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Esos centavitos que tú desprecias, valen un dineral

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Cerca de 35 millones de monedas de baja denominación, conocidas como morralla, cambio, dinero suelto o “suegra”, circulan cada mes por cientos de instituciones bancarias, comercios, iglesias, transporte público, como limosnas, propinas o para el pago de algún servicio, entre manos que algunos rechazan y otros más que las esperan con gusto.

De acuerdo con datos del Banco de México (Banxico), en junio pasado la circulación de monedas de cinco, 10, 20 y 50 centavos, así como de uno, dos, cinco, 10 y 20 pesos, fue de 34 millones 885 mil 788 unidades.

Para Josefina, “Pina”, como la llaman cariñosamente en el supermercado en donde trabaja de empacadora, las monedas son tan esperadas como un billete de 20 pesos, pues “de la cantidad de monedas que me den, depende mi comida del día y el transporte de regreso a mi casa», dice.

La señora dice sonriendo: «Yo no las odio, al contrario, las quiero mucho, y entre más me den más feliz soy, yo quiero ver mi bolsita llena y pesada de moneditas, no me importa de cuánto sean, lo importante es que al final tenga lo suficiente para comer y para pagar la combi.

El Banco de México saca mensualmente a circulación poco más de un millón de monedas de cinco centavos, tan pequeñas y de tan poco valor, que muchas personas ni siquiera las toman en cuenta.

En una encuesta que llevó a cabo Notimex entre varias personas sobre este circulante, se comprobó que en la mayoría de los casos este dinero para muchos es casi invisible, se pierde en las bolsas, en los monederos o en las carteras, incluso cae al suelo sin que nadie lo levante.

Dinero

Sube el salario mínimo y aprieta a las PyMES: piden apoyos para evitar despidos y alza de precios

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El incremento del 13 por ciento al salario mínimo, que entró en vigor al inicio de 2026, representa un avance importante para la recuperación del poder adquisitivo de las familias, pero también plantea un desafío significativo para las pequeñas y medianas empresas, advirtió el maestro Isaac González Granados, docente de la Facultad de Economía Internacional de la Universidad Autónoma de Chihuahua.

El especialista reconoció que el aumento es una medida positiva desde el punto de vista social, al permitir que los trabajadores enfrenten mejor el costo de vida. Sin embargo, subrayó que las decisiones económicas tienen efectos en cadena y no ocurren de manera aislada.

Explicó que mientras las grandes empresas suelen tener mayor capacidad para absorber el incremento en la nómina, las PyMES enfrentan un escenario mucho más complejo. Negocios como tiendas de barrio, talleres o comercios locales podrían verse presionados si sus costos laborales aumentan sin que exista un crecimiento proporcional en sus ventas.

De no existir apoyos, alertó, esta situación podría traducirse en un alza de precios para los consumidores o, en el peor de los casos, en recortes de personal, afectando tanto al empleo como a la estabilidad económica local.

Ante este panorama, González Granados hizo un llamado a no dejar solas a las pequeñas empresas y a impulsar medidas de acompañamiento por parte de las autoridades, como subsidios temporales a las cuotas de seguridad social o periodos de gracia en el Impuesto Sobre Nómina.

Este tipo de apoyos, explicó, permitirían amortiguar el impacto inicial del aumento salarial mientras las empresas ajustan su productividad y modelo financiero, generando un equilibrio entre el bienestar de los trabajadores y la viabilidad del sector productivo local.

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