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Opinión

El Comentario Obligado: Soledad. Por Caleb Ordóñez Talavera

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Aquellos que viven en la soledad…

Cada vez que llegan los juegos olímpicos nacen grandes leyendas y los sentimientos se viven a flor de piel, es mucho más de lo que se ve… mucho más allá de lo que nos imaginamos, la energía de una hazaña…. sueños e historias, compañerismo, coraje, determinación… entrenamientos de madrugada, gente que lo intenta cada día que se levanta con hambre de inspiración, con levantar su nombre y todos lo recuerden…

Caleb Ordóñez T.

Caleb Ordóñez T.

Por: Caleb Ordóñez Talavera

Y todos esos héroes sin súper poderes tienen una sola cosa en su mente que los hace mucho más grandes que otros: el esfuerzo, hambre de triunfo, amor a su país.

Sí, también los mexicanos, mujeres y hombres que fueron a competir con la bandera del país que no apoya a sus deportistas, que los abandona y critica sin piedad. Un país que se hunde en corrupción y se niega a cambiar.

Si, ellos portan con orgullo su patria y pelean hasta la última gota por un triunfo…… aunque todo sea derrota tras derrota, aunque el cielo se pinte de otro color que no sea el suyo.

Ahí están nuestros héroes que no llegaron en primera clase a competir ni con un contrato bajo el brazo para poder subsistir después de su participación

Y aunque compiten contra los mejores del mundo que si tienen apoyo y sí son parte de una estrategia de año, nuestro héroes se despiden con rabia, tristeza, con coraje, como si les debiéramos algo, como si nosotros mereciéramos todas las medallas posibles. Ellos tienen algo que nuestros políticos nunca han mostrado, nuestros deportistas tienen vergüenza.

Por eso es tan grande la presea de uno, que sufrió rechazo de todo tipo, que tuvo que ir a las calles, si, a la calle para pedir dinero y recabar “algo” para poder asistir al preolímpico, vencer y ser uno de los mejores del mundo. Esa imagen resume nuestra perdición, el hecho de que Misael “EL CHINO” Rodríguez sea hoy en día uno de los mejores deportistas del mundo no habla de otra cosa, sino de la soledad de ellos, que luchan en el anonimato, que vencen hasta que tienen que golpear con fuerza, la fuerza suficiente para que los volteemos a ver y sus nombren queden grabados.

Ellos, ustedes nuestros héroes mexicanos que llegaron tan alto venciendo la soledad, los miedos, la pobreza no solo la del bolsillo –que de por sí ya es suficiente- sino la pobreza mental, esa que te quiere aferrar a la humillación y la derrota.  Ustedes y las nuevas generaciones, deben de ser rescatados y adoptados por cada mexicano que los vimos competir y nos sentimos tristes junto a ustedes, frustrados también, por que sé que cada uno tiene su propia historia.

Y si el gobierno no pudo, hagámoslos todos, rescatemos por una buena vez el orgullo del mexicano a nivel mundial. A levantar la cara todos juntos y ver una emergencia que nos llama al mismo tiempo:

Es el tiempo de rescatar a nuestro país.

Opinión

México, el gran estadio del mundo. Por Caleb Ordóñez T.

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Hay instantes en la historia de un país en los que todo converge: la atención del planeta, la emoción colectiva y la oportunidad de mostrarse tal como es. México está a punto de entrar en uno de esos instantes. En 2026, el deporte no será un simple acontecimiento en la agenda; será un relato continuo que se vivirá en estadios repletos, en playas abiertas al mundo, en ciudades vibrantes, carreteras llenas y un país visto a través en cientos de millones de pantallas. Un año en el que la pasión se convertirá en espectáculo y el espectáculo en identidad.

El Mundial de Futbol es el epicentro. El torneo que paraliza al planeta y que transformará al país anfitrión en un punto de referencia cultural, económico y emocional. Durante semanas, México será una conversación global: aeropuertos llenos de idiomas, calles convertidas en ríos de aficionados, plazas públicas latiendo al ritmo del balón. No se trata solo de partidos; se trata de comprobar la capacidad de un país para recibir, organizar, emocionar y dejar huella eterna. México ha sido el color de todos los mundiales y ahora le toca explicarle al mundo porque amamos tanto esta fiesta global.

Pero la grandeza de 2026 no se sostiene en un solo evento. El calendario completo dibuja una narrativa más ambiciosa. El béisbol, por ejemplo, tendrá uno de sus momentos más simbólicos con la Serie del Caribe en Jalisco. Un torneo que es tradición, orgullo regional y fiesta popular. El diamante se convierte en punto de encuentro continental; el estadio, en una extensión de la calle. Viajan los equipos, viajan los aficionados y viaja una identidad que conecta a México con el Caribe y con millones de seguidores del béisbol en todo el continente.

La velocidad irrumpe con fuerza desde la pista. La Fórmula 1 ha hecho de México una de sus sedes más celebradas. No es solo la carrera: es el ritual previo, la música, la ciudad transformada en escenario global; el premio más querido del mundo. Es la confirmación de que el país puede ejecutar eventos de máxima exigencia con precisión, estilo y personalidad. La bandera a cuadros no marca el final; marca el inicio de una celebración que se extiende toda la noche por toda la capital.

En el tenis, Acapulco vuelve a demostrar que el prestigio se construye con experiencia. Los mejores jugadores del mundo no llegan solo a competir; regresan porque saben que ahí el deporte se vive con excelencia. Cada punto es observado, cada partido es un escaparate y cada edición refuerza la idea de que México sabe jugar en las grandes ligas del deporte internacional.

Ahí mismo en la costa, el pádel ha encontrado en México (donde lo vio nacer) una de sus casas más apasionadas. Gradas llenas, figuras globales y una afición que vive el deporte como convivencia y espectáculo. A su alrededor crece una industria moderna y aspiracional que conecta con nuevas generaciones y crece de manera impresionante.

Las costas amplían el escenario. El golf, con torneos de alto nivel tanto PGA como LIV golf, convierte a las playas mexicanas en destinos de élite. Campos espectaculares, paisajes únicos y un turismo especializado que llega, se queda y consume. A esto se suman el surf y la pesca deportiva, disciplinas que transforman la naturaleza en escenario competitivo y al país en destino deseado.

Y cuando el espectáculo parece completo, entran en escena las grandes ligas de Norteamérica. La Major League Baseball ha encontrado en México una plaza capaz de llenar estadios rápidamente y generar audiencias continentales.

Y para alegría de millones, regresa la NFL, con partidos que se convierten en verdaderos fenómenos culturales, confirma algo contundente: México no es solo mercado, es sede; no es espectador, es protagonista. Pocos países fuera de Estados Unidos pueden decir lo mismo.

Todo converge en una certeza: México se ha consolidado como uno de los grandes organizadores de eventos deportivos del mundo. No importa si se trata del torneo más grande del planeta o de una competencia especializada; el país responde con carácter, apostando por la infraestructura, talento y lo más importante la hospitalidad del mexicano.

Más allá de títulos y resultados, el impacto verdadero está en la derrama económica, en el empleo, en la proyección internacional y en la memoria que se construye. Cada evento es una invitación abierta a conocer el país, a recorrer sus estados y a regresar. En 2026, los grandes ganadores no estarán solo en el podio. El gran vencedor será México, con todos sus territorios, su gente y su capacidad infinita para convertir el deporte en una celebración que el mundo no olvida.

Es emocionante imaginar que lo viviremos, para recordarlo siempre.

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