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A esto fue el presidente Peña Nieto a Francia

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México, el invitado del Día de Francia
El presidente Enrique Peña fue invitado de honor durante el desfile militar conmemorativo del Día Nacional de Francia –por la conmemoración de la Toma de la Bastilla, en 1789, y la Fiesta de la Federación, instaurada al día siguiente–. Es la primera ocasión que un mandatario mexicano de nuestro país y de América Latina acude a dicha histórica parada militar.
Además, la marcha de un grupo de 157 cadetes que llevó seis águilas reales abrió el acto cuya sede fue la Avenida de los Campos Elíseos. Como parte de la visita, la Torre Eiffel fue iluminada con los colores de nuestra bandera.

Alianza educativa
México y Francia firmaron 12 documentos como parte de la Alianza Estratégica Académico-Científica de ambos países, a través de instituciones mexicanas como la UNAM, la UAM, el Conacyt, la ANUIES y el Cinvestav.
Entre los acuerdos de cooperación, esta la instalación de un telescopio en el Observatorio Astronómico Nacional, en Baja California, México; así como un instrumento de colaboración científica con el Instituto de Investigación para el Desarrollo de la República Francesa (IRD) y el Acuerdo General de Colaboración Académica, Científica y Cultural con la Universidad París 13.
En el marco de dichos pactos, el Presidente Enrique Peña Nieto recibió la Gran Medalla de La Sorbona por su acción para el fortalecimiento de la alianza estratégica entre las universidades de esta capital europea y las universidades mexicanas.

Medio ambiente
El mandatario mexicano felicitó a su homólogo francés Francois Hollande, por la “audaz convocatoria” de Francia en materia de cambio climático a través del Acuerdo de las Partes (COP21), a realizarse a finales de año en París.
“(Francia) encabeza un esfuerzo para asumir compromisos concretos que nos permitan disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero”, expresó.

Acuerdos en materia de salud
El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), la Universidad Claude Bernard Lyon 1 y Los Hospitales Civiles de Lyon firmaron el Convenio para la Especialidad de Trasplante Hepático.
De esta forma, médicos mexicanos especialistas del dicha institución que realicen estancias en la Universidad de Lyon podrán conocer las técnicas quirúrgicas más avanzadas de trasplante hepático, para mejorar los servicios de salud en México.
En tanto que la Secretaría de Salud (SSa) y los laboratorios Birmex-Sanofi Pasteur firmaron un acuerdo para construir una planta en Cuautitlán, Estado de México, para producir la vacuna contra la influenza en 2018 y abastecer el mercado nacional y exportarlo a la región.

Economía
Este jueves, último día de la visita, el presidente Peña Nieto participará en el foro económico MEDEF-ProMéxico y se reunirá con la alcaldesa de París, Anne Hidalgo.
La agenda contempla que el mandatario acuda a la sede de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), donde habrá una ceremonia en la cual se certificará la inscripción a la lista del Patrimonio Mundial al complejo hidráulico del Acueducto del Padre Tembleque.
El jefe del estado mexicano viajó acompañado de su esposa Angélica Rivera y 141 personas más, de las cuales 31 son titulares de dependencias, 37 integrantes de equipos de trabajo y 73 personas para apoyo y logística. Sólo el secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong se regresó el domingo pasado –día en que llegó el Presidente a París–, tras la fuga de Joaquín Guzman Loera, el Chapo, del penal del Altiplano.

Opinión

Inzunza: la decadencia del favorito. Por Caleb Ordóñez T.

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Hay políticos que caen peleando. Hay políticos que caen defendiendo una causa. Y hay políticos cuya caída comienza mucho antes de que ellos mismos se den cuenta; cuando todavía sonríen en las fotografías oficiales y firman acuerdos con la soltura de quien cree que el futuro le pertenece.

La historia reciente de Enrique Inzunza Cázares parece pertenecer a esta última categoría.

Porque más allá de las acusaciones que enfrenta, más allá de los expedientes estadounidenses y más allá del ruido mediático que rodea a Sinaloa, hay algo que llama poderosamente la atención: Inzunza no se comporta como alguien que busca convencer al país de su inocencia. Se comporta como alguien atrapado en una partida de ajedrez donde cada movimiento tiene un único objetivo: sobrevivir un turno más. Viviendo en un eterno jaque.

Durante años fue presentado como uno de los hombres más inteligentes del círculo cercano de Rubén Rocha Moya. Jurista, magistrado, presidente del Supremo Tribunal de Justicia, secretario general de Gobierno y después senador de la República. Su ascenso fue tan rápido que muchos (casi todos) dentro de Morena en Sinaloa, lo veían como una especie de gobernador en espera.

No era un político de masas. No era un gran orador. No era un líder carismático.

Su poder provenía de otra parte: de la operación silenciosa, del control institucional, de la cercanía con el grupo gobernante y de una influencia que crecía discretamente, lejos de los reflectores, precisamente donde ese tipo de poder se cultiva mejor.

Por eso resulta tan revelador observar lo que ocurre hoy.Cuando un político es acusado injustamente, normalmente intenta salir a dar la cara. Busca entrevistas. Explica. Debate. Confronta. Construye una narrativa que lo sostenga mientras el temporal amaina.

Inzunza ha hecho exactamente lo contrario.

Los números lo dicen con una frialdad que ningún argumento político puede disfrazar.

Desde el 29 de abril de 2026, cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos hizo pública la acusación formal en su contra, Inzunza acumuló 21 días de ausencia en sesiones del Congreso. No pidió licencia. No renunció. Simplemente dejó de aparecer. Su única reaparición fue una fotografía en redes sociales junto a su madre, con ubicación en Batequitas, Badiraguato. Un político que dice no tener nada que esconder, escondido. Y cuando finalmente habló, lo hizo desde X, con una frase que revela más de lo que oculta:

«Soy abogado de mí mismo y me basta mi probidad.» Es la declaración de alguien que no quiere testigos en su defensa.

Y en política las formas importan tanto como los hechos, porque la percepción pública rara vez se construye únicamente con documentos judiciales. También se construye observando cómo reaccionan los protagonistas cuando el suelo comienza a moverse bajo sus pies.

Lo que proyecta Inzunza no es fortaleza. No transmite confianza. No parece un político concentrado en demostrar que las acusaciones son falsas.

Parece un político concentrado en administrar daños.

Esa imagen explica en buena medida por qué hoy se encuentra tan aislado. No porque Morena haya decidido abandonarlo de la noche a la mañana. No porque el Senado haya ejecutado una conspiración interna. Sino porque el propio Inzunza dejó de ser una apuesta rentable.

La política es brutalmente pragmática. Los partidos respaldan a quienes generan votos, estabilidad o futuro. Cuando un liderazgo comienza a representar riesgo, incertidumbre o desgaste, las distancias aparecen solas, sin reuniones, sin comunicados, sin rupturas formales. Simplemente aparecen.

Hace apenas unos meses su nombre figuraba entre los aspirantes más serios para suceder a Rocha en la gubernatura de Sinaloa. Hoy prácticamente nadie dentro del oficialismo habla de esa posibilidad. No porque exista una sentencia. No porque haya sido declarado culpable. Sino porque la candidatura dejó de ser viable.

Y en política la inviabilidad suele ser una condena mucho más rápida que cualquier resolución judicial.

Lo verdaderamente inquietante es que el caso de Inzunza trasciende a una sola persona.

Se convierte en un espejo incómodo para todo el sistema político mexicano.

Lo que hace singular el caso de Inzunza no es la acusación en sí. Es la arquitectura que describe. Según el expediente estadounidense, Inzunza habría acompañado al gobernador

Rocha Moya a una reunión con Los Chapitos tras las elecciones de junio de 2021, cuando todavía era secretario general del gobierno estatal y en ese encuentro habrían acordado que el cártel tendría control sobre la Policía Estatal de Sinaloa. Si eso es cierto, no estamos hablando de un funcionario que recibió un sobre. Estamos hablando de una negociación institucional: el Estado cediendo su monopolio de la fuerza a cambio de estabilidad política.

Eso es algo cualitativamente distinto, y más perturbador, que la corrupción individual de siempre. No es un hombre que se corrompió. Es una institución que se ofreció.

Por eso el caso Inzunza genera tanta atención. No solo por sus detalles particulares, sino porque representa el choque entre dos narrativas que México lleva años intentando reconciliar sin éxito: la del político exitoso que parecía destinado a gobernar uno de los

estados más importantes del país, y la del funcionario que termina convertido en símbolo de una crisis de confianza cada vez más profunda.

Su tragedia política no consiste únicamente en las acusaciones.

Consiste en haber perdido aquello que realmente construye el poder: la credibilidad.

Cuando la gente deja de creer en tu futuro, el poder comienza a evaporarse. Cuando tus aliados dejan de apostar por ti, el aislamiento se vuelve inevitable. Cuando tu nombre genera más preguntas que certezas, las puertas empiezan a cerrarse, no con portazos, sino con la silenciosa delicadeza con que se cierra una puerta frente a alguien a quien ya no se espera.

Por eso Enrique Inzunza muy probablemente ya no será gobernador de Sinaloa. No porque un

juez lo haya decretado. No porque un partido lo haya expulsado. Sino porque la política mexicana ya comenzó a actuar como si ese futuro hubiera desaparecido.

Y pocas cosas son más devastadoras para un político que seguir ocupando un cargo mientras todos a su alrededor se comportan como si su historia ya hubiera terminado.

Esa es la verdadera decadencia.

No perder el poder. Sino ver cómo el poder te abandona: despacio, en silencio, sin siquiera molestarse en despedirse.

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