Opinión
El Comentario Obligado: Intolerancia por Caleb Ordóñez Talavera
La intolerancia es un virus presente en nuestra sociedad que pareciera ser imposible de exterminar.
Por: Caleb Ordóñez Talavera
Pero no es algo que suceda solo en nuestro país, los grandes problemas del mundo en muchas ocasiones tienen que ver con la diferencia entre minorías y mayorías. Aquellos que «gozan» de ser parte del grupo más nutrido creerán que son parte también de los que tienen la razón, pues en una democracia gana el que tiene más y no el que tiene la verdad.
Lamentablemente en México ser parte de una minoría es un infierno en el que nadie quiere vivir.
El hecho de ser madre soltera, una pareja de esposos sin hijos, abuelos que tutelan a sus nietos, tienen exactamente la misma figura jurídica que aquellos hombres y mujeres que se unen a una pareja de su mismo sexo. Y son por ende son minorías.
El debate de la defensa de la familia es irónico. El problema no es estar a favor o en contra de una postura, sino exigir derechos a partir de las mayorías, cobijados por supuesto por las religiones.
Hace apenas algunos años esas mismas religiones defendían que los negros no debían convivir con los blancos en Estados Unidos y que los judíos debían ser relegados y hasta exterminados en Alemania.
La intolerancia, xenofobia y la homofobia son el resultado de una pequeña idea de precaución y un temor infundado hacia otros… Otros seres humanos que pueden hacer daño, contaminar y pervertir a los más indefensos. La misma propaganda de siempre, la intención es dividir y hacer menos a las minorías. Porque si las mayorías pierden sus principios, entonces también perderán sus privilegios.
Sin embargo, aunque haya marchas y gritos desesperados de los grupos conservadores en el mundo, las cosas han cambiado drásticamente… Hoy la información ha logrado romper divisiones erradas, el simple hecho de hablar de muros que nos dividan causa un gran disgusto… Porque rechazamos la intolerancia de Trump pero queremos alejar a quienes llamamos «anormales», enfermos y pecadores…. Porque mientras hacen misas en honor de Juan Gabriel, al terminar, ellos organizan marchas contra gays y lesbianas.
El problema en sí no radica en que uno u otro grupo se manifieste, sino en juzgar a otros individuos, en pensar que son menos, en creer que desde la mayoría podemos aplastar sus derechos.
ENMEDIO de tanto odio que existe en las calles y las redes sociales, de tantas peleas estériles por saber quién tiene la razón, hoy más que nunca México merece un mensaje de amor… Voltear a ver la más honda realidad, la pobreza humillante, en un país donde solo el 3% es parte de una organización que trabaja por hacer el bien por alguien más, donde el 60% no permitiría que algún gay viviera en su hogar y además somos el segundo lugar mundial en crímenes de odio.
Hoy necesitamos marchar, gritar fuerte y trabajar por igualdad, por equidad y derechos para los que más sufren por el simple hecho de ser una minoría. Eso, debería de ser lo natural.
Opinión
Andy: un apellido no basta. Por Caleb Ordóñez T.
Andrés Manuel López Beltrán heredó uno de los apellidos más poderosos de México. También heredó algo mucho más difícil de cargar: la costumbre nacional de nunca verlo a él, sino siempre a través de su padre.
Ser hijo de un expresidente ya es complicado. Serlo de Andrés Manuel López Obrador es otra categoría: crecer bajo la sombra de un hombre al que millones consideran el político más transformador de su generación y otros millones culpan de buena parte de los problemas del país. AMLO no admite tibieza. Y ahora Andy descubre que la polarización también se hereda, con intereses acumulados.

Caleb Ordoñez Talavera
Durante años estuvo cerca del poder institucional sin asumir formalmente sus costos. Participó en la construcción del movimiento de su padre, tuvo influencia real dentro del obradorismo, pero respetó, al menos públicamente, el acuerdo familiar de no buscar cargos de elección mientras López Obrador gobernara. El sexenio terminó. El acuerdo, también.
El aparato
En 2024, Andy asumió la Secretaría de Organización de Morena, el puesto que en cualquier partido mexicano equivale a controlar buena parte del músculo: padrón, estructura territorial y movilización. Bajo su gestión, Morena presumió haber superado los 12 millones de militantes, una cifra extraordinaria que también despertó cuestionamientos sobre el proceso de afiliación. El partido la presenta como prueba de que el movimiento puede seguir creciendo aun sin su fundador al frente.
Después, de pronto, prácticamente desde la nada, dejó el cargo para buscar una diputación federal por Tabasco en 2027. Quizá sea un movimiento inteligente (o un salvavidas político) pues cambia el control del aparato por legitimidad de urna, algo que ningún acuerdo familiar ni ninguna cercanía con Palacio Nacional pueden regalarle. Es también, para sus adversarios, la prueba de que el heredero necesita ahora un mandato propio porque el apellido, por sí solo, empieza a no bastarle, sino a molestarle.
El símbolo que no calculó
El viaje a Japón fue el primer costo político serio de esa transición. Las imágenes y los señalamientos sobre hospedajes costosos chocaron frontalmente con la palabra que su padre convirtió en columna vertebral del obradorismo: austeridad. López Beltrán respondió que pagó el viaje con recursos propios y habló de un linchamiento. Puede tener razón en lo legal. El problema nunca fue si tenía derecho a gastar su dinero; fue no anticipar que, siendo quien es, ese gasto se leería como traición simbólica antes que como libertad personal.
Ningún asesor de López Obrador habría permitido esa fotografía. Y esa distancia entre el instinto político del padre y el del hijo dice más sobre Andy que cualquier discurso.
La carta que no le correspondía escribir
La revocación de su visa estadounidense abrió un capítulo distinto y aquí conviene la precisión: una decisión migratoria no es una sentencia. Hasta ahora no existe una acusación penal pública en Estados Unidos contra López Beltrán, y tratarlo como culpable a partir de una visa revocada sería tan irresponsable como el linchamiento que él mismo denuncia.
Lo que sí es criticable es la respuesta. Escribirle directamente a Donald Trump para reclamar una persecución política no es un exceso de carácter: es una confusión de investidura. México tiene Presidenta, canciller y embajada para gestionar la relación bilateral. Andy no conduce esa política exterior ni representa al Estado mexicano. Al actuar como si lo hiciera, no demuestra fuerza: demuestra que todavía no distingue entre tener influencia dentro de un movimiento y tener autoridad de Estado. Es exactamente el tipo de error que un político con oficio, empezando por su padre, difícilmente habría cometido en público.
El heredero imposible
Ahí está la verdadera paradoja de Andy: el apellido le abre prácticamente cualquier puerta política y, al mismo tiempo, le impide construir algo que sea solamente suyo. Quienes aman a López Obrador buscarán al padre dentro del hijo y se decepcionarán cuando no lo encuentren. Quienes lo detestan le cobrarán al hijo cuentas que nunca fueron suyas. Ambas cosas son injustas. Ninguna es evitable.
Andy puede heredar el obradorismo, pero no puede heredar a AMLO.
López Obrador dejó una consigna que sus seguidores repiten como mandamiento: no mentir, no robar, no traicionar al pueblo. Si Andy quiere una herencia real (no una curul, no una secretaría, no una multitud prestada) probablemente esa frase sea lo único que valga la pena reclamar como suyo.
Porque Andrés Manuel López Obrador tardó casi cuatro décadas en convertirse en AMLO. Su hijo nació siendo “Andy”. Si quiere hacer historia propia, tendrá que conseguir algo mucho más difícil que heredar el poder: lograr que México deje de preguntarse de quién es hijo.
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