otros demonios. Por Caleb Ordoñez T.

México lleva ocho años combatiendo el huachicol y el huachicol lleva ocho años ganándole por goleada. López Obrador inauguró su gobierno cerrando ductos y prometiendo mandar al huachicolero al museo de la corrupción del pasado. Ocho años y una transición después, México registró 2,563 tomas clandestinas solo en el primer trimestre de 2026: una cada 51 minutos. El huachicolero no murió. Evolucionó, se puso corbata y aprendió política.

¿Por qué Huachicol?

“Huachicol” nombró primero al alcohol adulterado, era una bebida que prometía una cosa y entregaba otra, antes de migrar a la gasolina robada y, ya en su versión de cuello blanco, al huachicol fiscal. Somos creativos para ponerles nombres folclóricos a nuestras tragedias.

Caleb Ordoñez Talavera

Y esto dejó de ser folclor hace mucho. En el primer trimestre del año, Hidalgo registró 731 tomas clandestinas; Jalisco, 578; el Estado de México, 189. Cuautepec de Hinojosa, un solo municipio de Hidalgo, acumuló 202 perforaciones en tres meses. Una toma clandestina cada 51 minutos no es el vecino con una manguera a las tres de la mañana. Es una industria con horario de oficina, y una industria necesita nómina: gente para sacar el combustible, pipas para moverlo, bodegas para guardarlo y empresas de papel para lavar las ganancias. Y para sostener el aparato durante años hace falta el insumo más caro de todos: suficientes autoridades dispuestas a no ver, no oír y no preguntar.

Aquí conviene hacer una pausa honesta. El gobierno tiene un argumento real que oponer a esto: los aseguramientos han aumentado, no disminuido, y parte de la razón por la que ahora “vemos” más huachicol es que se está buscando más que antes. Es cierto. El problema es que ese argumento explica el número de decomisos, no el de tomas clandestinas —que también aumentó—, y tampoco explica por qué las redes de corrupción y protección que hacen posible semejante negocio han logrado sobrevivir durante ocho años. Encontrar más droga no prueba que se esté ganando la guerra contra el narco; encontrar más huachicol tampoco prueba que se esté ganando esta.

La escoba de Tabasco

Aquí entra Adán Augusto López. No existe sentencia que lo vincule con el huachicol ni está acreditado que perteneciera a La Barredora. Su problema es otro, y más incómodo: cuando gobernaba Tabasco, puso al frente de la seguridad pública a Hernán Bermúdez Requena, el hombre encargado de cazar exactamente a los delincuentes que terminó, presuntamente, dirigiendo.

Hoy Bermúdez está procesado como presunto jefe de “La Barredora”, organización señalada por extorsión, secuestro y robo de combustible. El hombre puesto a barrer el crimen de Tabasco terminó acusado de encabezar La Barredora llena de corrupción. Adán Augusto ha negado cualquier vínculo y no enfrenta cargos. Pero muchos tabasqueños aseguran que está involucrado.

Lo que no resuelve es la pregunta política: ¿cómo se gobierna un estado sin enterarse de lo que ocurre alrededor del propio jefe de Seguridad? Solo hay dos respuestas, y ambas son un problema. Si lo sabía, es gravísimo. Si no lo sabía, la pregunta es qué estaba gobernando exactamente. Para quien después llegó a secretario de Gobernación y hoy pretende conservar influencia en la definición electoral de 2027, ninguna cabe en un currículum, aunque ambas quepan en la política mexicana.

El huachicol aprendió a usar corbata

Mientras el país perseguía mangueras en el campo, el negocio se mudó a un piso más alto. El huachicol fiscal ni siquiera necesita perforar un ducto: puede bastarle un barco, una importación mal declarada, una empresa fachada y un pedimento aduanal firmado por la persona indicada. Cambió la camioneta por un escritorio y la manguera por un sello.

Las investigaciones han tocado ya a mandos vinculados con la Marina, la institución a la que López Obrador entregó el control de las aduanas para, supuestamente, erradicar la corrupción. Se le dieron las llaves de la puerta trasera a quien debía cuidarla. El pasado 17 de septiembre se conoció en Guanajuato el aseguramiento de 59 millones de litros de presunto combustible ilícito en diez tanques. Con una cifra así, preguntar solo quién manejaba la pipa es casi un acto de inocencia voluntaria. La pregunta es quién permitió construir la carretera —económica, institucional y política— por la que ese combustible circuló durante años.

Adán y la búsqueda incesante de gubernaturas

Tras el escándalo, Adán Augusto dejó la coordinación de Morena en el Senado y anunció que se dedicaría a tareas electorales rumbo a 2027, elección en la que se disputarán 17 gubernaturas para la que Morena ya registró 277 aspirantes. Lejos de desaparecer, sigue moviendo fichas: respalda públicamente a Andrea Chávez en Chihuahua, frente al alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar (favorito en encuestas), y participa en la operación territorial del partido en estados donde aún no se resuelven las candidaturas.

Es decir: mientras el país intenta averiguar cómo el crimen organizado penetró policías, gobiernos y negocios de combustible, uno de los políticos más salpicados políticamente por el caso sigue participando en la construcción del próximo mapa de poder. Solo en la política mexicana un escándalo de ese tamaño puede convertirse en escala y no necesariamente en lastre.

Los otros demonios

Nos acostumbramos a las fotografías de bidones y camionetas incendiadas —una imagen casi reconfortante porque colocaba al delincuente lejos del poder—. Pero un negocio capaz de producir miles de tomas clandestinas y sobrevivir durante ocho años no se explica únicamente desde abajo. Necesita perforadores, sí, pero también transportistas, empresarios y funcionarios que decidieron no complicarse la vida. Necesita, sobre todo, silencio comprado al mayoreo.

López Obrador creyó que bastaba con cerrar ductos. Sheinbaum enfrenta algo más incómodo: averiguar hasta dónde llegan las tuberías políticas que heredó y decidir —con nombres y cargos, no con comunicados— cuánto está dispuesta a seguirlas. Decomisar combustible es relativamente sencillo; investigar las redes de funcionarios, empresarios y protectores que permitieron que el negocio sobreviviera mientras el gobierno presumía combatirlo es otra cosa.

Ahí empiezan los otros demonios. Porque seguir una manguera es fácil. Lo verdaderamente peligroso es seguir el dinero y, de ahí, sin desviarse, seguir al poder mismo.

¿Alguien les pondrá un alto?

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