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¿Cómo puedo ir al Mundial del 2026?

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La FIFA sabe que su Mundial del 2026 es tan atractivo que ahora promueve la pelea por los boletos mucho antes de que salgan a la venta.

En una medida inédita -tal como lo es una Copa del Mundo de 48 Selecciones y en 3 países- el organismo lanzó el concepto de «Right to buy» (RTB), es decir, un derecho de compra de dos tickets.

Hasta antes de esta Copa del Mundo, los aficionados solían esperar a la apertura de la lotería (un sorteo) para adquirir sus entradas.Ahora, la FIFA implementó incluso el derecho de apartado para su servicio de experiencias premium, Hospitality: uno de los paquetes costó alrededor de 10 mil dólares (cerca de 200 mil pesos) a cambio de cuatro partidos del Tricolor; en una segunda ronda, y debido a los precios dinámicos, el mismo paquete se ofertó en 15 mil dólares.

El que México organice el Mundial disminuye drásticamente la posibilidad de obtener boletos en la tradicional lotería de la FIFA, ya que será mucha la demanda y poca la oferta de localidades; millones de aficionados en busca de tickets en estadios para menos de 90 mil personas.

Es por ello que FIFA Collect cobró fuerza como alternativa y por ello CANCHA charló con el primer embajador mexicano de dicha plataforma, Rolando Cantú. «La demanda por boletos va a ser una locura. Esas etapas tradicionales de sorteos y filas virtuales para partidos de México va a ser como ganarse la lotería, casi de uno en un millón», expresó.

ASÍ ES FIFA COLLECT

FIFA Collect comercializa los llamados Non Fungible Tokens (NFT), archivos digitales encriptados que no son otra cosa que artículos oficiales de la biblioteca FIFA, lo mismo una fotografía de Lionel Messi en la celebración de un gol o un video de Cristiano Ronaldo al tirar un penal.

Hasta ahora, era una plataforma para coleccionistas, pero el giro cambió cuando la FIFA implementó Retos cuya recompensa son los derechos de compra (RTB) de boletos del Mundial. Lo primero será registrarse en FIFA Collect. Puedes hacerlo aquí: https://collect.fifa.com/es-ES/signup?referrer=WC2026 Al navegar por la web deben buscarse los Retos que ofrezcan un «Right to buy». Un usuario puede ganar, por ejemplo, 10 derechos de compra (para 20 boletos), pero deberá atenerse a las reglas que establezca FIFA en los próximos meses, ya que generalmente solo permite tener un máximo de 4 tickets por partido y entonces habría que revender los otros RTB.

¿QUÉ SON LOS RETOS Y CÓMO COMPLETARLOS?

La mecánica es similar a la de los famosos álbumes de estampas.

Lo que difiere son el tipo de objetos (o coleccionables) a colocar en los recuadros de cada Reto. Se pueden obtener los coleccionables de dos formas: mediante la compra de sobres virtuales (usualmente de 14.99 dólares) que contienen 3 NFT (imágenes o videos) o bien en una reventa autorizada por la FIFA en la misma plataforma, el llamado Marketplace. Hay cuatro categorías de NFT: común, rara, épica e icónica. La icónica es la más complicada de obtener. Rolando Cantú detalló que para algunos Retos en promedio se requieren comprar 33 sobres (una inversión de casi 500 dólares). La FIFA ya publicó varios desafíos, pero en este momento está vigente uno llamado «Penalties memorables», que destaca los mejores lanzamientos de leyendas como Fabio Grosso, Kylian Mbappé, Zinedine Zidane y Johan Neeskens. Hay que leer con detenimiento los requerimientos para cada desafío. Por ejemplo, en «Penalties memorables» hay que juntar 17 coleccionables.

¿CÓMO COMPRO LOS COLECCIONABLES?

Los coleccionables se pueden adquirir mediante tarjeta bancaria o la criptomoneda llamada USDC, que se vende en la misma plataforma de la FIFA.

El drop «Penalties memorables» exige 17 coleccionables y pone en juego 175 derechos de compra de entradas para el Mundial del 2026 y 75 del Mundial de Clubes. Quince de esos coleccionables se pueden obtener en los sobres virtuales (12 mil a la venta). En ellos, la probabilidad de obtener una NFT común es del 87.19 por ciento; raro, 8.92; épico, 3.25, e icónico, 0.64. La tarjeta icónica, por ejemplo, es el penal de Gonzalo Montiel con el que Argentina ganó el Mundial de Qatar 2022. FIFA Collect pide además dos coleccionables (de Panenka y Al-Jaber) que solo se pueden obtener en el Marketplace. Completadas las 17 casillas y siempre y cuando aún haya derechos de compra (lo que se consulta en la misma web), se recibe un sobre especial con el «Right to buy»; solo se puede ganar un RTB por usuario en cada reto.

EL MERCADO SECUNDARIO

En la misma plataforma la FIFA tiene el Marketplace, que es un mercado secundario que promueve las transacciones entre los usuarios mediante criptomonedas, es decir, una moneda digital.

Así se pueden comprar los coleccionables faltantes para completar los desafíos, sin apelar a la suerte al adquirir sobres virtuales. El usuario es libre de fijar el precio que quiera, por lo que así como el NFT icónico podría costar el equivalente a 200 dólares, también podría estar en 4 mil; la FIFA retiene el 5 por ciento de las ganancias. Solo se puede comerciar con la criptomoneda USDC. En un video en YouTube, de La Mochila Austera, se aprecia la compra de 31.6 USDC a cambio de 650 pesos, aunque la cotización cambia constantemente.

¿CUÁNTO HAY QUE INVERTIR PARA UN RTB?

Rolando Cantú, primer embajador mexicano en FIFA Collect, detalló qué inversión se requiere en promedio para ganar un RTB.

«En los retos de hace tiempo se invertían entre 300 y 500 dólares y podías obtener un derecho de compra. Una clave es siempre entrar a las dinámicas cuando son lanzadas y estar atentos a los tiempos y disponibilidad de las recompensas, ya que pueden agotarse», comentó.

Una persona que gane el Salario Mínimo… ni pensar en el Mundial.

«El tema social es complejo. Sabemos que FIFA también es un negocio y efectivamente el precio de los boletos podría ser elevado para parte de la población. Esto de FIFA Collect es una innovación de FIFA y los RTB implican una inversión extra, que para el aficionado es opcional, con el RTB consigue la tranquilidad de asegurar boletos garantizados sin tener que competir en las filas y sorteos normales», expresó Cantú.

REVENTA

El usuario puede revender sus coleccionables en el Marketplace, aunque para ello deben transcurrir al menos 72 horas a partir de su adquisición.

De esa manera, los fans pueden recuperar lo invertido o incluso tener ganancias. Una vez que se completan los desafíos, es posible vender toda la colección, por eso Rolando Cantú sugiere completarla rápido, para que los coleccionables aún tengan mucho valor.También es posible revender los premios o RTB. El derecho de compra no necesariamente significa prioridad al comprar, sino garantizar el lugar.

LOS QUE YA ASEGURARON EL PARTIDO INAUGURAL

Hace poco la FIFA ofertó la Glory Pack, es decir, un sobre que al interior incluía el derecho de compra del juego inaugural: el 11 de junio en el Estadio Azteca entre México y un rival por definir.

Los usuarios pagaron 999 dólares a cambio del coleccionable (el gol de Marcelino Bernal ante Italia), que les garantiza el apartado de dos boletos. Solo se ofertaron 115 pases dobles y se agotaron en 24 minutos, según contó Rolando Cantú, embajador de FIFA Collect. Hubo una más, de otros 999 dólares, a cambio de uno de los 40 coleccionables de Hugo Sánchez, mismos que se vendieron en 30 segundos. En MarketPlace ya se revende dicho premio, a más del doble del precio original. Hasta ahora solo existen 270 RTB para la inauguración del Mundial.

LA LOTERÍA DE LA FIFA

Los usuarios conocerán el precio de los boletos de la Copa del Mundo 2026 al terminar el Mundial de Clubes, es decir, después del 13 de julio.

La FIFA precisará el arranque de su lotería o sorteo, al que cualquiera puede registrarse.Usualmente, hay tres fases: en la primera se aplica para ir a partidos en determinada sede; en la segunda ya se conocen los juegos y la tercera es una venta libre, pero si acaso quedan boletos suele ser para duelos poco atractivos.

GLOSARIO

NFT: Non Fungible Token (Archivos digitales encriptados)

RTB: Right to buy (derecho de compra)

Drop: Colección

Criptomoneda: Moneda digital

Marketplace: mercado secundario

Glory Pack: Sobre en venta directa que contiene RTB

Opinión

Inzunza: la decadencia del favorito. Por Caleb Ordóñez T.

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Hay políticos que caen peleando. Hay políticos que caen defendiendo una causa. Y hay políticos cuya caída comienza mucho antes de que ellos mismos se den cuenta; cuando todavía sonríen en las fotografías oficiales y firman acuerdos con la soltura de quien cree que el futuro le pertenece.

La historia reciente de Enrique Inzunza Cázares parece pertenecer a esta última categoría.

Porque más allá de las acusaciones que enfrenta, más allá de los expedientes estadounidenses y más allá del ruido mediático que rodea a Sinaloa, hay algo que llama poderosamente la atención: Inzunza no se comporta como alguien que busca convencer al país de su inocencia. Se comporta como alguien atrapado en una partida de ajedrez donde cada movimiento tiene un único objetivo: sobrevivir un turno más. Viviendo en un eterno jaque.

Durante años fue presentado como uno de los hombres más inteligentes del círculo cercano de Rubén Rocha Moya. Jurista, magistrado, presidente del Supremo Tribunal de Justicia, secretario general de Gobierno y después senador de la República. Su ascenso fue tan rápido que muchos (casi todos) dentro de Morena en Sinaloa, lo veían como una especie de gobernador en espera.

No era un político de masas. No era un gran orador. No era un líder carismático.

Su poder provenía de otra parte: de la operación silenciosa, del control institucional, de la cercanía con el grupo gobernante y de una influencia que crecía discretamente, lejos de los reflectores, precisamente donde ese tipo de poder se cultiva mejor.

Por eso resulta tan revelador observar lo que ocurre hoy.Cuando un político es acusado injustamente, normalmente intenta salir a dar la cara. Busca entrevistas. Explica. Debate. Confronta. Construye una narrativa que lo sostenga mientras el temporal amaina.

Inzunza ha hecho exactamente lo contrario.

Los números lo dicen con una frialdad que ningún argumento político puede disfrazar.

Desde el 29 de abril de 2026, cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos hizo pública la acusación formal en su contra, Inzunza acumuló 21 días de ausencia en sesiones del Congreso. No pidió licencia. No renunció. Simplemente dejó de aparecer. Su única reaparición fue una fotografía en redes sociales junto a su madre, con ubicación en Batequitas, Badiraguato. Un político que dice no tener nada que esconder, escondido. Y cuando finalmente habló, lo hizo desde X, con una frase que revela más de lo que oculta:

«Soy abogado de mí mismo y me basta mi probidad.» Es la declaración de alguien que no quiere testigos en su defensa.

Y en política las formas importan tanto como los hechos, porque la percepción pública rara vez se construye únicamente con documentos judiciales. También se construye observando cómo reaccionan los protagonistas cuando el suelo comienza a moverse bajo sus pies.

Lo que proyecta Inzunza no es fortaleza. No transmite confianza. No parece un político concentrado en demostrar que las acusaciones son falsas.

Parece un político concentrado en administrar daños.

Esa imagen explica en buena medida por qué hoy se encuentra tan aislado. No porque Morena haya decidido abandonarlo de la noche a la mañana. No porque el Senado haya ejecutado una conspiración interna. Sino porque el propio Inzunza dejó de ser una apuesta rentable.

La política es brutalmente pragmática. Los partidos respaldan a quienes generan votos, estabilidad o futuro. Cuando un liderazgo comienza a representar riesgo, incertidumbre o desgaste, las distancias aparecen solas, sin reuniones, sin comunicados, sin rupturas formales. Simplemente aparecen.

Hace apenas unos meses su nombre figuraba entre los aspirantes más serios para suceder a Rocha en la gubernatura de Sinaloa. Hoy prácticamente nadie dentro del oficialismo habla de esa posibilidad. No porque exista una sentencia. No porque haya sido declarado culpable. Sino porque la candidatura dejó de ser viable.

Y en política la inviabilidad suele ser una condena mucho más rápida que cualquier resolución judicial.

Lo verdaderamente inquietante es que el caso de Inzunza trasciende a una sola persona.

Se convierte en un espejo incómodo para todo el sistema político mexicano.

Lo que hace singular el caso de Inzunza no es la acusación en sí. Es la arquitectura que describe. Según el expediente estadounidense, Inzunza habría acompañado al gobernador

Rocha Moya a una reunión con Los Chapitos tras las elecciones de junio de 2021, cuando todavía era secretario general del gobierno estatal y en ese encuentro habrían acordado que el cártel tendría control sobre la Policía Estatal de Sinaloa. Si eso es cierto, no estamos hablando de un funcionario que recibió un sobre. Estamos hablando de una negociación institucional: el Estado cediendo su monopolio de la fuerza a cambio de estabilidad política.

Eso es algo cualitativamente distinto, y más perturbador, que la corrupción individual de siempre. No es un hombre que se corrompió. Es una institución que se ofreció.

Por eso el caso Inzunza genera tanta atención. No solo por sus detalles particulares, sino porque representa el choque entre dos narrativas que México lleva años intentando reconciliar sin éxito: la del político exitoso que parecía destinado a gobernar uno de los

estados más importantes del país, y la del funcionario que termina convertido en símbolo de una crisis de confianza cada vez más profunda.

Su tragedia política no consiste únicamente en las acusaciones.

Consiste en haber perdido aquello que realmente construye el poder: la credibilidad.

Cuando la gente deja de creer en tu futuro, el poder comienza a evaporarse. Cuando tus aliados dejan de apostar por ti, el aislamiento se vuelve inevitable. Cuando tu nombre genera más preguntas que certezas, las puertas empiezan a cerrarse, no con portazos, sino con la silenciosa delicadeza con que se cierra una puerta frente a alguien a quien ya no se espera.

Por eso Enrique Inzunza muy probablemente ya no será gobernador de Sinaloa. No porque un

juez lo haya decretado. No porque un partido lo haya expulsado. Sino porque la política mexicana ya comenzó a actuar como si ese futuro hubiera desaparecido.

Y pocas cosas son más devastadoras para un político que seguir ocupando un cargo mientras todos a su alrededor se comportan como si su historia ya hubiera terminado.

Esa es la verdadera decadencia.

No perder el poder. Sino ver cómo el poder te abandona: despacio, en silencio, sin siquiera molestarse en despedirse.

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