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Opinión

AMLO confía en que amparos de la SEP serán desechados

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Luego de que la Secretaría de Educación Pública (SEP) anunció la suspensión temporal del programa piloto del nuevo plan de estudios por los amparos promovidos en su contra, el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) acusó que esto es parte de las maniobras del bloque opositor conservador y confió en que los recursos serán desechados.

“Han llovido los amparos del bloque conservador y todos se han venido desechando porque no hay razón, entonces va a suceder lo mismo. Pero que la gente entienda que es ese el fondo, a nosotros nos importa mucho la revolución de las conciencias, el informar, el orientar, es una necesidad la pedagogía”, dijo en su conferencia matutina.

Aludiendo sin nombrar al Partido Acción Nacional (PAN), acusó que “son muy retrógradas los conservadores, ellos están con la idea del porfiriato de que estudie el que tenga para pagar colegiatura y que cómo vas a estar entregando gratuitamente los libros”. Esto pues recordó que eliminaron materias como la cívica, la ética y la historia de los últimos planes de estudio.

Recordando la oposición al Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), el Tren Maya y el traspaso de la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), acusó que este “es un amparo también promovido por el bloque conservador, porque no quieren que cambien los contenidos de los libros de texto, ese es el fondo”.

El primer mandatario defendió el nuevo plan de estudios diciendo que “el propósito es que se tenga una educación científica, pero humanística”. Así como argumentó que se hizo una amplia convocatoria con maestros para elaborar los contenidos del programa piloto que se evaluará en un grupo determinado de escuelas antes de implementarse de forma general a nivel nacional.

“El ensayo o esta práctica, la impugnaron, pero desde luego nosotros vamos a recurrir a las instancias legales para que se continúe con el proceso. Ya ven que somos bien, bueno, somos perseverantes. No es que ya hubo un amparo y ya”, agregó López Obrador. Siendo que la SEP también adelantó que tomaría las medidas correspondientes para continuar con el proyecto.

Opinión

¿Por qué Roberto Lazzeri? La hora de negociar duro. Por Caleb Ordóñez Talavera

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Cuando un país decide quién lo representa en Washington, no solo elige un nombre: elige una estrategia. Y México acaba de elegir números sobre discursos.

Caleb Ordoñez

Roberto Lazzeri Montaño —economista del CIDE, operador financiero de carrera, arquitecto silencioso de deuda pública y crédito productivo— está a punto de convertirse en el embajador mexicano en Estados Unidos justo cuando la relación bilateral entra a su etapa más técnica, más tensa y más cara de la historia reciente.

No es coincidencia. Es cálculo.

Es un hombre que viene de los números. Lazzeri no llegó a la política por la puerta grande de los partidos ni por los reflectores del activismo. Llegó en 2005 por las hojas de cálculo del entonces Distrito Federal, manejando deuda pública cuando la mayoría de los funcionarios de su generación todavía aprendían el oficio. De ahí pasó a Banobras, luego a la Secretaría de Hacienda, y eventualmente a dirigir simultáneamente Nafin y Bancomext —los dos brazos del crédito productivo del Estado mexicano— en uno de los momentos más volátiles para el financiamiento externo del país.

Su cercanía con la 4T no es ideológica en el sentido clásico: es funcional. Trabajó directamente con Rogelio Ramírez de la O, el cerebro económico del obradorismo, y entendió —mejor que muchos— cómo sostener estabilidad macroeconómica dentro de un proyecto político que desconfía de los mercados pero los necesita. Eso lo hace valioso para Claudia Sheinbaum: no solo entiende el modelo, sino que sabe ejecutarlo sin romperlo.

¿Por qué ahora y por qué él?

Esteban Moctezuma no sale de Washington por fracaso. Sale porque el tablero cambió de juego. Desde 2021 fue el interlocutor ideal para una etapa de transición: perfil conciliador, relaciones sólidas, útil en el paso de Trump a Biden y en la consolidación inicial del TMEC. Cumplió y seguramente seguirá en la vida diplomática de primer nivel.

Pero lo que viene no se gestiona con diplomacia política. Se gestiona con ingeniería económica.

El comercio bilateral entre México y Estados Unidos supera los 900 mil millones de dólares anuales. Más del 80% de las exportaciones mexicanas dependen del mercado estadounidense. La revisión del TMEC se aproxima en 2026 con sectores enteros bajo presión —automotriz, acero, aluminio, energía— mientras Washington mantiene un discurso endurecido sobre fentanilo, migración y crimen organizado que complica cualquier conversación comercial.

A ese escenario se suman dos relojes políticos que corren en paralelo: el Mundial 2026, donde México coorganiza con Estados Unidos y Canadá una logística de seguridad e inversión sin precedentes, y las elecciones intermedias americanas, donde el proteccionismo y la retórica antiinmigrante históricamente se disparan. Lazzeri aterrizaría en Washington justo cuando los tres se cruzan.

La apuesta y el riesgo

Mandar a un financiero a la embajada más importante del país es un mensaje que Washington sabe leer: lo que viene es negociación dura, no protocolo. Pero esa misma fortaleza es su mayor vulnerabilidad.

Lazzeri llega sin red política propia en Estados Unidos, sin los vínculos personales que toman años construir con congresistas, reguladores y grupos empresariales. En una capital donde las relaciones informales mueven tanto como los tratados formales, eso importa. Y el tiempo para construirlas será escaso: la revisión del TMEC no esperará a que el nuevo embajador encuentre su ritmo.

Su verdadero reto no es técnico. Es traducir credibilidad financiera en poder diplomático real: negociar aranceles sin sacrificar industrias mexicanas, defender el tratado sin contradecir la narrativa nacionalista de la 4T y mantener la confianza de los inversionistas extranjeros en un entorno global que premia la certeza y castiga la ambigüedad.

En la relación más importante (y más costosa) que tiene México, no hay margen para la curva de aprendizaje. Lazzeri lo sabe. La pregunta es si Washington también está dispuesto a escuchar al técnico que llega a cambiar las reglas del juego o solo a administrarlas.????????????????

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