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Brote de Covid en Miss México; 16 participantes dieron positivo

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La Secretaría de Salud del Estado de Chihuahua informa que un total de 16 personas del certamen de belleza Miss México, celebrado el pasado 1 de julio en la ciudad de Chihuahua, dieron positivo a COVID-19.

Lo anterior, tras la exigencia al comité organizador para que se aplicaran pruebas PCR a las participantes y su Staff.

Se informa que desde el pasado 30 de junio, a través de una llamada anónima se denunció que un total de 11 personas presentaban sintomatología respiratoria por SARS Cov-2.

Personal de la Comisión Estatal para la Prevención de Riesgos Sanitarios acudió al sitio donde se desarrollaba uno de los eventos, con el fin de aplicar pruebas rápidas, mismas que resultaron negativas, por lo que se les pidió la prueba PCR.

La Subdirección de Epidemiología de la Secretaría de Salud, estableció contacto con una colaboradora cercana a la organización en Chihuahua, para validar la ocurrencia de brote y continuar con la investigación epidemiológica, además de establecer las medidas preventivas y auxiliar a quienes necesitaran atención médica.

El viernes 2 de julio, de forma verbal el director de Comercial de Miss México, Luis Jiménez Corzo, confirmó la existencia de un caso positivo de COVID-19, correspondiente a la representante de Chihuahua, quien contaba con su resultado positivo de PCR. Situación que limitó las acciones preventivas a seguir en el evento de coronación que se realizó el jueves 1 de julio.

A través de un oficio para dar seguimiento a tal situación, se le solicitó al director de Miss México la entrega de las 14 variables de interés, la entrega de los resultados en físico de las pruebas PCR, la notificación al staff para que se aíslen y se contacten con el sistema de salud de la entidad en donde se encuentren y que brinde el listado de los lugares y fechas que visitaron en el estado de Chihuahua, así como los contactos desde que identificaron a la primera persona con síntomas.

Cabe destacar que el director de Miss México y su organización se negaron a recibir el oficio, por lo que se procedió a localizar de forma individual a las participantes con el fin de que avisen a sus equipos de trabajo y contactos sobre el resultado de su prueba PCR.

Tras otra reunión sostenida este domingo 4 de julio con el enlace de Miss México en Chihuahua, se entregaron los resultados de las 43 pruebas de laboratorio, donde se confirmó la existencia de 16 casos positivos, de los cuales 15 corresponden a participantes del certamen y un resultado positivo de un colaborador.

La Secretaría de Salud del Estado de Chihuahua lamenta la falta de honestidad y transparencia del comité organizador del certamen Miss México y exhorta a las personas que estuvieron cerca de las concursantes o de los colaboradores, a fin de que estén pendientes de su aparición de síntomas y permanezcan en aislamiento durante 14 días.

Además, en caso de tener dudas, síntomas y requerir atención médica, pueden comunicarse al teléfono 614-429-33-00 extensiones 21518 y 21656, de las 8:00 a las 15:30 horas.

Las autoridades sanitarias del estado de Chihuahua dieron cabal cumplimiento a la Norma Oficial Mexicana NOM-017, en la que se establecen todos los procesos a seguir ante la detección de algún brote, por lo que desde el pasado fin de semana se notificó a las autoridades federales así como a las entidades federativas, sobre los casos confirmados de COVID-19.

Opinión

Inzunza: la decadencia del favorito. Por Caleb Ordóñez T.

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Hay políticos que caen peleando. Hay políticos que caen defendiendo una causa. Y hay políticos cuya caída comienza mucho antes de que ellos mismos se den cuenta; cuando todavía sonríen en las fotografías oficiales y firman acuerdos con la soltura de quien cree que el futuro le pertenece.

La historia reciente de Enrique Inzunza Cázares parece pertenecer a esta última categoría.

Porque más allá de las acusaciones que enfrenta, más allá de los expedientes estadounidenses y más allá del ruido mediático que rodea a Sinaloa, hay algo que llama poderosamente la atención: Inzunza no se comporta como alguien que busca convencer al país de su inocencia. Se comporta como alguien atrapado en una partida de ajedrez donde cada movimiento tiene un único objetivo: sobrevivir un turno más. Viviendo en un eterno jaque.

Durante años fue presentado como uno de los hombres más inteligentes del círculo cercano de Rubén Rocha Moya. Jurista, magistrado, presidente del Supremo Tribunal de Justicia,

secretario general de Gobierno y después senador de la República. Su ascenso fue tan rápido que muchos (casi todos) dentro de Morena en Sinaloa, lo veían como una especie de gobernador en espera.

No era un político de masas. No era un gran orador. No era un líder carismático.

Su poder provenía de otra parte: de la operación silenciosa, del control institucional, de la cercanía con el grupo gobernante y de una influencia que crecía discretamente, lejos de los

reflectores, precisamente donde ese tipo de poder se cultiva mejor.

Por eso resulta tan revelador observar lo que ocurre hoy.Cuando un político es acusado injustamente, normalmente intenta salir a dar la cara. Busca entrevistas. Explica. Debate. Confronta. Construye una narrativa que lo sostenga mientras el

temporal amaina.

Inzunza ha hecho exactamente lo contrario.

Los números lo dicen con una frialdad que ningún argumento político puede disfrazar.

Desde el 29 de abril de 2026, cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos hizo pública la acusación formal en su contra, Inzunza acumuló 21 días de ausencia en sesiones del Congreso. No pidió licencia. No renunció. Simplemente dejó de aparecer. Su única

reaparición fue una fotografía en redes sociales junto a su madre, con ubicación en Batequitas, Badiraguato. Un político que dice no tener nada que esconder, escondido. Y cuando finalmente habló, lo hizo desde X, con una frase que revela más de lo que oculta:

«Soy abogado de mí mismo y me basta mi probidad.» Es la declaración de alguien que no quiere testigos en su defensa.

Y en política las formas importan tanto como los hechos, porque la percepción pública rara vez se construye únicamente con documentos judiciales. También se construye observando

cómo reaccionan los protagonistas cuando el suelo comienza a moverse bajo sus pies.

Lo que proyecta Inzunza no es fortaleza. No transmite confianza. No parece un político concentrado en demostrar que las acusaciones son falsas.

Parece un político concentrado en administrar daños.

Esa imagen explica en buena medida por qué hoy se encuentra tan aislado. No porque Morena haya decidido abandonarlo de la noche a la mañana. No porque el Senado haya ejecutado una conspiración interna. Sino porque el propio Inzunza dejó de ser una apuesta

rentable.

La política es brutalmente pragmática. Los partidos respaldan a quienes generan votos, estabilidad o futuro. Cuando un liderazgo comienza a representar riesgo, incertidumbre o

desgaste, las distancias aparecen solas, sin reuniones, sin comunicados, sin rupturas formales. Simplemente aparecen.

Hace apenas unos meses su nombre figuraba entre los aspirantes más serios para suceder a Rocha en la gubernatura de Sinaloa. Hoy prácticamente nadie dentro del oficialismo habla de esa posibilidad. No porque exista una sentencia. No porque haya sido declarado culpable. Sino porque la candidatura dejó de ser viable.

Y en política la inviabilidad suele ser una condena mucho más rápida que cualquier resolución judicial.

Lo verdaderamente inquietante es que el caso de Inzunza trasciende a una sola persona.

Se convierte en un espejo incómodo para todo el sistema político mexicano.

Lo que hace singular el caso de Inzunza no es la acusación en sí. Es la arquitectura que describe. Según el expediente estadounidense, Inzunza habría acompañado al gobernador

Rocha Moya a una reunión con Los Chapitos tras las elecciones de junio de 2021, cuando

todavía era secretario general del gobierno estatal y en ese encuentro habrían acordado que el cártel tendría control sobre la Policía Estatal de Sinaloa. Si eso es cierto, no estamos

hablando de un funcionario que recibió un sobre. Estamos hablando de una negociación institucional: el Estado cediendo su monopolio de la fuerza a cambio de estabilidad política.

Eso es algo cualitativamente distinto, y más perturbador, que la corrupción individual de siempre. No es un hombre que se corrompió. Es una institución que se ofreció.

Por eso el caso Inzunza genera tanta atención. No solo por sus detalles particulares, sino porque representa el choque entre dos narrativas que México lleva años intentando reconciliar sin éxito: la del político exitoso que parecía destinado a gobernar uno de los

estados más importantes del país, y la del funcionario que termina convertido en símbolo de una crisis de confianza cada vez más profunda.

Su tragedia política no consiste únicamente en las acusaciones.

Consiste en haber perdido aquello que realmente construye el poder: la credibilidad.

Cuando la gente deja de creer en tu futuro, el poder comienza a evaporarse. Cuando tus aliados dejan de apostar por ti, el aislamiento se vuelve inevitable. Cuando tu nombre genera más preguntas que certezas, las puertas empiezan a cerrarse, no con portazos, sino con la silenciosa delicadeza con que se cierra una puerta frente a alguien a quien ya no se espera.

Por eso Enrique Inzunza muy probablemente ya no será gobernador de Sinaloa. No porque un

juez lo haya decretado. No porque un partido lo haya expulsado. Sino porque la política mexicana ya comenzó a actuar como si ese futuro hubiera desaparecido.

Y pocas cosas son más devastadoras para un político que seguir ocupando un cargo mientras todos a su alrededor se comportan como si su historia ya hubiera terminado.

Esa es la verdadera decadencia.

No perder el poder. Sino ver cómo el poder te abandona: despacio, en silencio, sin siquiera molestarse en despedirse.

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