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Chihuahua

El narco impone su ley en la Sierra Tarahumara

Pepe es chofer de tráiler y se las sabe de todas todas en las carreteras y caminos de Chihuahua. Como quien dice, ya está curado de espanto. Por lo mismo, hay que atender su recomendación de no transitar por la noche en la sierra Tarahumara: “Es muy probable que de la oscuridad surja una troca para impedirte el paso en el momento más inesperado, que sus ocupantes desciendan armados, apuntándote a la cabeza, mentándote la madre, gritando, preguntando de dónde vienes y adónde vas. En el mejor de los casos no pasará del susto y algunos golpes. En el peor, podrías formar parte de la estadística de muertes pornarcoviolencia del sexenio”.

Es un día de la penúltima semana de enero. Pepe ha dejado el tráiler que habitualmente trabaja para alquilar su troca y sus servicios de chofer a los enviados de La Jornada. El punto de encuentro es la pequeña central camionera de Cuauhtémoc, ciudad a medio camino entre Creel y Chihuahua capital. El destino es la comunidad rarámuri de Tehuerichi. El recorrido es largo, como tiene que serlo en el estado más extenso del país.

De algo menos de 60 años, Pepe es un inagotable surtidor de anécdotas, chistes y poemas sicalípticos en los que hasta Amado Nervo aparece. Una tertulia ambulante. En las 16 horas que dura el recorrido en su amena compañía, apenas se abren algunos momentos de silencio. Inevitablemente aparece el tema del narcotráfico y sus historias de violencia y muerte. Una cosa es leerlas en el periódico o escucharlas en la radio (ya sabemos que la televisión prefiere no ocuparse de ellas) y otra oírlas de quien las ha vivido, de quien ha visto de frente a sus protagonistas de uno y otro lados.

Jale y hurtos

Narra que uno de sus hijos, cuando era niño, jugaba con el hijo de unos vecinos metidos en el negocio. Vio crecer a ese pequeño, supo que desde adolescente buscó jale, que se volvió sicario y que un día lo mataron. Fin de la historia. Pepe también cuenta de las noches que lo han parado en la carretera que va de Chihuahua a Ciudad Obregón y Culiacán:En las curvas atraviesan troncos, se acercan a la ventanilla del chofer apuntando con un arma larga, piden dinero y más vale traer algo a la mano. Ha tenido suerte, porque lo han dejado continuar. A otros les roban la mercancía con todo y tráiler.

A pesar de la sequía y la depredación de que ha sido objeto la Tarahumara, el paisaje subyuga o, si cabe el término, atrapa. Algo se lleva el visitante en la piel, en el recuerdo y, a la vez, algo de uno se queda allí.

Como en la canción de Los Beatles, el camino es largo y sinuoso; un interminable subir y bajar por laderas y cañadas. No obstante, llama la atención el buen estado en que se encuentra: transitable, amplio, bien trazado. Hasta cierto punto sorprende que, en medio de tanto abandono y marginación, las autoridades inviertan dinero y trabajo para facilitar el acceso hasta las comunidades más aisladas. Conversaciones posteriores con conocedores de la región desengañan al cronista: el gobierno no es el constructor de esos caminos. Algunos son construidos por las empresas mineras que tienen concesiones en la sierra para sacar su producción; otros los abre elnarco para transportar los enervantes que se producen en la zona, principalmente mariguana. Legal una e ilegal la otra, depredadoras las dos, se da el caso de que un mismo camino beneficie a ambas industrias.

Durante todo el trayecto, Pepe se ha mantenido locuaz y desenfadado hasta que empieza a atardecer. Es cuando recomienda que la noche no nos sorprenda en lo alto de la sierra. Apresuramos el regreso. A pesar de su pericia para manejar en terracería, la oscuridad abraza las montañas antes de que podamos dejarlas atrás. De pronto advierte con serena preocupación un par de luces rojas a lo lejos, en una pendiente. Parecen de un vehículo detenido sobre el camino. Una camioneta pick up. No es buena idea detenernos ni regresar. Tenemos que continuar, a ver qué Dios dice. Pocos metros antes de llegar a donde está el vehículo, Pepe se percata con alivio de que es una troca que transporta leña. Va tan cargada que apenas avanza. Pepe está seguro de que sus ocupantes se espantaron con nuestra presencia tanto como nosotros con la de ellos. Y ríe.

La experiencia es apenas un atisbo de la tensión cotidiana que se vive en la sierra Tarahumara, donde el crimen organizado trajina a su antojo. Todo mundo tiene una historia que narrar relacionada con el tema.

En la sierra, nueve de los 37 municipios de Chihuahua más afectados por la sequíaFoto Jesús Villaseca

De paso por el municipio de Carichic, al regreso de Tehuerichi, el párroco Ignacio Becerra accede a una entrevista con La Jornada. Es cerca de la medianoche. Resulta comprensible la desconfianza de su asistente ante dos desconocidos que llegan a tocar la puerta de la casa parroquial a esas horas de la noche.

Con 16 años viviendo en la Tarahumara, Becerra admite la presencia del narco, pero asegura que aún no llega a los niveles de violencia que ha alcanzado en la región de Creel. Aun así toma sus previsiones: Hace dos o tres años, andando en la sierra, me quedaba dormido donde me agarraba el sueño, me orillaba, apagaba mi camioneta y a roncar, pero ahora no lo hago ni de día.

Por el municipio sí se pasean las camionetas a las dos o tres de la mañana y la gente dice que por aquí cerca hay una pista clandestina de aterrizaje. No me consta. Curiosamente, durante una buena temporada la luz se iba todos los días, a las dos o tres de la mañana. También me he enterado de que algunas personas han sido golpeadas porque las confundieron con otros. Sé que en algunas comunidades se han metido a las casas y han maltratado a la gente, y un conocido acaba de perder una pierna porque se encontró a unos individuos de noche y lo balearon.

A decir del vicario general de la diócesis de Creel, Héctor Fernando Martínez, el narcotráfico está causando estragos sociales sin precedente en las comunidades rarámuris. Si no llueve, si no hay maíz, si los trabajos temporales remunerados están desapareciendo, el dinero aparentemente fácil que promete el narcotráfico se convierte en tentación irresistible para los jóvenes.

Reclutan adolescentes

El gobernador tradicional (cuyo nombre se omite por seguridad) de una comunidad rarámuri aledaña a San Ignacio, en el municipio de Bocoyna, da testimonio de una situación que se está volviendo común: su sobrino adolescente fue reclutado por uno de los grupos delictivos asentados en la zona; empezó a ganar dinero y a consumir droga. Un día llegó a la casa de su tío, destruyó sus pocas pertenencias y lo echó de la casa, ahora ocupada por los delincuentes. Con ese procedimiento se apoderan también de las tierras. La familia tiene de dos: acepta trabajar para ellos o abandona su propiedad.

Nada más por joder

Históricamente, las fiestas tradicionales otesgüinadas (llamadas así porque en ellas se toma tesgüino, bebida alcohólica extraída del maíz) han cumplido la función social de cohesionar a las comunidades. Son punto de encuentro y socialización. La gente viste su ropa tradicional y ejecuta danzas según la ocasión. Pero está sucediendo con mayor frecuencia que jóvenes rarámuris asisten a las tesgüinadas con sus amigos del narco, aunque no quieren bailar las danzas tradicionales ni vestir como sus padres o sus abuelos: Van nada más por joder, para decir aquí estamos.

Una vez el religioso Héctor Fernando Martínez acudió a la iglesia de una comunidad rarámuri a bautizar. En el templo había niños jugando con una bola de madera, de las que utilizan en sus carreras a campo traviesa. Como hacían mucho ruido y molestaban a los feligreses, el sacerdote les pidió que jugaran afuera. Al rato oí como si se hubiera ponchado una llanta. De pronto entró alguien con uno de los niños en brazos y lo puso en el altar. Traía un balazo en la cabeza.

Lo que pasó es que “a los niños se les fue la pelota y ésta le pegó a uno de losnarquitos que habían ido a una tesgüinada y habían estado bebiendo toda la noche. Los que estaban con él se burlaron, y cuando el niño se acercó y se agachó para recoger la pelota sacó la pistola y le disparó”.

Martínez acompañó a los padres del niño a presentar una denuncia, que se convirtió en una odisea legaloide. Al final no se hizo justicia y sí puso en riesgo al resto de la familia. El sacerdote no quería darse por vencido, pero los padres desistieron. Me dijeron: ya, padrecito, déjelo, ya Dios no nos lo va a regresar. ¿Para qué nos haces ir a declarar?

El Ministerio Público en turno también exhortó al sacerdote a olvidarse del asunto, con un argumento que resume otro de los grandes problemas que enfrentan los indígenas en la Tarahumara, el acendrado racismo: Ya déjelo así, al cabo era un niño y además indio.

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Chihuahua

Fuerte operativo para encontrar a El Chueco; podría esconderse en cuevas de la sierra

Elementos de la Secretaría de Seguridad Pública de Chihuahua detuvieron a César Iván “N”, identificado como primo de José Noriel Portillo Gil, alias El Chueco, quien está acusado de ser el asesino de los dos sacerdotes jesuitas y un guía de turistas, hecho ocurrido el pasado lunes en la comunidad de Cerocahui, ubicada en el municipio de Urique,Chihuahua.

La policía del estado detalló que en un operativo realizado en coordinación con la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y de la Guardia Nacional (GN), capturaron a dos sujetos que viajaban en un vehículo en posesión de dos armas largas, un arma corta y drogas, algunas con las características de la cocaína y de la marihuana.

Los detenidos fueron identificados como César Iván “N” y Humberto “N”, y fueron arrestados cuando atravesaban un camino de terracería e intentaron escapar al momento de notar la presencia de los uniformados.

Mientras que soldados y policías buscan a “El Chueco” por carreteras, brechas y pueblos, éste se oculta en zonas intrincadas de la sierra y duerme en cuevas, según versiones de habitantes de la región.

Este mismo jueves, la Compañía de Jesús confirmó que dos de los cuerpos hallados por personal de la Fiscalía General del Estado de Chihuahua la tarde del miércoles, corresponden a los de los sacerdotes jesuitas asesinados el pasado lunes 20 de junio en Cerocahui.

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Chihuahua

“El chueco” conocía a los tres sacerdotes de Cerocahui; Pidió perdón a uno, luego de los asesinatos

“El Chueco”, presunto homicida de dos sacerdotes jesuitas  en Chihuahua, platicó por una hora con otro sacerdote al que le perdonó la vida.

El líder criminal José Noel Portillo, alias “El Chueco», estuvo cerca de una hora conversando con el sacerdote Jesús Reyes, luego de haber asesinado a los jesuitas, Javier Campos Morales y Joaquín César Mora Salazar, así como a un guía de turistas en una iglesia de Cerocahui, en la sierra Tarahumara de Chihuahua.

¿Por qué “El Chueco” no mató al tercer sacerdote?

Según el testimonio, «El Chueco»incluso pidió perdón al sacerdote Reyes por los asesinatos de los jesuitas.

Pero después se llevó los cuerpos de los religiosos y del guía de turista, identificado como Pedro Eliodoro P. G.

El interrogante de quién queda con vida es por qué a mí no me mató. Él estaba en medio de los dos sacerdotes cuando el delincuente con el arma en la mano mata a uno, cae; después se dirige al superiorjesuita, también lo mata; pero el asesinato del tercero no siguió», relató el padre Ávila.

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Chihuahua

Video: Hace 4 años Javier Corral había prometido capturar a “El chueco”

En 2016, Javier Corral triunfó como el entonces gobernador de Chihuahua comprometiéndose desde aquel octubre (cuando comenzó sus funciones) a enfrentar la inseguridad del estado – misma por la cual se vio rebasado tras brincar de 1,232 homicidios dolosos registrados en su primer año, a cerrar el 2020 con 2,295 casos.

Fue en medio de esa ola de violencia, que, en 2017, a El Chueco ya se le atribuía el ataque a la comandancia de la Comisión Estatal de Seguridad de Urique – mismo municipio donde serían asesinados los dos clérigos cinco años después.

Según se dio a conocer, en la noche del 6 de septiembre del 2017, un convoy abrió fuego contra el inmueble. Posteriormente, los agresores ingresaron para sacar y golpear a los agentes ministeriales. Al menos dos oficiales resultaron heridos.

Sin embargo, José Noriel Portillo no figuró como objetivo principal del gobierno de Corral hasta el 2018, tras el homicidio del turista estadunidense, Patrick Braxton-Andrews.

El maestro estadounidense Patrick Braxton-Andrews fue asesinado por José Noriel Portilo Gil, alias "El Chueco" (Foto: Facebook) El maestro estadounidense Patrick Braxton-Andrews fue asesinado por José Noriel Portilo Gil, alias «El Chueco» (Foto: Facebook)

El profesor universitario fue asesinado y desaparecido el 28 de octubre en un lugar conocido como La Playita, pero su cuerpo fue localizado casi un mes después, el 18 de noviembre, en un camino que conecta a los municipios de Urique y Batopilas.

De acuerdo con Corral, el cadáver del joven de 37 años fue enterrado por sus homicidas, quienes lo exhumaron para posteriormente abandonarlo cerca de la localidad de Guapalayna; esto, en razón del operativo de seguridad desplegado tras el reporte de desaparición.

“Se buscará el apoyo de todas las instituciones para capturar a este delincuente y que pague caro lo que ha hecho”, sentenció.

Con dicha advertencia, el gobernante prometió concentrar todas (o una gran parte) de las fuerzas estatales para capturar a El Chueco, en coordinación con la Policía Federal. Pero el incremento de las cuadrillas policíaca fue proporcional a los reportes ciudadanos sobre la presencia del líder criminal.

La promesa de Corral

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Chihuahua

Un pelea en un partido de béisbol detonó la violencia, luego sacerdotes jesuitas fueron asesinados por “el Chueco”

Los dos sacerdotes jesuitas fueron asesinados en Cerocahui por “el Chueco”, luego de un pleito que se generó tras un partido de beisbol, informó la Fiscalía del estado de Chihuahua.

En un mensaje ante medios de comunicación, el fiscal de Chihuahua, Roberto Fierro, señaló que una disputa tras un partido de beisbol, fue la que derivó la violencia, donde después ocurrió el asesinato de los sacerdotes jesuitas.

Al respecto, el fiscal de Chihuahua indicó que luego de que el equipo de beisbol que patrocinaba José Noriel Portillo Gil, alias “el Chueco” perdió un partido, fue se originó una disputa.

Asimismo, el fiscal de Chihuahua detalló que tras el partido de beisbol, “el Chueco” agredió a un hombre llamado Paul “N”, quien tras resultar herido, llegó a pedir el auxilio de los sacerdotes jesuitas, que fueron asesinados.

De acuerdo con el fiscal de Chihuahua, el partido de beisbol se celebró días antes de que ocurriera el asesinato de los sacerdotes jesuitas en Cerocahui.

Sin embargo, “el Chueco”, presunto responsable del crimen, buscó a los hermanos Paul “N” y Armando “N”, debido a que ambos participaron en dicho partido, pues jugaron en el equipo que derrotó al suyo.

En el acto de “venganza” por perder el partido de beisbol, “el Chueco” lesionó por arma de fuego a Paul “N” y lo secuestró junto a Armando “N”, tras lo cual incendió la casa en la que vivían ambos.

Pese a estar policontundido debido a las agresiones que recibió por parte de “el Chueco”, Paul “N” se escapó de su cautiverio y llegó al templo de Cerocahui, donde fue apoyado por los sacerdotes jesuitas.

Informe oficial

Pues mediante los trabajos de investigación y diligencias efectuadas a cargo del equipo multidisciplinario de la FGE establecieron y obtuvieron datos relevantes en torno a lo sucedido el pasado lunes en la comunidad de Cerocahui, municipio de Urique.

Donde de acuerdo con los trabajos ministeriales establecieron que el lunes fue atendido un reporte donde informaron que José Noel alias «El Chueco» arribó al pueblo con la finalidad de localizar a Paul B.

Ya que días atrás informaron que se llevó a cabo un juego de béisbol, en donde contendía el equipo que es patrocinado por este hombre, el cual perdió, lo que generó una disputa con el otro equipo donde contendrían Paul y Armando B, hombres a los cuales privó de la libertad.

Por lo que según versiones de diversos testigos, el chueco detonó un arma en contra de Paul y privó de la libertad a Armando, esto para después prender fuego a la vivienda donde fue a buscarlos.

Además precisaron que una mujer y un menor, también habitantes de Cerocahui, los cuales están vinculados con la víctimas fueron reportados como privados de la libertad, pero tras las diligencias establecieron que estos lograron retirarse del lugar sanos y salvos.

Además los familiares confirmaron que tanto la mujer como el menor están en óptimo estado de salud, a los cuales les ofrecieron apoyo integral a través de la Comisión de Atención a Víctimas.

Informó el fiscal que aún están en la búsqueda de estas personas que fueron privadas de la libertad.

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