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Opinión

El Comentario Obligado: Rosario Robles por Caleb Ordóñez T.

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En serio, ya nada nos sorprende de nuestros políticos, sean del color que sean… sea la función que ejerzan, cuando escuchas que la secretaria Rosario Robles dice desde Parral Chihuahua que los periódicos solo sirven para matar moscas y limpiar vidrios y lo dice con tal seriedad que realmente le creo que así piense, porque muchos políticos lo creen de verdad.

 

 

Por: Caleb Ordóñez Talavera

Porque en México las investigaciones periodísticas de poco sirven, delatar la corrupción, los escándalos de políticos sin vergüenza, las mañas de los líderes sindicales, los abusos de poder, la falta de libertad de prensa, los asesinatos de periodistas, los pecados del clero, la frivolidad del gobernador arrogante, del funcionario público distante.

Todo lo que pase en los periódicos, para gente como Rosario Robles no importa porque no trasciende, sirve para matar moscas, para lanzar al aire lo que ahí contiene. La secretaria solo describe una realidad triste pero finalmente cotidiana, en este México donde ella es funcionaria nunca le pasará nada a los políticos corruptos, pueden vivir en su cinismo, por más que se escriban reportajes y tengan la verdad, para ellos quienes se defienden desde su pobreza mental, los periódicos son tan solo un instrumento del cual se pueden reír.

Es cierto señora Robles, lamentablemente la palabra puede ser destruida fácilmente, en el país que usted vive diariamente la impunidad está a su favor y de la gente sin escrúpulos que ostenta el poder, quizá por eso el mexicano promedio detesta a sus políticos, eso para ustedes es simplemente odio provocado por los medios.

Señora Robles usted describió en una frase toda una cultura doliente, no la culpo. Usted es parte del problema, del cáncer, de las complicidades que dan los negocios del poder. Usted se asume como enemiga de lo que escribimos los que buscan la verdad y amiga de los que esconden sus porquerías, la entiendo.

Ríanse todo lo que quieran, quizá el periódico hoy sirve para matar moscas quizá, pero un día terminará por acabar con ratas también. Ya va por ese camino, porque los medios los construimos todos.

Opinión

¿Por qué Roberto Lazzeri? La hora de negociar duro. Por Caleb Ordóñez Talavera

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Cuando un país decide quién lo representa en Washington, no solo elige un nombre: elige una estrategia. Y México acaba de elegir números sobre discursos.

Caleb Ordoñez

Roberto Lazzeri Montaño —economista del CIDE, operador financiero de carrera, arquitecto silencioso de deuda pública y crédito productivo— está a punto de convertirse en el embajador mexicano en Estados Unidos justo cuando la relación bilateral entra a su etapa más técnica, más tensa y más cara de la historia reciente.

No es coincidencia. Es cálculo.

Es un hombre que viene de los números. Lazzeri no llegó a la política por la puerta grande de los partidos ni por los reflectores del activismo. Llegó en 2005 por las hojas de cálculo del entonces Distrito Federal, manejando deuda pública cuando la mayoría de los funcionarios de su generación todavía aprendían el oficio. De ahí pasó a Banobras, luego a la Secretaría de Hacienda, y eventualmente a dirigir simultáneamente Nafin y Bancomext —los dos brazos del crédito productivo del Estado mexicano— en uno de los momentos más volátiles para el financiamiento externo del país.

Su cercanía con la 4T no es ideológica en el sentido clásico: es funcional. Trabajó directamente con Rogelio Ramírez de la O, el cerebro económico del obradorismo, y entendió —mejor que muchos— cómo sostener estabilidad macroeconómica dentro de un proyecto político que desconfía de los mercados pero los necesita. Eso lo hace valioso para Claudia Sheinbaum: no solo entiende el modelo, sino que sabe ejecutarlo sin romperlo.

¿Por qué ahora y por qué él?

Esteban Moctezuma no sale de Washington por fracaso. Sale porque el tablero cambió de juego. Desde 2021 fue el interlocutor ideal para una etapa de transición: perfil conciliador, relaciones sólidas, útil en el paso de Trump a Biden y en la consolidación inicial del TMEC. Cumplió y seguramente seguirá en la vida diplomática de primer nivel.

Pero lo que viene no se gestiona con diplomacia política. Se gestiona con ingeniería económica.

El comercio bilateral entre México y Estados Unidos supera los 900 mil millones de dólares anuales. Más del 80% de las exportaciones mexicanas dependen del mercado estadounidense. La revisión del TMEC se aproxima en 2026 con sectores enteros bajo presión —automotriz, acero, aluminio, energía— mientras Washington mantiene un discurso endurecido sobre fentanilo, migración y crimen organizado que complica cualquier conversación comercial.

A ese escenario se suman dos relojes políticos que corren en paralelo: el Mundial 2026, donde México coorganiza con Estados Unidos y Canadá una logística de seguridad e inversión sin precedentes, y las elecciones intermedias americanas, donde el proteccionismo y la retórica antiinmigrante históricamente se disparan. Lazzeri aterrizaría en Washington justo cuando los tres se cruzan.

La apuesta y el riesgo

Mandar a un financiero a la embajada más importante del país es un mensaje que Washington sabe leer: lo que viene es negociación dura, no protocolo. Pero esa misma fortaleza es su mayor vulnerabilidad.

Lazzeri llega sin red política propia en Estados Unidos, sin los vínculos personales que toman años construir con congresistas, reguladores y grupos empresariales. En una capital donde las relaciones informales mueven tanto como los tratados formales, eso importa. Y el tiempo para construirlas será escaso: la revisión del TMEC no esperará a que el nuevo embajador encuentre su ritmo.

Su verdadero reto no es técnico. Es traducir credibilidad financiera en poder diplomático real: negociar aranceles sin sacrificar industrias mexicanas, defender el tratado sin contradecir la narrativa nacionalista de la 4T y mantener la confianza de los inversionistas extranjeros en un entorno global que premia la certeza y castiga la ambigüedad.

En la relación más importante (y más costosa) que tiene México, no hay margen para la curva de aprendizaje. Lazzeri lo sabe. La pregunta es si Washington también está dispuesto a escuchar al técnico que llega a cambiar las reglas del juego o solo a administrarlas.????????????????

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