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Billete de lotería presenta a Paquimé, riqueza arqueológica de Chihuahua

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La Lotería Nacional presentó el billete del Sorteo Zodiaco Especial No. 1540, el cual conmemora la Zona Arqueológica de Paquimé, Chihuahua, inscrita desde 1998 en la Lista del Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

El programa que difunde los sitios arqueológicos más representativos del país se desarrolla en conjunto con la Coordinación de Memoria Histórica y Cultural de México, la Secretaría de Cultura, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la Asociación de Secretarios de Turismo de México (Asetur) y el Gobierno del Estado de Chihuahua.

La directora general de Lotería Nacional, Margarita González Saravia Calderón, dijo que la institución distingue a un lugar espectacular, como lo es Paquimé, en Chihuahua, a través del cachito que concreta hasta hoy, 27 de 32 billetes que han sido planeados dentro del programa que está por concluir en octubre.

“Este año tan significativo, en el que conmemoramos 500 años de la resistencia indígena, también conmemoramos a estas culturas donde se gesta el origen de lo que es hoy México”, señaló.

Así, dio a conocer que la imagen de Paquimé se encuentra en los dos millones 400 mil cachitos, ya a la venta en todo el territorio nacional, a través de 12 mil puntos que incluyen expendios, organismos locales, foráneos y vendedores ambulantes de billetes.

En representación del director general del INAH, Diego Prieto Hernández, el titular del Centro INAH Chihuahua, Jorge Carrera Robles, se dijo complacido de que la Lotería Nacional emita este billete alusivo a Paquimé, porque reivindica uno de los sitios arqueológicos más importantes del norte de México: “Al generarse este tipo de estrategias de divulgación, Paquimé se convierte en una vitrina importante para que millones de personas adviertan que este país es multiétnico, pluricultural, y que de norte a sur hay numerosas expresiones culturales y, no se diga, miles de vestigios arqueológicos que tanto nos enorgullecen.

“De Paquimé destacamos su arquitectura de tierra, que le dio justamente la singularidad para ser inscrita en la Lista de Patrimonio Mundial, en 1998, pero también sobresale su cerámica, su capacidad de irrigación, el ser propiamente un sistema político regional y su capacidad de intercambio comercial que la hicieron ser referente en su periodo de máximo desarrollo (1300-1450 d.C.)”.

A su vez, el director del Proyecto Arqueológico Paquimé, Eduardo Pío Gamboa, destacó el importante legado de este sitio, el cual trasciende por el trabajo que hace el INAH, al investigar, documentar, registrar, salvaguardar, resguardar y proteger, para poder heredar este patrimonio a las generaciones futuras”.

Como parte de la develación, la directora estatal de Turismo, Nathalie Desplas Puel, destacó la importancia del billete que promocionará turísticamente a la zona de Paquimé, enfatizando las bellezas de la región; además, agradeció a la Lotería Nacional y a las instituciones involucradas, por impulsar el turismo en todo el país a través de los cachitos conmemorativos a los sitios arqueológicos.

“Casas Grandes es Pueblo Mágico desde 2015, y tiene tantas cosas que enseñar, como sus bellísimos paisajes, sobre todo los de otoño que son difíciles de encontrar en otras partes de país; deliciosa gastronomía, gente cálida, una artesanía preciosa, también atractivos turísticos inigualables, como la Zona Arqueológica Paquimé”, finalizó.

Como invitada especial estuvo la alcaldesa del Pueblo Mágico de Casas Grandes, Yesenia Guadalupe Reyes Calzadías.

El Sorteo Zodiaco Especial No. 1540 entrega un Premio Mayor de 11 millones de pesos en una serie y cuenta con una bolsa repartible de 43 millones de pesos, se realizará el domingo 22 de agosto, a las 20:00 horas, y la transmisión en vivo se podrá seguir por el Canal oficial de YouTube de la institución (https://www.youtube.com/user/VideotecaLotenal).

Recuerda que ya puedes adquirir tus cachitos electrónicos a través de las plataformas oficiales, consúltalas en www.lotenal.gob.mx.

Opinión

Inzunza: la decadencia del favorito. Por Caleb Ordóñez T.

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Hay políticos que caen peleando. Hay políticos que caen defendiendo una causa. Y hay políticos cuya caída comienza mucho antes de que ellos mismos se den cuenta; cuando todavía sonríen en las fotografías oficiales y firman acuerdos con la soltura de quien cree que el futuro le pertenece.

La historia reciente de Enrique Inzunza Cázares parece pertenecer a esta última categoría.

Porque más allá de las acusaciones que enfrenta, más allá de los expedientes estadounidenses y más allá del ruido mediático que rodea a Sinaloa, hay algo que llama poderosamente la atención: Inzunza no se comporta como alguien que busca convencer al país de su inocencia. Se comporta como alguien atrapado en una partida de ajedrez donde cada movimiento tiene un único objetivo: sobrevivir un turno más. Viviendo en un eterno jaque.

Durante años fue presentado como uno de los hombres más inteligentes del círculo cercano de Rubén Rocha Moya. Jurista, magistrado, presidente del Supremo Tribunal de Justicia,

secretario general de Gobierno y después senador de la República. Su ascenso fue tan rápido que muchos (casi todos) dentro de Morena en Sinaloa, lo veían como una especie de gobernador en espera.

No era un político de masas. No era un gran orador. No era un líder carismático.

Su poder provenía de otra parte: de la operación silenciosa, del control institucional, de la cercanía con el grupo gobernante y de una influencia que crecía discretamente, lejos de los

reflectores, precisamente donde ese tipo de poder se cultiva mejor.

Por eso resulta tan revelador observar lo que ocurre hoy.Cuando un político es acusado injustamente, normalmente intenta salir a dar la cara. Busca entrevistas. Explica. Debate. Confronta. Construye una narrativa que lo sostenga mientras el

temporal amaina.

Inzunza ha hecho exactamente lo contrario.

Los números lo dicen con una frialdad que ningún argumento político puede disfrazar.

Desde el 29 de abril de 2026, cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos hizo pública la acusación formal en su contra, Inzunza acumuló 21 días de ausencia en sesiones del Congreso. No pidió licencia. No renunció. Simplemente dejó de aparecer. Su única

reaparición fue una fotografía en redes sociales junto a su madre, con ubicación en Batequitas, Badiraguato. Un político que dice no tener nada que esconder, escondido. Y cuando finalmente habló, lo hizo desde X, con una frase que revela más de lo que oculta:

«Soy abogado de mí mismo y me basta mi probidad.» Es la declaración de alguien que no quiere testigos en su defensa.

Y en política las formas importan tanto como los hechos, porque la percepción pública rara vez se construye únicamente con documentos judiciales. También se construye observando

cómo reaccionan los protagonistas cuando el suelo comienza a moverse bajo sus pies.

Lo que proyecta Inzunza no es fortaleza. No transmite confianza. No parece un político concentrado en demostrar que las acusaciones son falsas.

Parece un político concentrado en administrar daños.

Esa imagen explica en buena medida por qué hoy se encuentra tan aislado. No porque Morena haya decidido abandonarlo de la noche a la mañana. No porque el Senado haya ejecutado una conspiración interna. Sino porque el propio Inzunza dejó de ser una apuesta

rentable.

La política es brutalmente pragmática. Los partidos respaldan a quienes generan votos, estabilidad o futuro. Cuando un liderazgo comienza a representar riesgo, incertidumbre o

desgaste, las distancias aparecen solas, sin reuniones, sin comunicados, sin rupturas formales. Simplemente aparecen.

Hace apenas unos meses su nombre figuraba entre los aspirantes más serios para suceder a Rocha en la gubernatura de Sinaloa. Hoy prácticamente nadie dentro del oficialismo habla de esa posibilidad. No porque exista una sentencia. No porque haya sido declarado culpable. Sino porque la candidatura dejó de ser viable.

Y en política la inviabilidad suele ser una condena mucho más rápida que cualquier resolución judicial.

Lo verdaderamente inquietante es que el caso de Inzunza trasciende a una sola persona.

Se convierte en un espejo incómodo para todo el sistema político mexicano.

Lo que hace singular el caso de Inzunza no es la acusación en sí. Es la arquitectura que describe. Según el expediente estadounidense, Inzunza habría acompañado al gobernador

Rocha Moya a una reunión con Los Chapitos tras las elecciones de junio de 2021, cuando

todavía era secretario general del gobierno estatal y en ese encuentro habrían acordado que el cártel tendría control sobre la Policía Estatal de Sinaloa. Si eso es cierto, no estamos

hablando de un funcionario que recibió un sobre. Estamos hablando de una negociación institucional: el Estado cediendo su monopolio de la fuerza a cambio de estabilidad política.

Eso es algo cualitativamente distinto, y más perturbador, que la corrupción individual de siempre. No es un hombre que se corrompió. Es una institución que se ofreció.

Por eso el caso Inzunza genera tanta atención. No solo por sus detalles particulares, sino porque representa el choque entre dos narrativas que México lleva años intentando reconciliar sin éxito: la del político exitoso que parecía destinado a gobernar uno de los

estados más importantes del país, y la del funcionario que termina convertido en símbolo de una crisis de confianza cada vez más profunda.

Su tragedia política no consiste únicamente en las acusaciones.

Consiste en haber perdido aquello que realmente construye el poder: la credibilidad.

Cuando la gente deja de creer en tu futuro, el poder comienza a evaporarse. Cuando tus aliados dejan de apostar por ti, el aislamiento se vuelve inevitable. Cuando tu nombre genera más preguntas que certezas, las puertas empiezan a cerrarse, no con portazos, sino con la silenciosa delicadeza con que se cierra una puerta frente a alguien a quien ya no se espera.

Por eso Enrique Inzunza muy probablemente ya no será gobernador de Sinaloa. No porque un

juez lo haya decretado. No porque un partido lo haya expulsado. Sino porque la política mexicana ya comenzó a actuar como si ese futuro hubiera desaparecido.

Y pocas cosas son más devastadoras para un político que seguir ocupando un cargo mientras todos a su alrededor se comportan como si su historia ya hubiera terminado.

Esa es la verdadera decadencia.

No perder el poder. Sino ver cómo el poder te abandona: despacio, en silencio, sin siquiera molestarse en despedirse.

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