Opinión
Basura a ritmo de trap. Por Javier Contreras Orozco
Antes que ver si es correcto, que limita ciertas libertades o el daño a los negocios que viven de la diversión y entretenimiento, hay que ver fríamente el fondo del asunto. Tarareamos, cantamos o bailamos, pero muchas veces ni sabemos el origen. Unos apelan al gusto y placer, en que no hay “fijón” ni hay que escandalizarse de todo, aunque no nos percatamos a quien beneficiamos.
Hay dos elementos que debemos considerar: mercado y permisividad y no solo lo que queda de ganancias cada fin de semana o en los conciertos masivos. ¿Somos sensibles a los dramas que viven en familias deshechas por las drogas?, ¿cada vez nos enteramos de asesinatos de mujeres, mientras escuchamos y consumimos canciones que denigran a la mujer, que promueven la agresión y violencia contra ellas?
Las respuestas más fáciles, estúpidas e irresponsables que se nos ha convertido en cantaleta para justificar cualquier aberración o abuso, es que el mercado manda o cada uno su gusto. Y lo que el cliente pida, es una respuesta cómplice lo que ha propiciado el incremento desmedido de comercio informal, de grandes tendidos con venta de objetos la mayoría robados. Y todavía con el descaro de hacer pedido de partes de autos, espejos, llantas, rines o electrodomésticos o celulares para que vayan a buscarlos en domicilios particulares o tiendas y se los roben. Pero, lo que el cliente pida.
En el caso de la música sucede algo similar. Estamos inmersos en un ambiente de narco cultura, donde los delincuentes han impuesto a la sociedad sus gustos, pésimos, chabacanos o “refinados”. Han modificado la escala de valores, donde la vida y la muerte han cambiado de sentido. La narcocultura es cultura de la muerte, porque no edifica nada bueno, sino todo lo destruye sembrando, cosechando, elaborando y vendiendo drogas.
Han creado una superestructura para dar sustento y soporte a sus actividades en la sociedad. Por eso se le llama narco cultura porque es una forma de vivir, de lenguaje, diversiones, actividades, vestimenta, portación de armas, autos robados o blindados. Han promovido hasta su religión con la Santa Muerte y altar con Malverde, el santo de los delincuentes; han creado sus héroes, a los que ensalzan con corridos; promueven sus conjuntos musicales para que les alegren sus fiestas. Han diversificado actividades criminales de secuestros, extorsiones, explotación y tráfico de menores, mujeres y migrantes, cobro de piso, control del bosque y minas, precios de producción de limones y aguacate.
Y todo en nuestras narices. Y todavía vamos a corear sus narcocorridos y si alguien pretende evitarlo, nos levantamos enojados contra las autoridades. O sea, ¡los defendemos!
En Acapulco y en Can-Cún ya lo dijeron: lo que el cliente pida, lo que los turistas pidan de música y de cualquier consumo o producto. Y de los cadáveres y asesinatos propiciados por la guerra y competencia del mercado de las drogas que se vayan a las estadísticas. Hay que reponerse de la baja de ganancias por la pandemia. Así estamos.
Con estos elementos, la narcocultura avanza con sus productos nuevos. De drogas “naturales” fueron evolucionando a drogas sintéticas, o de creación para hacerlas más potentes y adictivas, alcanzar un nuevo segmento de mercado en la sociedad con menos recursos y crearon el “cristal” para lo que no tienen la posibilidad de comprarles cocaína.
Y ahora con el fentanilo que está matando a miles de adictos por sobredosis, las autoridades se entretienen con declaraciones echándose la culpa unos a otros o negando que en sus territorios no se produce fentanilo. Esa es una de las pobres respuesta ante la actividad criminal que sigue matando a la sociedad mientras les cantamos a sus “héroes” en alegres corridos.
Y mientras, ¿quién está viendo por esos niños que, desde tierna edad, son cooptados para el narcomenudeo y luego terminan adictos y de ahí se incorporan a las filas de crimen organizado, primero como halcones y luego como sicarios para obtener dinero para pagar su adicción. La vida es corta en ese ambiente de narcocultura y cierran el ciclo siendo ejecutados, en la cárcel, en hospitales mentales o en los cementerios.
Una porción de la generación adulta es insensible o ajena a este panorama porque no fueron víctimas de ese ambiente. La pregunta es: ¿y los hijos, los descendientes, cuando ya no estemos nosotros?, ¿qué a va a ser de ellos? Esta es la sociedad que les estamos dejando, mientras nos aseguramos de subir nuestras ganancias y utilidades en los negocios. Ganancias temporales y efímeras a cambio de un futuro incierto y desastroso para las próximas generaciones.
Parece que somos incapaces de hacer un sacrificio de ganar más y nos negamos a ver por el bien común. ¿Quién asumirá las consecuencias? Todos quieren lavarse las manos. Los políticos no quieren asumir un costo político porque después pierden popularidad y votos. Solo repiten el estribillo conchudo: prohibido prohibir. Los que se dicen “empresarios” artísticos contratan grupos que cantan narcocorridos y les aseguren llenar los palenques; en las radiodifusoras programan las canciones que piden los “productores” promocionar con un pago. Y todos ganan, la sociedad pierde.
No hay duda de que la música es cultura. Es parte esencial de una cultura. ¿Y cuándo hay música basura, qué tipo de cultura tenemos?
Si bien, no se trata de pecar de mojigatos o ser más papistas que el Papa, pero si es importante y decisivo asumir responsabilidades. Pero, sobre todo, ser congruentes: nos lamentamos de tanto crimen del narcotráfico. El gobierno federal ha sostenido por 5 años su estrategia de abrazos no balazos, lo que ha empoderado al crimen organizado, ya van más de 160 mil muertos en ese período y la sociedad entretenida cantándoles a los héroes narcos y el círculo perfecto se cierra protestando porque proponen restringir esos narcocorridos, o porque emiten acuerdos para multar por promover canciones que denigran y ofenden sexualmente a la mujer que en lenguaje soez y vulgar aclaman a cantantes convertidos en ídolos porque incorporan un mayor número de ofensas o palabras vulgares. ¿Esta es nuestra cultura o la narcocultura?
¿Con quién estamos entonces? ¿Queremos seguridad y cultura de la legalidad, pero por otro lado promovemos acciones contra la legalidad? O ¿definimos las ganancias y utilidades de los negocios o definitivamente nos dedicamos a la apología del delito y de los delincuentes, porque es lo que quiere el cliente? En algunos negocios ya les tienen pastillas, -pasta-, cocaína y otros productos para estar a tono con lo que pida el cliente.
Aparte de los narcocorridos están el reguetón y trap. En varios países han tomado la decisión de retirar algunas de esas canciones del reguetón por su alto contenido sexual, obsceno, con invitaciones a suicidio, a la muerte y uso de drogas. Y en vista de que apologistas de estas canciones que apelan a la libertad de expresión demos una brevísima repasada a algunas estrofas de esas rolas que repiten una y otra vez.
Una disculpa para los lectores, pero casi es seguro que algunos de los defensores contra la prohibición de estas canciones no las han escuchado o desconocen el contenido, pero recurro a eso para ver la magnitud de la vulgaridad.
Por ejemplo, Bad Bunny, un representante del regatón que llena estadios con fanáticas y fanáticos que cantan y bailan sus canciones:
“Tiene un cul…ahí que lo acabo de testear/ ella es calladita, pero p´al sexo es atrevida/ yo se marihuana y bebida gozándole la vida como es…”
“Si quieres te hago un bebé/ o te traigo la plan B/ mami qué rico tu te ve/ y ahora quiere perreo toda la noche en la pared…”
Otra: “quiero verla sin ropa, en to los ángulos de una vez por toda/ y sin más preámbulo hoy me levanté sonámbulo/ soñando que estaba azotándote ese cul…” Otra canción de pésimo gusto y vulgar llamada “el Chupi chupi”, que dice “Abre la bocuti y tragétela tuti…”
O la canción del grupo PXXR GVNG que repite hasta 102 veces a lo largo de los 3 minutos y 29 segundos que dura la canción la frase “tu coño es mi droga”. Si se destapó la polémica e inconformidad entonces hay que ventilar el tema tal cual. La canción “Santa Maria” de Bad Gyal con su letra: “El me llama santa, santa Maria/ Porque mi coño está apretado como el primer día/…”
Esto es una pequeña muestra del arte del regatón y trap, pero hay centenares de esas canciones que es lo que cantan y bailan muchos jóvenes. Nos indignamos con los feminicidios, de la cultura machista y misógina, pero defendemos estas canciones denigrantes para la mujer y hay otras que promueven la violencia contra ellas.
Una respuesta cómoda podría ser: déjelos si eso es lo que les gusta, o sea, hay que ser permisivos. Permitirles hacer todo lo que quieran, hay mañana veremos qué pasa….
El trap es un subgénero musical surgido en lugares donde venden droga, de ahí el nombre de trap que nació en el sur de EUA. Viene desde los noventa con un estilo desvergonzado, con letras vulgares y corrientes que las dicen sin ningún rubor o recato. Tal cual. Con temas de violencia, drogas y sexo en lenguaje arrabalero y ramplón que lo convierte en música basura por el afán de denigrar, especialmente a la mujer.
“¿Por qué trap y reguetón reciben premios? se cuestiona el crítico de música Nani. “Porque manda el “dios” dinero, no la calidad, no hay análisis desinteresados y científicos que defiendan la calidad del reguetón. ¿Por qué trap y reguetón dominan actualmente? Quizá el signo sea de una humanidad claudicante, renegadora de toda esperanza y de todo pensamiento, una especie desfalleciente”.
Y concluye: “Un mundo secuestrado por el reguetón no resulta alentador. Aunada a la evidente destrucción de la música, tendremos una sociedad proclive a la total idiotez, carente de toda inspiración estética para pensar, siquiera con la mínima profundidad. Tendremos gente incapaz de interesarse por el mundo ni por los otros, personas ineptas para pensarse a sí mismas; eso sí, contaremos con fanáticos de la imbecilidad y de la satisfacción inmediata y sin reparo ni mediación de las necesidades, ya sean estas legítimas o artificiales (el perfil de todo delincuente) porque es lo que a resumidas cuentas nos venden el trap y el reguetón. La música es cultura, el reguetón y el trap son basura”.
Lo dejamos a la buena conciencia y responsabilidad de que vean los que quieren ver y oigan lo que quieran oír. Y los que solo piensen en el negocio y ganancias, pues que sigan viendo por eso.
Ya les tocará a nuestros hijos y nietos enfrentar las consecuencias.
Opinión
Huachicol y otros demonios. Por Caleb Ordoñez T.
México lleva ocho años combatiendo el huachicol y el huachicol lleva ocho años ganándole por goleada. López Obrador inauguró su gobierno cerrando ductos y prometiendo mandar al huachicolero al museo de la corrupción del pasado. Ocho años y una transición después, México registró 2,563 tomas clandestinas solo en el primer trimestre de 2026: una cada 51 minutos. El huachicolero no murió. Evolucionó, se puso corbata y aprendió política.
¿Por qué Huachicol?
“Huachicol” nombró primero al alcohol adulterado, era una bebida que prometía una cosa y entregaba otra, antes de migrar a la gasolina robada y, ya en su versión de cuello blanco, al huachicol fiscal. Somos creativos para ponerles nombres folclóricos a nuestras tragedias.

Caleb Ordoñez Talavera
Y esto dejó de ser folclor hace mucho. En el primer trimestre del año, Hidalgo registró 731 tomas clandestinas; Jalisco, 578; el Estado de México, 189. Cuautepec de Hinojosa, un solo municipio de Hidalgo, acumuló 202 perforaciones en tres meses. Una toma clandestina cada 51 minutos no es el vecino con una manguera a las tres de la mañana. Es una industria con horario de oficina, y una industria necesita nómina: gente para sacar el combustible, pipas para moverlo, bodegas para guardarlo y empresas de papel para lavar las ganancias. Y para sostener el aparato durante años hace falta el insumo más caro de todos: suficientes autoridades dispuestas a no ver, no oír y no preguntar.
Aquí conviene hacer una pausa honesta. El gobierno tiene un argumento real que oponer a esto: los aseguramientos han aumentado, no disminuido, y parte de la razón por la que ahora “vemos” más huachicol es que se está buscando más que antes. Es cierto. El problema es que ese argumento explica el número de decomisos, no el de tomas clandestinas —que también aumentó—, y tampoco explica por qué las redes de corrupción y protección que hacen posible semejante negocio han logrado sobrevivir durante ocho años. Encontrar más droga no prueba que se esté ganando la guerra contra el narco; encontrar más huachicol tampoco prueba que se esté ganando esta.
La escoba de Tabasco
Aquí entra Adán Augusto López. No existe sentencia que lo vincule con el huachicol ni está acreditado que perteneciera a La Barredora. Su problema es otro, y más incómodo: cuando gobernaba Tabasco, puso al frente de la seguridad pública a Hernán Bermúdez Requena, el hombre encargado de cazar exactamente a los delincuentes que terminó, presuntamente, dirigiendo.
Hoy Bermúdez está procesado como presunto jefe de “La Barredora”, organización señalada por extorsión, secuestro y robo de combustible. El hombre puesto a barrer el crimen de Tabasco terminó acusado de encabezar La Barredora llena de corrupción. Adán Augusto ha negado cualquier vínculo y no enfrenta cargos. Pero muchos tabasqueños aseguran que está involucrado.
Lo que no resuelve es la pregunta política: ¿cómo se gobierna un estado sin enterarse de lo que ocurre alrededor del propio jefe de Seguridad? Solo hay dos respuestas, y ambas son un problema. Si lo sabía, es gravísimo. Si no lo sabía, la pregunta es qué estaba gobernando exactamente. Para quien después llegó a secretario de Gobernación y hoy pretende conservar influencia en la definición electoral de 2027, ninguna cabe en un currículum, aunque ambas quepan en la política mexicana.
El huachicol aprendió a usar corbata
Mientras el país perseguía mangueras en el campo, el negocio se mudó a un piso más alto. El huachicol fiscal ni siquiera necesita perforar un ducto: puede bastarle un barco, una importación mal declarada, una empresa fachada y un pedimento aduanal firmado por la persona indicada. Cambió la camioneta por un escritorio y la manguera por un sello.
Las investigaciones han tocado ya a mandos vinculados con la Marina, la institución a la que López Obrador entregó el control de las aduanas para, supuestamente, erradicar la corrupción. Se le dieron las llaves de la puerta trasera a quien debía cuidarla. El pasado 17 de septiembre se conoció en Guanajuato el aseguramiento de 59 millones de litros de presunto combustible ilícito en diez tanques. Con una cifra así, preguntar solo quién manejaba la pipa es casi un acto de inocencia voluntaria. La pregunta es quién permitió construir la carretera —económica, institucional y política— por la que ese combustible circuló durante años.
Adán y la búsqueda incesante de gubernaturas
Tras el escándalo, Adán Augusto dejó la coordinación de Morena en el Senado y anunció que se dedicaría a tareas electorales rumbo a 2027, elección en la que se disputarán 17 gubernaturas para la que Morena ya registró 277 aspirantes. Lejos de desaparecer, sigue moviendo fichas: respalda públicamente a Andrea Chávez en Chihuahua, frente al alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar (favorito en encuestas), y participa en la operación territorial del partido en estados donde aún no se resuelven las candidaturas.
Es decir: mientras el país intenta averiguar cómo el crimen organizado penetró policías, gobiernos y negocios de combustible, uno de los políticos más salpicados políticamente por el caso sigue participando en la construcción del próximo mapa de poder. Solo en la política mexicana un escándalo de ese tamaño puede convertirse en escala y no necesariamente en lastre.
Los otros demonios
Nos acostumbramos a las fotografías de bidones y camionetas incendiadas —una imagen casi reconfortante porque colocaba al delincuente lejos del poder—. Pero un negocio capaz de producir miles de tomas clandestinas y sobrevivir durante ocho años no se explica únicamente desde abajo. Necesita perforadores, sí, pero también transportistas, empresarios y funcionarios que decidieron no complicarse la vida. Necesita, sobre todo, silencio comprado al mayoreo.
López Obrador creyó que bastaba con cerrar ductos. Sheinbaum enfrenta algo más incómodo: averiguar hasta dónde llegan las tuberías políticas que heredó y decidir —con nombres y cargos, no con comunicados— cuánto está dispuesta a seguirlas. Decomisar combustible es relativamente sencillo; investigar las redes de funcionarios, empresarios y protectores que permitieron que el negocio sobreviviera mientras el gobierno presumía combatirlo es otra cosa.
Ahí empiezan los otros demonios. Porque seguir una manguera es fácil. Lo verdaderamente peligroso es seguir el dinero y, de ahí, sin desviarse, seguir al poder mismo.
¿Alguien les pondrá un alto?
-
Política19 horas agoSe desatan los Los memes en redes por la derrota de Andrea Chávez
-
Política23 horas agoBonilla y Granillo revisan proyectos presupuestales en Palacio de Gobierno
-
Chihuahua22 horas agoFICOSEC lanza programa de formación STEM para jóvenes en Chihuahua
-
Chihuahua23 horas agoCuauhtémoc Estrada defiende a Cruz Pérez Cuéllar ante críticas del PAN
